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“La Segunda División y la Segunda B son dos mundos aparte”, Pedro Calvo, director de Captación del Rayo Majadahonda

El director de Captación del Rayo Majadahonda explica en esta entrevista el cambio que supone pasar de la Segunda B a la Segunda A. Foto: Carlos Berbell/Confilegal.
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Pedro Manuel Calvo Morillo (1968), director de Captación y adjunto a la Dirección Deportiva del Rayo Majadahonda, equipo que este año compite en la Segunda División, es una de esos profesionales cuyo trabajo resulta invisible para el gran público pero fundamental para la marcha de cualquier club de fútbol.

Es de esas personas claras, sencillas, que viven por y para el fútbol. Es entrenador y colaborador de entrenadores de la Federación Española de Fútbol. Una persona respetada y apreciada, en su mundo, por su profesionalidad, fuera de toda duda.

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Desde 2008 presta sus servicios para el Rayo Majadahonda, población al oeste de Madrid, que este año vive una auténtica transformación interna. Una experiencia digna de ser analizada.

¿Hay muchas diferencias entre jugar en Segunda B y Segunda A?

Sí, sin duda. El cambio ha sido muy riguroso en todos los aspectos. Para decirlo en palabras para que nos entienda todo el mundo, ha sido brutal.

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¿Por qué?

El rigor que impone LaLiga en todos los aspectos. Todo está reglado. Desde la hora específica de llegada o de comenzar los partidos, los logros que hay que llevar, la altura del césped, los banquillos, la megafonía, los aforos, incluso los espectadores. Todo tiene una sanción. Y sí, si no hay suficientes espectadores en el campo, también.

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Por ejemplo, en Málaga pusimos una publicidad encima del número, porque al final el club vive de ingresos. Alguien llamó al director del partido y estuvieron midiendo para ver si respetaba o no las limitaciones de publicidad.

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Tienes policía que te saca y te lleva al hotel. Te escolta, te controla a los fans.

Además, tenemos que comunicar al delegado del Gobierno todos los datos para que se controle la seguridad.

Esto es lo que conlleva el cambio de categoría. La Segunda División y la Segunda B son dos mundos aparte, desde todos los puntos de vista, y sobre todo desde del económico”.

El fútbol, para Calvo Morillo es una pasión, un “veneno” que a él le entró cuando era apenas un niño. Foto: Carlos Berbell/Confilegal.

Ustedes comenzaron la temporada jugando en el Wanda Metropolitano mientras se remodelaba su estadio de Majadahonda para que cumpliera las condiciones que deben de tener en Segunda División. ¿Eso fue una ventaja o una desventaja?

El Wanda es uno de los estadios más modernos y grandes de Europa. En una inmensidad como esa los jugadores lo acusan. En nuestro estadio, que es mucho más pequeño, se sienten más arropados, porque se les da más calor.

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Además, al ser tan grande, la afición contraria puede traer más gente. En realidad, la TV te engaña, en las retransmisiones sólo se da el tiro de cámara y por ello aparenta que está lleno pero nada más lejos de la realidad.

Los que hayáis tenido la oportunidad de acudir al Wanda Metropolitano os podéis imaginar que aquello es un monstruo gigantesco que un equipo sencillo como el nuestro es imposible que llene. El apoyo de la gente hace que el futbolista se crezca. Cuando un campo aprieta está claro que condiciona psicológicamente. Y el Wanda era demasiado grande para nosotros.

Dicho esto, estamos muy agradecidos al Atlético de Madrid por habernos dejado jugar en su estadio mientras el nuestro se reformaba. Ha sido un auténtico privilegio jugar en uno de los campos más modernos del mundo.

De bien nacido es ser agradecido.

El ascenso a Segunda supone también más ingresos, ¿no es así?

Sin duda. Económicamente ha sido una buena inyección de dinero, pero también es verdad que hay muchos más gastos. Muchos más condicionantes. Al final vas lo comido por lo servido. Este año es un año de transición. El objetivo es permanecer en la categoría el año que viene. Y si se gestiona bien, y el Rayo Majadahonda, lo está -no tiene deudas-, la financiación para el próximo año aumentará.

Al haber más dinero, el fútbol se profesionaliza.

Así es. Jugar en la Segunda División lo cambia todo porque hace que el fútbol se convierta en profesional. En la Segunda B el concepto de equipo se asemeja al de una familia.

Al campo salían unos u otros, pero funcionaban como un solo alma. Eran un grupo humano que tiraban a una del carro.

Cuando el fútbol entra en el nivel de la profesionalidad, todo eso cambia. Porque el jugador que viene estaba en la categoría profesional. Y ahí cambia todo. El entrenador trata de mantener la idea de funcionar como una familia pero la relación es más complicada. Es otra historia.

Los contratos son diferentes, para empezar.

El derecho deportivo en el pase a Segunda impregna todos y cada uno de los poros de la competición y de la relación con el jugador.

Pasas de tener un contrato amateur -en Segunda B o en las categorías inferiores- que, en la mayoría de los casos no te da para vivir del mismo, con lo que la mayoría tienen que compaginar con otros trabajos.

En el mejor de los casos, no supera los dos mil euros. Y pasas a tener fichas mínimas, exigidas por la Ley, de 80.000 euros. Y si en el caso de que no hayan tenido ficha profesional hay que añadirles ficha profesional de 23.000 euros.

En la Segunda B y en las divisiones de tercera a muchos de los jugadores ni siquiera se les paga Seguridad Social.

“Jugar en la Segunda División lo cambia todo porque hace que el fútbol se convierta en profesional. En la Segunda B el concepto de equipo se asemeja al de una familia”, cuenta Calvo Morillo. En la Segunda impera la profesionalidad. Foto: Carlos Berbell/Confilegal.

Tampoco hay agentes en esas divisiones…

El agente de jugadores también marca la diferencia puesto que al hablar de jugadores profesionales su figura se convierte casi en obligada y hace, en ocasiones, que el importe de su comisión haga inviable la llegada de un determinado jugador al club.

Al final se trata de cuestión de dinero.

Ahora los agentes se han hecho muy cómodos, trasladando al club su obligación del pago de la comisión y que no sea el jugador el que la pague.

Muchos agentes se llevan la comisión por parte del club y además por parte del jugador. De dos sitios. Y si bien no debe superar el 10 por ciento, en muchos casos, y hablando de fichajes muy importantes, superan esa cantidad.

Además, a los jugadores les interesa negociar en neto, mientras que los clubes prefieren hablar de brutos. O lo que es lo mismo, el coste final, salario más impuestos.

¿En qué han notado en su club el ascenso a Segunda División?

Por ejemplo, en la cantera. Al segundo día de abrirse el plazo de inscripción, todos los equipos los teníamos llenos. Yo lo viví y fue de locos. Los niños te hablaban de Pichín o de Coto, jugadores que fueron protagonistas del ascenso. También lo hemos notado en las categorías de juveniles, que están pidiendo venir.

De nuestros juveniles salieron Lucas Hernández, ahora en el Atlético de Madrid y campeón del mundo con la selección francesa, y su hermano Teo, que está en el Real Madrid, aunque esta temporada ha sido cedido a la Real Sociedad.

Esto quiere decir que las escuelas de fútbol del Rayo Majadahonda son un buen negocio. 

Podrían ser un negocio, aunque esta no es la filosofía de nuestra dirección. Porque si un jugador te sale bien y te vale para el primer equipo, te estarías ahorrando unos cien mil euros. Y si no, puedes venderlo, obteniendo una rentabilidad neta del jugador del ciento por ciento, ya que el coste de lo que te supone es cero.

“De nuestros juveniles salieron Lucas Hernández, ahora en el Atlético de Madrid y campeón del mundo con la selección francesa, y su hermano Teo, que es del Real Madrid, aunque esta temporada ha sido cedido a la Real Sociedad”

El hecho de ser un club español, de pertenecer a un país que ha sido campeón de Europa dos veces seguidas y campeón del Mundo, ¿atrae el interés de clubes extranjeros?

Sin duda. Interés por jugadores, por entrenadores, por preparadores físicos.. Nuestra formación en el mundo del fútbol es la más importante a nivel mundial. Nos hemos convertido en una potencia mundial.

¿Por qué se dedicó usted al fútbol? ¿Quién le metió su veneno?

El fútbol es una pasión. Una pasión que te entra de niño. Como jugador llegué a jugar en Segunda B y luego me hice entrenador. Son multitud de anécdotas vividas. Me acuerdo de una, de cuando era entrenador del Cadete A. Tenía entonces a un jugador que era una maravilla.

Un día jugábamos con el Getafe. Ganábamos uno a cero y el jugador estaba sacando toda la esencia de buen fútbol que poseía. Yo, desde la banda, le daba órdenes. Confiaba mucho en él pero pensé que me estaba desobedeciendo. Tuvimos un encontronazo en el descanso. Y le quité. Perdimos 1 a 3.

Sin duda, perdimos por mi culpa. Ahora, con más experiencia, le hubiera dicho, sé tú. Las tácticas han cambiado con el tiempo y el entrenador, si es un becerro, está fuera de su tiempo.

Requiere mucha seguridad en uno mismo admitir un error como ese, aunque haya sido hace 20 años. 

De lo que más se aprende en esta vida es de los errores. Son los que más te enseñan a hacer las cosas bien. Jamás me volvió a suceder una cosa como aquella. El fútbol es una pasión que tiene mucho de arte. Hay que dejar que los jugadores lo expresen de la mejor forma posible, dentro de un orden y una estrategia.