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Fallece el abogado Miguel Ángel Davara Fernández de Marcos

El doctor Miguel Ángel Davara Fernández de Marcos, fallecido la madrugada del miércoles 6 de febrero. Tenía 46 años.
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Ayer miércoles fue uno de los días más aciagos de mi vida. Fue a través de una llamada telefónica. Diego Miranda, al otro lado de la línea telefónica, me dijo, en su acento maño, alterado por los lloros: “Carlicos, Miguel Ángel ha muerto”.

¿Qué?, le contesté en medio del estupor. “Miguel Ángel Davara ha muerto”. Y me eché a llorar desconsoladamente con él. Luego, entre sollozos los dos, Diego me fue contó lo que había pasado.

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Lo habían encontrado sin vida en su casa de Navacerrada, localidad al noroeste de Madrid, después de que los bomberos forzaran la puerta.

Su padre, Miguel Ángel Davara  Rodríguez, y sus dos hermanas, Elena y Laura, estaban preocupados por él, después de que su jefe, Pedro Martín Molina, le hubo llamado varias veces porque tenían previsto viajar a Valladolid para unos asuntos profesionales.

Mi amigo vivía solo. El día anterior se había sentido mal. El estómago, dijo. Y se había quedado en casa trabajando.

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Cuando entraron en su habitación lo encontraron como dormido, pero sin vida.

Miguel Ángel Davara Fernández de Marcos, de 46 años, era un buen amigo, primero, y un brillante abogado y profesor de derecho, después.

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Siempre que pensaba en él me venía la mente aquellas dos estrofas del poema de Antonio Machado, “Retrato”: “Soy, en el buen sentido, de la palabra bueno”. 

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Porque no hay frase que lo defina mejor, como persona: sociable, siempre dispuesto a ayudar, creativo y muy trabajador.

Disfrutaba como nada dando clases de derecho de lo que más sabía: nuevas tecnologías, propiedad intelectual, contencioso administrativo, civil… Tenía contestación para todo. Y si no lo sabía volvía minutos después con la respuesta.

Era un oráculo pletórico de buen humor con una risa contagiosa. Sabía escuchar. Daba muy buenos consejos y estaba disponible siempre. 

También, hay que decirlo, era muy reservado. Los reveses que nos da la vida a todos se los solía comer él solo.

¿Por qué no nos has dicho nada?, le decíamos los amigos. “Ya sabéis como soy”, contestaba con una sonrisa que te desbarataba y unos ojos que en silencio te pedían a gritos disculpas.

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Esa era su forma de ser.

Desde el pasado mes de octubre era gerente y delegado de Protección de Datos de Martín Molina Abogados, una de las empresas punteras de España en concursal y reestructuración de empresas, además de abogado.

Era un nuevo reto en el que se había volcado después de dos años, también como gerente, a los mandos de Bureau Veritas, la multinacional francesa de la formación en España, a la que le dio un cambio de aires innegable.

En Martín Molina Abogados sólo necesitó cuatro meses para convertirse en la pieza imprescindible del despacho. Su socio director, Pedro Martín Molina, desolado, me decía hoy: “se me ha muerto un ángel y un hermano. Una persona irreemplazable como colega y como amigo”.

Miguel Ángel se licenció en derecho en la Universidad de Comillas en 1995 y dio clase en la Universidad Europea de Madrid, donde fue director de Extensión Universitaria, y en la Universidad Politécnica, en la que ejerció como letrado y como profesor del Máster de Auditoría Jurídica.

El doctor Miguel Ángel Davara Fernández de Marcos era, además de un apasionado por las nuevas tecnologías, hijo de Miguel Ángel Davara Rodríguez, catedrático del ICADE jubilado, uno de los grandes expertos en derecho TIC y uno de los “padres” de la Ley Orgánica de Protección de Datos.

Este joven abogado, mi amigo, tenía, además, dos hijos de 14 años, que no entienden, como tampoco nosotros, por qué ya no van a volver a su padre, aquel a quien llamaban cariñosamente “machote”, “gordinflón”, “Miguel Ambrosio”, “hermano”, “inútil”, “gordi” o “papi”.

Susana, la mujer a la que amó como nada en el mundo, no sabe cómo va a ser su vida sin su presencia.

Para el recuerdo quedan las comidas que preparaba, porque era un magnífico cocinero, las largas conversaciones con sus hermanas, sus sesiones familiares de juegos de mesa, las compras con su hija, a la que ayudaba a elegir su ropa, porque tenía un buen gusto, o los días de partido en el Bernabéu.

Porque Miguel Ángel era del Real Madrid.

“Nadie es perfecto”, le solía decir yo, un atlético, cuando hablábamos de fútbol. Jamás nos enfadábamos por ello. Y cuando llegábamos al límite, que algunas veces lo hacíamos, nos mirábamos a los ojos y nos reíamos. La amistad estaba por encima de nuestras afinidades futbolísticas.

Tampoco sus padres y sus hermanas saben lo que será el futuro sin él. Porque como en el caso de Pedro Martín, Miguel Ángel era también, para ellos, un referente. Siempre estaba ahí, haciendo la vida más fácil a todos.

En nuestra última cena le recordé parte de la letra de la canción “Darling boy”, de John Lennon: “La vida es lo que te ocurre cuando estás ocupado, haciendo otros planes”.

Sus otros planes eran un viaje a Colombia dentro de 15 días, hacer crecer Martín Molina Abogados con nuevos planes en marcha, cuidar de sus hijos y de sus padres y disfrutar la vida. Algo que ya no podrá ser.

Maldita sea, amigo del alma. No sabes cuánto te vamos a echar de menos.

Nota: Miguel Ángel estará a partir de las 18.00-18.30 en la Sala 10 del Tanatorio del Parque de San Isidro, en Madrid. A las 20.00 se celebrará una misa en su memoria.

 

 

por Carlos Berbell.

Carlos Berbell es director de Confilegal. Periodista, consultor internacional en comunicación y escritor, está especializado en el campo de la justicia, la investigación criminal y la comunicación institucional.