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Javier Melero, defensor del condenado Forn y autor de «El encargo»: “La sentencia del procés me produjo una profunda decepción”

Javier Melero, autor de "El encargo", fue el abogado defensor de los ex consejeros Joaquim Forn y Meritxell Borràs.
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Durante 52 días ejerció la defensa en sala de dos ex consejeros que formaron parte del gobierno autonómico catalán que organizó el referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017: Joaquim Forn, exconsejero de Interior, y Meritxell Borràs, exconsejera de Gobernación y Relaciones Institucionales.

El primero fue condenado a 10 años y 7 meses de prisión por un delito de sedición en la sentencia que se hizo pública el 14 de octubre pasado. Borràs, por su parte, fue castigada con una multa de 120.000 euros y un año y 8 meses de inhabilitación por un delito de desobediencia.

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Javier Melero acaba de publicar “El encargo”, una narración desde dentro del juicio del «procés», con todos sus protagonistas.

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Por sus páginas desfilan todos los protagonistas. Los jueces, abogados, políticos, los acusados y especialmente sus defendidos, Joaquim Forn y Meritxell Borràs.

Melero consigue acercar a todos estos personajes mostrando su lado más cotidiano, sus rasgos físicos, gestos o manías.

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Marchena se convierte en un exquisito a lo Vincent Price; otros tienen poco que decir más allá del colorido de sus corbatas y algún independentista muestra su trasunto como erudito.

Todos tienen sus razones, equivocadas o no, dice el autor.

Escrito antes de la sentencia, el abogado no rehúye hablar de su desencanto ante lo que entiende como pobreza técnica de la misma.

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“El encargo”, de la editorial Ariel, se lee de un tirón, como si fuera una novela judicial, aunque el final se conozca de antemano.

¿Por qué ese título que parece insinuar conspiraciones ocultas un poco mafiosas?

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Es el encargo profesional, nada más.

¿Qué le cayó a usted encima  sin comerlo ni beberlo?

Sin comerlo sí, porque el partido y el entorno del partido han sido un cliente de muchos años Y cuando tienen problemas de tipo penal lo más problema es que tarde o temprano yo acabe interviniendo.

El autor es uno de los grandes abogados penalistas catalanes. Profesor durante muchos años de derecho penal en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y en diversos másteres universitarios. Fue también abogado defensor de Artur Mas en el caso de la consulta del 9N.

¿Era este encargo especialmente delicado?

Los juicios, sobre todo para el que los padece, siempre son muy delicados.

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¿Y más que un encargo ha sido un embolado?

No, no, no. Ha tenido connotaciones un poco molestas como consecuencia de la notoriedad excesiva que se nos ha dado a todos los que hemos tenido algún protagonismo en el juicio, pero yo siempre he procurado enfocarlo como un encargo profesional más.

¿Ha salido satisfecho?

No, porque la sentencia no ha reconocido mis pretensiones, que creo eran viables y técnicamente sostenibles.

¿Y de su actuación profesional?

Si, en conciencia he salido satisfecho porque creo que he actuado de la manera más correcta y con una tesis que podría haber prosperado.

¿Hay un antes y un después en su carrera como abogado tras de este juicio?

No, en absoluto. A esperar el próximo caso y a intentar defenderlo también de la mejor manera posible.

¿Lo pasó mal en algún momento?

No, pero me aburrí muchísimo. Ya cuando iba por el policía número 99 no sabía dónde mirar.

Y la sensación de inutilidad, porque la sentencia dice que todos aquellos testigos estaban en una situación emocional que hizo que no se pudiera valorar correctamente su testimonio.

Acerca de la libertad provisional de los detenidos, usted dice que el Estado debería haberle hecho caso porque es usted un tipo muy inteligente, ¿lo dice de corazón?

Sí, lo digo de corazón. Yo he defendido siempre el prestigio del Estado y se sus instituciones y creía que una resolución de ese tipo mejoraría la imagen y a percepción de Estado por parte de todo el mundo.

Al hacer lo contrario y mantenerlos en prisión, lo que se hizo fue proyectar una sombra de duda y de desprestigio sobre las autoridades.

«El delito de sedición está mal construido y entiendo que la aplicación del Supremo es incorrecta»

Pero como dice en el libro, ¿no ha luchado mucho por defender la legalidad y limpieza del todo el proceso?

Sí, desde luego. Yo lo que critico es la sentencia desde un punto de vista técnico, digo que el delito de sedición está mal construido y entiendo que la aplicación del Supremo es incorrecta.

En el peor de los casos, aceptaría desórdenes públicos y que mi representado pudo haber contribuido, pero esas son penas muy inferiores.

Melero con su cliente, Joaquim Forn, detrás, a la izquierda, y el exvicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras, a la derecha, durante un momento del juicio. Foto: Poder Judicial.

¿Sigue siendo abogado de los clientes que representó?

Sí, por supuesto, visito a mi cliente en prisión, me ocupo de la tramitación de los recursos al Constitucional… ·En fin, de todo lo que viene por delante.

En su libro ¿ha querido acercar a los protagonistas en un plano más humano?

Es que son personas. En Madrid hay mucha gente que cree que son un grupo de fanáticos con los ojos inyectados en sangre…

Tampoco hay que exagerar…

Es un poco caricatura, es cierto. Pero si alguien se tomara la molestia, como he hecho yo, de leer algo de Quim Torra, por ejemplo, seguramente quedaría muy sorprendido.

¿Es un erudito? No lo parece, la verdad.

Tampoco Baroja lo parecía.

¿Tal vez a Torra le falta la boina?

O la bufanda de Valle Inclán.

¿Quien le ha impresionado más, para bien?

Mucha gente, yo que he conocido a muchos de ellos en la intimidad y más allá de la opinión que se pueda tener sobre sus actos o sobre el juicio, son muy buenas personas.

¿Y para mal?

Me ha impresionado mucho para mal cómo se articuló el dispositivo policial por parte del Ministerio del Interior, la coordinación, la actuación del 1 de octubre.

Creo que a la Guardia Civil y a la Policía Nacional, que son unos profesionales admirables, se les llevó a una situación imposible de la que solamente podían salir malparados y todo ello fue consecuencia de la torpeza política por parte de la cúpula.

«Creo que el tribunal podría haber escogido una tesis muchísimo más benévola de la que al final ha escogido»

¿Ha habido torpeza política por ambas partes?

Por supuesto. Así estamos como estamos, es un dato objetivo, llevamos diez años del procés y estamos peor ahora que antes. La acción política no ha servido de gran cosa.

Terminó el libro antes de la sentencia, ¿era usted más optimista en sus expectativas?

Era un tema muy volátil. Creo que el tribunal podría haber escogido una tesis muchísimo más benévola de la que al final ha escogido.

La primera impresión que me generó tras la sentencia fue de profunda decepción y luego ya hice una crítica técnica porque tiene muchos fallos, en una resolución de estas características como esta yo esperaba un producto mucho más cuidado.

¿Luego cree que ha habido más criterios que los puramente técnicos?

No lo puedo saber, no tengo base para hacer conjeturas, pero en la aplicación del derecho penal que ha hecho la sentencia detecto lagunas que me parecen preocupantes

¿Por ejemplo?

Por ejemplo, cómo puede ser que en cuanto a los sediciosos, las personas de a pie, los ciudadanos, las personas que estaban en los colegios o en la consejería, la sentencia se esfuerce con mucho detalle en decir que estas personas no han hecho nada, nadie les ha perseguido, no han sido encausados ni detenidos, y sin embargo a los promotores de esa misma conducta, como es mi defendido, se les considere promotores de algo ilícito, es una contradicción importante.

Son inconsistencias técnicas que tienen su origen en la deficiente regulación del delito de sedición. También era una ocasión magnífica para que el Supremo pusiera orden en todo este colapso.

¿Algo que es posible hacer a posteriori?

El orden lo puede poner el  legislativo a posteriori, y ya veremos lo que diga el Constitucional o el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, pero hace años que se debería haber emprendido una reforma de este tipo de delitos

Los acusados sentados en el banquillo, frente al tribunal de la Sala de lo Penal. Foto: Carlos Berbell/ Confilegal

 

¿Porque parecían muy poco probables?

Mire, en la Facultad donde he dado clases de derecho penal durante muchos años, a estos delitos no llegábamos nunca, no los explicábamos, porque teníamos la convicción de que era mucho más importante explicar bien la estafa o el delito contra la hacienda pública que esto una cosa polvorienta y decimonónica, pero ya ve usted cómo se han puesto de actualidad.

Cita usted en el libro de frase del historiador francés François Furet: “… la peor de las tiranías necesita el consentimiento de los tiranizados y, de ser posible, su entusiasmo¿Cree que los catalanes independentistas están entusiasmados con la tiranía del procés?

Noooo, yo digo que están en una situación emotiva que les lleva a creer que su proyecto político es una maravilla. Fíjese usted en la cantidad de gente que ha abrazado este proyecto en los últimos años, porque hasta hace pocos años era muy minoritario.

También lo dice en su libro, que hasta hace muy poco la mayoría era tan constitucionalistas como usted mismo. ¿Qué explicación tiene?

Han sucedido muchas cosas, yo he intentado explicar algunas, pero es evidente que alguien tiene que seguir reflexionando.

Nos guste o no es la clase política quien tiene la responsabilidad de ver por qué ha ocurrido, qué se ha hecho mal, porque nadie querrá creer  que la solución es retener a dos millones de personas a la fuerza y contra su voluntad.

De manera que alguna capacidad de convicción habrá que tener y alguna empatía habrá que generar con ellos para que por lo menos se vuelva a los niveles anteriores.

«El problema catalán es un problema muy complejo y hay cosas en las que ellos tienen razón. En este país nos hemos acostumbrado a pensar que cada sujeto que habla tiene la razón absoluta»

Su defendido, Joaquim Forn, le dijo: “siempre he pensado que lo que hacíamos era lo mejor para todos, independentistas y no independentistas” ¿Los líderes del procés practican el despotismo ilustrado?

Yo no diría esto, creo que ellos han creído siempre que son el paradigma de la democracia. Otra cosa es que eso sea realmente así.

¿Ni las leyes ni la razón les afectan?

El problema catalán es un problema muy complejo y hay cosas en las que ellos tienen razón. En este país nos hemos acostumbrado a pensar que cada sujeto que habla tiene la razón absoluta.

Y lo que yo intento transmitir desde mi posición es que son personas con las que es perfectamente posible entenderse y yo me entiendo con ellos sin ningún problema y en términos civilizados.

Usted afirma que nada es imposible y que los independentistas un día pueden levantarse constitucionalistas, como los alemanes en mayo del 45. ¿Cree que es posible tanto cambio?

Pues mire, no sé cómo se levantarán los constitucionalistas, pero no creo que nadie tenga nada mejor que hacer, sobre todo los representantes de los ciudadanos que intentar poner buena voluntad para resolver el conflicto.

¿O sea, negociar?

Evidentemente, negociar dentro de la ley.

Desde el punto de vista del abogado Melero, Marchena tiene un aire a lo Vicent Price, el famoso actor estadounidense que encarnaba a los malos, pero no por la maldad sino por la exquisitez en las formas.

Usted recrea la sala del tribunal como un decorado de la productora Hammer, con Marchena haciendo las veces de Vincent Price con toga en vez de batín acolchado de color carmesí. ¿Es Marchena el villano exquisito de esta película?

Sí, jajajaj, es que tiene un aire a Vincent Price. Pero no lo calificaría de villano en ningún caso, aunque sí de exquisito en las formas, por supuesto.

Porque usted se fija mucho en las formas, en la ropa o el peinado, y los describe minuciosamente en el libro. ¿Tan importantes son esos detalles?

Yo sigo la máxima de Josep Pla, que decía que cuando describes a alguien tienes que decir cómo es de verdad y que es muy importante definirlo físicamente. Y procuro hacerlo.

Por último y no por ello menos importante: ¿Ha solucionado su problema con la caspa?

Sí, fue un momento de nerviosismo, debió ser el estrés o tal vez el champú del hotel…