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Pedro Baños: «El grupo de expertos de la UE para identificar las ‘fake news’ solo sirve para viajar y tener reuniones»

Para el coronel Baños la desinformación es tan antigua como el ser humano, pero jamás ha tenido esta potencia merced a las redes sociales y a la tecnología. Carlos Berbell/Confilegal.
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Su persona casi se ha convertido en un oráculo. Pedro Baños, coronel en la reserva, exjefe de Contrainteligencia y Seguridad del Cuerpo de Ejército Europeo en Estrasburgo, Francia, es un referente para interpretar el mundo en el que habitamos.

Su libro, «Así se domina el mundo. Desvelando las claves del poder mundial», publicado el pasado mes de diciembre, es ya un «best seller» que va a convertirse en un libro clásico porque desvela las claves de lo que el militar e historiador prusiano del siglo XVIII, Carl Philipp Gottlieb von Clausewitz, definió «la política como la continuación de la paz por otros medios».

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Precisamente en ese marco, la información y la desinformación juegan un papel fundamental.

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Siempre ha sido así. Desde los tiempos de Sunt Tzu, entre los siglos VI y V antes de nuestra era. Su libro, «El arte de la guerra» recomienda numerosas estratagemas sobre cómo y cuando simular y disimular, que fueron de gran inspiración al líder chino Mao Zedong.

La entrevista con Baños tiene lugar al filo de las 14 horas del domingo 27 de mayo, cuando acaba de terminar de firmar libros en la caseta 167 de la librería La Carreta, en pleno corazón del Parque del Retiro.

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El coronel se despide del exjefe de la Junta de Estado Mayor, el general en la reserva, Julio Rodríguez, quien compartió caseta firmando ejemplares de su libro «Mi patria es la gente. Testimonio del general de Podemos».

«Mi general. Nos vemos. Hasta pronto», le dice estrechándole la mano y haciendo un conato de cuadrarse.

«Es que él y yo somos militares. Aunque estemos en la reserva. Para mí sigue siendo ‘mi general'», explica después Baños, mientras caminamos haciendo la entrevista a lo Aaron Sorkin, en recuerdo a aquellos planos de los protagonista caminando por los pasillos en la multipremiada serie «El Ala Oeste de la Casa Blanca».

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Las «fake news» o noticias falsas forman parte de esa desinformación. ¿Son controlables, como afirman muchos, incluso la Unión Europea?

No, en absoluto. Y me hace mucha gracia el grupo de expertos de la Unión Europea creado para identificar las ‘fake news’. Sólo sirve para viajar, tener reuniones y darse vueltas. Absolutamente ineficaz.

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Hay que pensar que la política es el reino de la mentira. Nuestros políticos, y lo estamos viendo, están mintiendo constantemente. Sólo tienes que ver cómo te da uno la noticia y cómo te lo da el otro.

Uno me está mintiendo, o los dos a la vez. Y exactamente la Unión Europea. Las noticias que lanza muchas de ellas están también tremendamente condicionadas.

Luego está Facebook. ¿Sabe usted que ha dicho que va a crear  un centro en Barcelona que va a dar trabajo a 500 personas? Yo me pregunto, ¿la realidad va a ser la que decida Facebook? ¿Ellos van a decidir lo que es verdad y lo que es mentira?

Las noticias nunca son “fake” absoluta. Nunca son mentira total. La astucia está en saber mezclar parte de la verdad y parte de la mentira para disimular la realidad.

La gente se fija sólo en los titulares. Como mucho leen los dos subtítulos posteriores. Pero no leen la noticia. Eso condiciona su opinión.

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Con las redes sociales y la tecnología estamos mucho más manipulados y controlados, según Baños. Carlos Berbell/Confilegal.

¿Lo que estamos viviendo en estos momentos es la desinformación de siempre, pero con otros medios?

Así es, con la diferencia de que hoy se hace de un modo absolutamente universal y además abarcando toda la población y a todos los países del mundo. Nadie se libra de ello.

Las redes sociales, la tecnología, hace que estemos mucho más manipulados y más controlados.

Antes había gente que podía leer un medio u otro. Hoy hay medios que son prácticamente universales. Y la información que nos dan es sistemática.

En el tema de Rusia, por ejemplo. Vemos como nos están condicionando para irnos mentalizando a un enfrentamiento con Rusia. Esa es la realidad. Constantemente hay noticias en los medios de comunicación con mensajes negativos de Rusia y de Putin.

También pasó con el ataque químico a Siria. Nos pusieron esas imágenes de niños para que lo interioricemos más, con el fin de conseguir, si no el acuerdo con lo que iban a hacer, al menos, tu pasividad. Que no te importe. Que bombardeen o hagan lo que quieran.

El condicionamiento es total y absoluto. Y cada vez más.

El problema es que al haber tanta información, llega en una avalancha tal que no tenemos capacidad para reflexionar sobre lo que está pasando y para hacer análisis.

Simplemente lo que nos ofrecen los medios es, acaban de bombardear no sé donde. ¿Qué hay detrás? ¿A quién le interesa? ¿Qué finalidad se persigue? ¿Por qué? Eso no lo cuenta nadie.

Usted cita en su libro al maestro de la propaganda nazi, de su gran maestro, Joseph Goebbels, también de Lenin.

Es que si nos ponemos a pensar, el sistema es exactamente el mismo. La palabra propaganda la inventa el Vaticano en el Siglo XVI.

Esto no es nuevo. Es más. A veces se ponen de moda palabras como “guerra híbrida”. La guerra de la independencia fue absolutamente híbrida. Hubo unos combates convencionales, pocos. Hubo unos combates asimétricos, prácticamente todos, donde, además, como pongo en el libro, fue donde más franceses murieron.

Pero es que luego había guerra psicológica. Napoleón llenaba de pasquines –y nosotros también- los escenarios. Quiero decir que esto no es nuevo en absoluto.Una vez más la diferencia es lo que permite actualmente la tecnología.

La palabra propaganda la inventa el Vaticano en el Siglo XVI

Se ha publicado que detrás de lo de Cataluña está Rusia. 

Sigo sin ver el objetivo de Rusia con respecto a Cataluña.

Dividir Europa.

¿Para qué?

Para debilitarla, por ejemplo.

Lo que no acabamos de entender es que Rusia tiene una gran necesidad, como sistema capitalista, de vender. Al contrario, lo que Rusia quiere es una Europa unida, fuerte, y que le podamos comprar todo lo posible.

Rusia dispone de todo lo que en Europa carecemos. Desde energía, minerales estratégicos, madera, todo lo que queramos, de manera prácticamente infinita.

Ojalá Rusia pudiera seguir negociando como negociaba con nosotros. Nosotros, que hemos perdido casi 3.000 millones de euros al año en lo que le vendíamos en frutas, verduras y hortalizas a Rusia.

¿Para qué nos quiere dividir? Es verdad que el señor Putin dijo el otro día, estoy de acuerdo con los procesos de autodeterminación porque creo en el derecho de los pueblos a decidir, entre otra cosa por lo que sucedió en Crimea. Que recordemos que lo que sucede en Crimea es lo mismo que pasó en Kósovo.

Pero, añadió, estoy también absolutamente a favor de que no se destruyan estados porque eso generar una bola de nieve que nos puede afectar a todos.

Lo que nadie sabe es que Putin, desde que llegó al poder en el año 2.000, ha ido reduciendo las potestades, las capacidades que tenían todas sus repúblicas autónomas.

La última de ellas, el verano pasado, Tartaristán. Para evitar cualquier veleidad de independentismo de corte musulmán. Esa es un poco la situación.

El coronel Baños explica las fuerzas que se están enfrentando por el control del poder en Europa. Carlos Berbell/Confilegal.

¿Y financiero estadounidense, George Soros, del que usted habla en su libro?

El señor George Soros ha tenido gran influencia en Cataluña. Yo no puedo atestiguar que haya financiado ese proceso independentista pero que sí ha pagado a instituciones en Cataluña para actuar en su beneficio y en contra de Rusia.

Porque aquí tenemos que entender que hay una gran pelea entre muchas fuerzas. Estamos hablando de fuerzas estatales. De fuerzas ideológicas, como es , en este caso, un neoliberalismo, representado por el señor George Soros. Tanto es así que incluso Hungría, que es su país de origen, le ha prohibido el acceso y ha cerrado la universidad que allí estaba patrocinando.

Pero vemos que hay muchas más fuerzas.

Habrá oído las noticias procedentes de Italia. Consideran a la masonería al mismo nivel de la mafia. Han dicho que no va a haber nadie en el Gobierno, ni siquiera en un puesto menor, que pertenezca a la masonería.

Todo lo contrario, por ejemplo, a lo que sucede en Francia donde no ahora, sino tradicionalmente, y ya con el señor Hollande, la mitad de sus ministros fueron masones. El rumor que hay, y lo pongo en el libro, es que el señor Macron fue elegido y apoyado de un modo decidido por la masonería.

Vemos que hay muchas fuerzas enfrentadas.

Hay también un neoconservadurismo, que se está extendiendo de un modo muy rápido por Europa en el que también participa el señor Putin, en Polonia, en Austria, Hungría… Muchos países, apoyados en la religión, que a su vez están combatiendo contra este nuevo liberalismo representado por el señor George Soros.

¿Quién tiene más interés en permitir esos procesos extremadamente liberales, desde el punto de vista político, que todo el mundo tenga capacidad de votar, de elegir sus destinos? A mí me parece que coincide más con el pensamiento liberal que con el neoconservador.

Usted habla en su libro de un concepto, el «Lawfare» (guerra jurídica), y lo describe como el empleo de la ley como arma bélica. El uso de los tribunales para librar batallas, apoyados o conectados con los medios de comunicación afines. Toda una precisa descripción de lo que estamos viviendo hoy en día. 

Ese es un peligro que estoy detectando. Los sistemas democráticos corremos el peligro de convertirnos en sistemas judiciales.

Está muy bien que el poder judicial sea uno más de los poderes pero no es conveniente que sea más importante que la política. En Estados Unidos parecía que se iba a hacer realidad también. Que el poder judicial sea el auténtico controlador del país, el que decida lo que está bien o está mal.

Si queremos seguir llamándonos democracia  tiene que seguir existiendo ese equilibro entre poderes. La democracia necesita una fuerte revisión. Lo mismo que la Unión Europea. Si queremos seguir manteniendo nuestras ventajas democráticas.

Hablando de eso, a Rusia se le acusa también –y lo dijo abiertamente la estrategia nacional de Estados Unidos, el señor Trump, en diciembre pasado- de que Rusia pretende desprestigiar la democracia occidental.

Tenemos que ser honestos, leer los periódicos estos días y decir que los que están desprestigiando a la democracia occidental son nuestros propios políticos.

El que no está en prisión está inmerso en un proceso judicial.

¿Ahora vamos a culpar a Rusia de toda la corrupción de los políticos, generalizada y casi sistémica?

Lo que pasa es que es verdad que otra de las estrategias, de las que hablo en el libro, es la de la creación del enemigo.

Alguien a quien culpar de todos los males.

Tenemos que ser honestos, leer los periódicos estos días y decir que los que están desprestigiando a la democracia occidental son nuestros propios políticos

En libro cita a Goebbels, pero también a Lenin, a Stalin, a Marx y a Fraga Iribarne. Pensamientos distantes…

Hay gente de derechas que me pregunta que por qué he metido frases de Marx y de Lenin. Y lo he hecho porque hay cosas en las que tienen razón.

También me pasa con los de izquierdas. ¿Cómo se te ocurre meter a Fraga? Es que el libro que yo cito, que me parece una genialidad absoluta, que Fraga sería lo que fuera, pero era un hombre con una cabeza privilegiada –basado en una tesis doctoral suya- dice cosas que son lapidarias, y que siguen siendo válidas de por vida.

Como militar he buscado el equilibrio para que nadie me encasille en ningún sitio.

He tenido el acierto y la suerte de recorrer todo el mundo, de conocer sitios muy variados, y me ha permitido abrir muchísimo mi campo de visión.

Y soy un convencido de que en un sistema democrático los militares debemos quedarme al margen de la política.

¿Qué hemos hecho mal en España, desde su punto de vista?

Seguir manteniendo nuestro espíritu cainita. El español es un pueblo maravilloso. Se lo digo yo que he viajado por todo el mundo. Somos un pueblo imaginativo  y tolerante, empezando por nuestros propios políticos. Aceptamos muy bien la diversidad, la prueba es que en España no tenemos los problemas por el yihadismo de muchos países europeos.

Somos un país que sabemos sacar soluciones para todos los problemas, que somos tremendamente flexibles de mente, trabajadores, muy trabajadores, aunque creamos que no. Donde vamos damos el do de pecho siempre.

Pero no nos lo terminamos de creer y luego tenemos el gran problema que somos muy autodestructivos. ¿Qué nos ha fallado?

Tener buenos líderes, claramente.

Y sobre todo no tener líderes que tengan visión de estado que nos permitan hacer planes a largo plazo y que sean invariables. Y esa visión de estado debería no llevarles a politizar las instituciones.

Hay instituciones tremendamente politizadas. A mí me parece un derroche absoluto, que no pasa en otros países, empezando, por ejemplo, por la diplomacia. No puede ser que una persona, con un gobierno esté en la cúspide, en el puesto más importante, y al día siguiente le pongan en un sótano sin ordenador o que lo manden al peor consulado.

Y este no es el único ejemplo.