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Fernando Jáuregui: “Los abogados españoles están perfectamente preparados para el futuro”

Autor del libro "Los abogados que cambiaron España"Fernando Jáuregui, autor del libro que hace un repaso a la importante contribución de los abogados en los últimos 80 años. Foto: Bernardo Pérez.
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«Los abogados que cambiaron España. Ochenta años de historia de los letrados y juristas que contribuyeron a la democracia» (1939-2019del periodista Fernando Jáuregui, es un exhaustivo repaso a todos los abogados que lucharon desde los primeros años de la dictadura para que el país volviera al imperio de la ley y se convirtiera en un estado de Derecho, ocupando su lugar  entre las democracias del mundo.

El libro, de la editorial Almuzara, se presenta en Madrid el próximo jueves 11 de abril en el Club Siglo XXI y su conclusión es tajante: «Los abogados españoles están perfectamente preparados para afrontar el futuro».

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¿De dónde surgió la idea?

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Me gustaría que hubiese sido mía, pero fue del Consejo General de la Abogacía, y la verdad es que el encargo me entusiasmó. Durante cuatro años he trabajado en el proyecto y a lo largo de este tiempo me di cuenta de que en realidad son los juristas los que han cambiado España de verdad.

No se ha dejado ningún nombre en el tintero

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El índice onomástico es brutal, espero no haber olvidado a nadie.

¿Fue la facultad de Derecho la punta de lanza en la lucha por la democracia?

Sin la menor duda, la tradición viene de los siglos XVII y XVIII, sólo hay que ver el callejero madrileño.

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Porque la política española, para mejor o peor, con todas sus luces y sus sombras, la han hecho los juristas, dejando a un lado el paréntesis antijurídico y lamentable que va sobre todo de 1939 a 1945, los años de la barbarie, con el régimen en guerra con el derecho, los fusilamientos y las cárceles llenas de presos políticos muriendo de hambre, sin ninguna seguridad jurídica.

¿Y los abogados cómplices del régimen?

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Claro, fueron los que construyeron hicieron los cimientos de la dictadura, mientras una gran parte de abogados no podía siquiera ejercer su profesión, sólo podían asesorar porque se la jugaban. No había las mínimas garantías, ni procesales ni de defensa.

Fernando Jáuregui cuenta en su libro que aquella fórmula de Torcuato Fernández Miranda de «La ley a la ley, pasando por la ley pero sin tocar la ley» fue una mentira, una trampa saducea.

¿Qué es el «camino de la ley a la ley»que cita en su libro?

Es una frase de Torcuato Fernández Miranda, colaborador imprescindible de Adolfo Suárez, cuando empezaban a construir los cimientos de la transición.

Se inventó que todo lo que iban a hacer era ir de la ley a la ley, pasando por la ley, pero sin tocar la ley.

Cosa que era claramente mentira, una trampa saducea porque precisamente lo que se proponían era cambiar la ley.

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¿Tranquilizando al régimen?

Es que cambiar no era fácil, todas las fuerzas del régimen, los obispos, los militares, las fuerzas del orden eran todas franquistas, por lo que había que echar mano de gente para el cambio e inventarse caminos alternativos para conseguirlo.

¿Cuáles son los hitos más importantes en esta historia de la abogacía española?

Es una historia de ochenta años, los mismos que acaban de cumplirse desde el final de la guerra civil.

Ya en los años 40 del pasado siglo se crean los colegios de abogados con elecciones internas medianamente democráticas y desde éstos y luego desde el Consejo General de la Abogacía se van abriendo parcelas de libertad, aprovechando que el de los abogados era el único colectivo profesional que, por su propia función y naturaleza, no se podían cargar.

¿Una punta de lanza en plena dictadura?

De hecho, esta relativa libertad es caldo de cultivo de cierta insurrección, primero con los abogados comunistas, como María Luisa Suárez Roldán, encargados de defender a obreros y presos políticos, a los que se unen los socialistas, como José Federico de Carvajal, y algunos monárquicos descontentos, Joaquín Satrústegui y Jaime Miralles, Joaquín Ruiz Jiménez, democristianos como Óscar Alzaga, en fin, todos los que estudiaban o ejercían el Derecho en esa época.

«En 1970 hubo una insurrección particular, cuando un gran número de abogados se niega a defender ante el Tribunal de Orden Público por ser un tribunal de excepción»

¿Y la explosión de despachos laboralistas en los 60?

Esa fue una iniciativa comunista de finales de la década, que se va extendiendo a toda España, defienden casi gratis a los obreros en la Magistratura de Trabajo y a los presos políticos ante el Tribunal de Orden Público, que nació en 1963, tras el fusilamiento absolutamente increíble de Julián Grimau, una de las mayores salvajadas del régimen. Este órgano desapareció en 1977.

¿Hay un momento puntual de ruptura con el régimen?

Primero en 1970, con una insurrección particular cuando un gran número de abogados se niega a defender ante el Tribunal de Orden Público por ser un tribunal de excepción.

Hubo sanciones, pero fue en el Congreso Nacional de la Abogacía de León.

Allí en la inauguración por el entonces ministro de Justicia, el ultrafranquista Antonio María de Oriol y Urquijo, unos 300 abogados se levantaron y se fueron, hecho escandaloso que salió mucho más en Le Monde que en la prensa española, claro está.

¿Fue la coyuntura más fundamental?

Lo cierto es que en el Congreso de León se hicieron peticiones muy avanzadas, como la abolición de los tribunales de excepción y de la pena de muerte, se pidió libertad de expresión, de cátedra, se exigieron todas las medidas básicas de un régimen democrático, peticiones que por supuesto el Gobierno ignoró absolutamente y que tuvieron mucha más repercusión internacional que nacional.

Luego vinieron grandes procesos contra trabajadores y políticos, el proceso 1001, el juicio de Burgos con cinco condenas a muerte que al final conmutó Franco…

Y llegó la Transición….

Tras la muerte de Franco, la segunda parte del libro está dedicada a la Transición, cuando en once meses Adolfo Suárez consiguió dar la vuelta al Estado, acabó con el Movimiento, promulgó la Ley de Reforma Política, dio con  pasos de gigante hacia la democratización, como la legalización del Partido Comunista, y estableció las bases para unas elecciones democráticas constituyentes de 1977 y la posterior elaboración de la Constitución.

Aquí destacan grandes nombres de juristas, Miguel Herrero de Miñón, Landelino Lavilla, Juan Antonio Ortega y Díaz Ambrona, Gregorio Peces Barba, Virgilio Zapatero, entre muchos otros.

¿Qué significó la Matanza de Atocha en todo este proceso?

Fue un gran impacto no sólo para la abogacía, sino para toda la sociedad española.

Pese a las reticencias del entonces ministro del Interior, Rodolfo Martín Villa, a que el funeral fuera público por razones de orden y seguridad, los comunistas aseguraron que se encargarían del orden del acto y aquello fue ejemplar, se levantó el puño en solidaridad con los asesinados y los heridos pero no hubo una palabra más alta que la otra.

Aquí hay que destacar también la figura del decano Antonio Pedrol Rius, que encabezó la manifestación, fue un gran profesional, un hombre fundamental, y muy respetado dentro de la profesión.

«Aquí destacan grandes nombres de juristas, Miguel Herrero de Miñón, Landelino Lavilla, Juan Antonio Ortega y Díaz Ambrona, Gregorio Peces Barba, Virgilio Zapatero, entre muchos otros»

¿Cree que la profesión tiene todo el prestigio que debería tener?

Según las encuestas, si lo tiene, pero eso no quiere decir que no se hayan cometido tropelías y excesos, aunque esas son circunstancias excepcionales.

Se sabe que los grandes despachos tienden a defender a los ricos y poderosos, pero eso es responsabilidad de todo el sistema, un sistema que hemos hecho entre todos.

¿Son buenos los abogados españoles?

Técnicamente los abogados son muy buenos y están muy bien preparados, ahora se están especializando en sectores, porque el abogado generalista ya no puede abarcarlo todo, están los delitos económicos, los digitales, el «big data», las nuevas tecnologías…, entre muchas otras especialidades.

¿Cuál es la conclusión del libro?

Termina con una apertura de puertas hacia el futuro, hacia caminos inéditos del Derecho que la profesión está perfectamente preparada para asumir.