«El farmacéutico de Auschwitz», un criminal de guerra que solo cumplió 2,5 años de cárcel

«El farmacéutico de Auschwitz», un criminal de guerra que solo cumplió 2,5 años de cárcel

Patricia Posner ha rastreado la historia de Victor Capesius, que trabajó con Mengele
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20/10/2019 06:45
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Actualizado: 20/10/2019 01:13
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Victor Capesius era El farmacéutico de Auschwitz, un alemán de ascendencia rumana, un hombre normal y corriente que sin embargo fue capaz de cometer los crímenes más horrendos al trabajar en el campo de concentración junto al tristemente famoso doctor Josef Mengele.

Patricia Posner ha rastreado su historia en este libro, editado por Planeta, que demuestra que los crímenes nazis y el Holocausto siguen conmocionando y que miles de personas que participaron en la solución final no se enfrentaron a la justicia.

Esta es la primera biografía del siniestro guardián que cuestionaba el letal gas Zyklon B, que se utilizó para ejecutar a los prisioneros en ese campo de exterminio. Capesius es uno de los genocidas nazis menos conocidos y penados.

El 20 de agosto de 1965 fue juzgado en los llamados Juicios de Juicios de Frankfurt Auschwitz por el Juzgado de Primera Instancia de Frankfurt del Meno por por ayudar e instigar el asesinato de al menos cuatro casos de 2.000 personas.

Fue condenado a 9 años de cárcel, pero sólo cumplió 2 años y medio y fue puesto en libertad en enero de 1968.

La autora explica en esta entrevista con Confilegal el farmacéutico de Auschwitz “no tuvo nunca un momento de culpa o remordimiento”.

¿Cómo dio usted con la historia de Victor Capesius?

Surgió por casualidad durante mi primer encuentro con Rolf Mengele, el único hijo del infame «Ángel de la Muerte» de Auschwitz, el doctor Josef Mengele.

Mi esposo, Gerald Posner, es un abogado que se había dedicado durante varios años a obtener una compensación para las parejas de gemelos víctimas de los experimentos de Mengele. Cuando ese esfuerzo legal falló, lo reconvirtió en una biografía de Mengele.

Fue en ese momento cuando conoció a su hijo,  Rolf Mengele, que vino a Nueva York en 1985. Durante su estancia, Rolf, que sabía que yo era judía, pidió reunirse conmigo. Yo crecí en una familia judía conservadora en Londres, en la década de 1950.

Mi madre y mi padre eran británicos de primera generación. La idea de conocer al hijo de uno de los nazis más notorios me puso en una posición muy difícil.

Aunque intelectualmente sabía que los niños no son responsables de los crímenes de sus padres y aunque Rolf había condenado a su progenitor, dudé a la hora de conocer al único hijo de Mengele. Me daba vergüenza que me vieran con él. Y me preguntaba: «¿qué pensaría mi madre?»

¿Qué pasó en ese encuentro?

Cuando finalmente accedí a reunirme con él, junto con Gerald, en un momento dado y mientras discutíamos la fuga de su padre, hablamos de los meses posteriores al final de la guerra.

No mucho después de huir de Auschwitz, Mengele había aparecido sin previo aviso en la casa de un farmacéutico y su esposa, en Munich.

Ese farmacéutico no identificado había servido con Mengele en el frente ruso en 1942, antes del traslado de Mengele a Auschwitz.

Pero, según dijo Rolf, el farmacéutico de Munich conocía los crímenes de su padre porque compartían un conocido mutuo que había trabajado con Mengele en el campo de exterminio: otro farmacéutico, «Capesius», dijo Rolf, «ese es el farmacéutico de Auschwitz».

Mi padre y Capesius eran amigos”.

Recuerdo ese momento como si fuera ayer. Mi primer pensamiento fue: «¿Auschwitz tenía un farmacéutico?».

Patricia Posner, la autora de «El farmacéutico de Auschwitz», a la que Confilegal entrevista.

Pero transcurrió mucho tiempo hasta que escribió esta historia. ¿Por qué?

Con los años, entre mis propios proyectos de libros y los muchos compartidos con Gerald, esperaba algún día escribir sobre Capesius.

Mi deseo de hacerlo creció con el tiempo cuando me di cuenta de que su historia y el papel que desempeñó en Auschwitz, con algunas de las empresas farmacéuticas más grandes de Alemania, no se  había contado, se había perdido en gran medida en la cobertura de los nazis más infames.

Esas pocas palabras de Rolf Mengele, hace treinta y cuatro años, plantaron la semilla que germinó en mi último libro.

¿Cuántos años ha trabajado en este libro?

Como ya he dicho, el tema me ha apasionado durante décadas, pero solo comencé a trabajar a tiempo completo en 2015, dos años antes de que se publicara.

¿Cómo se enfrentó a la enorme documentación que tuvo que manejar?

Soy buena con las grandes cantidades de documentación, ya que he trabajado con mi marido en la investigación de libros que han requerido una exploración de archivos masiva y cientos de entrevistas.

Él tiene formación legal y a través de él aprendí que en realidad hay un maravilloso proceso de descubrimiento cuando se revisan los archivos originales y se arman las piezas del rompecabezas que se desarrolla en la historia que se quiere contar.

¿Por qué Capesius ha sido un personaje desconocido hasta ahora?

En algunos aspectos era un personaje de poca monta, no tan notorio como Mengele u otros nazis. Eso es lo extraordinario de su historia, te hace darte cuenta de que había 7.000 guardias y oficiales solo en Auschwitz y que tan solo unas pocas docenas fueron castigados.

Había demasiados hombres y mujeres como Capesius, gente común que fue capaz de perpetrar crímenes extraordinarios en los campos.

Y que después de la guerra no cargaron con ningún sentimiento de culpabilidad.

¿Cómo se convirtió Capesius, un hombre normal y corriente, en el farmacéutico de Auschwitz?

Alcanzó el puesto después de que el farmacéutico jefe anterior fuera ejecutado por «difundir el derrotismo». Los nazis no podían tolerar a nadie cuyas dudas sobre la pureza de su causa pudieran lleva a otros  dudar a la hora de llevar a cabo sus tareas mortales y horribles en los campos de exterminio.

«Había demasiados hombres y mujeres como Capesius, gente común que fue capaz de perpetrar crímenes extraordinarios en los campos. Y que después de la guerra no cargaron con ningún sentimiento de culpabilidad»

¿Fue fundamental su actuación como asistente de Josef Mengele?

No era tanto que fuera un asistente de Mengele, ni que estuviera cerca de sus amigos. Mengele estaba en una posición superior. Era el médico general y Capesius un simple farmacéutico. Mengele era alemán puro; Capesius era rumano de ascendencia alemana.

Mengele había ganado la Cruz de Hierro por luchar en el frente oriental; Capesius no había visto ninguna acción de primera línea.

Mengele provenía de una familia acomodada; Capesius era de clase trabajadora. Lo que compartieron estos dos hombres de orígenes muy diferentes es que terminaron en las rampas de selección de Auschwitz eligiendo quién viviría y quién moriría.

En Auschwitz se llevaron a cabo experimentos de todo tipo, entre ellos, y de forma especial, sobre mellizos y gemelos judios.

¿Qué hacía exactamente Capesius en Auschwitz?

Como jefe farmacéutico, era responsable de los medicamentos utilizados para ayudar a los guardias y oficiales de las SS, y también para contener la propagación de enfermedades infecciosas entre los prisioneros, como tifus, disentería y otras.

También dispensó los medicamentos utilizados para los experimentos médicos y se encargó de almacenar y distribuir Zyklon-B, el insecticida a base de cianuro utilizado como agente asesino en las cámaras de gas de Auschwitz.

Finalmente, llevó a cabo las selecciones en la rampa de los que venían al campo de concentración en vagones de ganado y ayudó a decidir quién viviría y moriría. También buscó entre las pertenencias de los que llegaron, en busca de medicamentos.

¿Qué papel jugaron las compañías farmacéuticas alemanas Bayer e IG Farben en el holocausto?

Se beneficiaron de ello. IG Farben construyó el complejo industrial de trabajo esclavo más grande del mundo, Monowitz, al lado de Auschwitz. Usó más electricidad que Berlín. Bayer pagó a las SS por el uso de prisioneros para evaluar medicamentos experimentales.

La mayoría de las víctimas de los experimentos murieron, o en el caso de las mujeres supervivientes, quedaron infértiles.

¿Cómo escapó Capesius de la justicia inmediatamente después de la guerra?

Se perdió en la confusión de los millones de refugiados desplazados, huyendo de los nazis, los supervivientes de los campos, el gran éxodo en toda Europa. Y se benefició de no ser un destacado nazi. No estaba en ninguna lista de los más buscados.

Los estadounidenses y los británicos lo detuvieron, pero ninguno se dio cuenta de su papel en Auschwitz.

¿Cuándo fue condenado?

Más de 20 años después del final de la guerra. Fue el único de los 22 acusados ​​que fue absuelto de «asesinato deliberado» e increíblemente declarado culpable solo de «cómplice de asesinato».

Su sentencia fue de siete años muy leves.

¿Cuál fue el papel del fiscal Fritz Bauer?

Como primer fiscal judío de la posguerra, fue implacable en la persecución de criminales nazis. Capesius y otros nazis juzgados en la década de 1960 se enfrentaron a la justicia en gran medida como resultado de la determinación de Bauer.

¿Qué pena cumplió?

Demasiado poco. Solo dos años.

¿Por qué salió antes de tiempo de la cárcel?

Se consideraba tiempo cumplido por buen comportamiento, incluso cuando se trataba de crímenes nazis, nadie cumplía sus condenas completas.

En la década de 1960, muchos alemanes sentían que habían respondido lo suficiente por los crímenes de la Segunda Guerra Mundial, de manera que casi había simpatía por personas como Capesius.

¿Y se convirtió en un héroe?

Sus vecinos sentían que había sido señalado injustamente, para ellos era un hombre que «solo había seguido órdenes». Si iba a ser castigado, miles de otros serían castigados.

«Más de 20 años después del final de la guerra. Fue el único de los 22 acusados ​​que fue absuelto de ‘asesinato deliberado’ e increíblemente declarado culpable solo de ‘cómplice de asesinato'»

¿Se fue a la tumba sin aceptar su responsabilidad?

Absolutamente. Nunca tuvo un momento de culpa o remordimiento.

¿Sabremos alguna vez todos los horrores del genocidio?

Conocemos muchos de ellos porque los alemanes fueron muy meticulosos a la hora de mantener registros de lo que hicieron. Sin embargo, parte de ello desapareció con el tiempo, la muerte de los supervivientes y los nazis que, como Mengele, se escaparon.

¿Quedan vivos muchos criminales sin juicio?

Hoy en día, muy pocos, son nonagenarios. Sin embargo, muchos escaparon sin pasar ni un día en la cárcel. Simplemente volvieron a la vida normal, a los mismos negocios que tenían antes de la guerra, y se fundieron nuevamente con la sociedad alemana después de la contienda.

Víctor Capesius durante el juicio en el que fue juzgado y del que salió muy bien parado.

Otra de sus preocupaciones es la industria farmacéutica y la salud pública. ¿Concretamente sobre los riesgos para la salud de las mujeres por el reemplazo hormonal de la menopausia?

Como descubrí hace años en mi primer libro – “Esta no es la menopausia de tu madre”, que se volvió a publicar más tarde como “Sin hormonas, sin miedo” – la industria farmacéutica ha comercializado con éxito el reemplazo hormonal para las mujeres como una verdadera fuente de juventud.

Lo que se pasa por alto es que hay soluciones que no funciona para todas. Sus riesgos, el aumento del cáncer de mama y de ovario, deben sopesarse frente los beneficios de eliminar los sofocos y tener los huesos más fuertes.

Yo particularmente, dado que había antecedentes de cáncer de mama familiar, evité las hormonas y creé mi propio programa natural para manejar la menopausia. Desafortunadamente, vivimos en una época en que muchas personas quieren respuestas rápidas.

Quieren una sola píldora que supuestamente les ayudará durante la menopausia. Solo hay que tener en cuenta que esa píldora conlleva riesgos considerables.

¿En qué faceta de sus intereses está trabajando ahora, en investigaciones históricas como el libro o en salud pública en relación con las compañías farmacéuticas y su negocio?

Desde la publicación en 2017 de El farmacéutico de Auschwitz, he estado trabajando con mi esposo, Gerald, en su próximo libro, una historia de investigación de la industria farmacéutica. Se publicará el próximo marzo y el título es PHARMA: codicia, mentiras y envenenamiento de América.

Durante 30 años, Patricia Posner colaboró en la escritura de doce libros históricos con su esposo, Gerald Posner. Condujo entrevistas, leyó miles de páginas de documentos originales y trabajó en la edición y en las primeras versiones de los manuscritos.

Como autora en solitario ha cubierto temas de la industria farmacéutica y la salud pública. El farmacéutico de Auschwitz, es la síntesis de ambas facetas de su carrera.

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