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Premios Confilegal 2019. Padre: Seguiremos corriendo

Gonzalo Jiménez-Blanco Zubiaga, autor de esta columna, pocos segundos después de recibir el premio a una Trayectoria a título póstumo, otorgado a su padre. Jiménez-Blanco es abogado asociado en Allen & Overy. Foto: Amapola.
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El pasado miércoles 27 de noviembre  fue un día especial para mi familia. Se celebraban los premios Confilegal y uno de los premiados era mi padre, Gonzalo Jiménez-Blanco. Primer premio que recibe a título póstumo y además un premio especial.

No sólo por el prestigio de los compañeros premiados, mucho y muy variado. Se reconocía su trayectoria en un medio que siempre percibió como su casa.

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En los últimos tres años, en los que su capacidad y ganas de producir artículos se resintió poco, Confilegal fue el medio donde más publicó, y donde además nos dejaron expresar al resto de la familia el orgullo y la admiración que sentimos por él.

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Por eso, antes de llegar al Hotel Palace de Madrid ya tuvimos la sensación de que iba a ser una tarde emocionante, extremo que confirmamos cuando vimos el despliegue, la organización y el lleno sin tapujos que presentaba la sala.

El acto comenzó con las palabras de la ministra de Justicia, Dolores Delgado, a las cuales siguieron las de Carlos Berbell, director del Confilegal y el comienzo de la entrega de premios.

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Premiados de la talla de Vicente Magro, Beatriz Martínez-Falero, Milagros Calvo, Juan Picón, José Manuel Sieira, el Colegio de Registradores y los magistrados de la Sala Segunda del Tribunal Supremo: Manuel Marchena, Andrés Martínez Arrieta, Juan Ramón Berdugo, Antonio del Moral, Andrés Palomo, Ana Ferrer y Luciano Varela.

El momento de recoger el premio fue un golpe de emociones.

Ya habíamos recogido algún premio en su nombre, pero esta era la primera vez en la que sabía que no me estaba viendo en directo en casa a través de una pantalla.

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La primera vez que no le había leído el discurso a él antes de leérselo a los demás. Y la primera vez que cuando llegara a casa no me iba a decir que por mucho que en el premio pusiera mi nombre no lo iba a volver a tocar ni con guantes.

Las palabras de José María Alonso, Decano del Colegio de Abogados de Madrid (de donde mi padre es colegiado de honor) y amigo, nos enorgullecieron a toda la familia.

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Recoger el premio junto al hijo de Juan Picón también fue un orgullo.

José María Alonso entregando el Premio a una Trayectoria a título póstumo a Carlos Picón, hijo de Juan Picón, mientras Gonzalo Jiménez-Blanco Zubiaga, que lo había recibido antes, observa. Foto: Amapola.
Gonzalo Jiménez-Blanco Zubiaga, recogió el premio a una Trayectoria, a título póstumo, concedido a su padre, Gonzalo Jiménez-Blanco Carrillo de Albornoz​. En la foto aparece con su hermana Inés (a continuación), su madre, María Zubiaga, y su segunda hermana Lucía. Foto: Amapola.

 

Como dije en el acto, estoy seguro de que a mi padre le habría encantado recibir este premio junto a Juan, al que admiraba y con quien no dejó de escribirse estos años.

Me da la sensación de que muchas veces me repito en los agradecimientos, pero en mi defensa diré que son muy sinceros.

Las muestras de apoyo, de cariño, reconocimientos como este, nos hacen sentir muy orgullosos de lo conseguido por mi padre y nos recuerdan constantemente que no estamos solos.

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Ese es probablemente el mejor legado que nos ha dejado. Aprender la importancia de estar bien rodeado, de disfrutar los éxitos con los demás y de ser buena persona.

No hay nada que nos enorgullezca más que escuchar o leer las muestras de cariño y de amistad que tanta gente le sigue predicando.

Por eso, y aun a riesgo de repetirme, gracias. Al Confilegal, a Carlos Berbell, a Luisja Sánchez y a tantos amigos que nos han acompañado y nos siguen acompañando.

Hace poco leí una frase que me recordó mucho a nuestras últimas conversaciones: “hace falta correr todo cuanto uno pueda para permanecer en el mismo sitio. Si se quiere llegar a otra parte hay que correr por lo menos dos veces más rápido”.

Pues eso, Padre, seguiremos corriendo.