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“Hijos de Caín”, historia de los monstruos psicópatas desde el principio de los tiempos

El libro "Hijos de Caín, una historia de los asesinos en serie", del historiador Peter Vronsky, cuenta que los criminales psicópatas han estado con los seres humanos desde el principio de la humanidad misma y que las mujeres han sido sus víctimas; aunque también han habido mujeres depredadoras.
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“Hijos de Caín” es una historia real de monstruos. Monstruos humanos. El historiador Peter Vronsky ha investigado actos horrendos, violación, tortura, mutilación, canibalismo o necrofilia y ha examinado el fenómeno de los asesinos en serie a partir de sus dimensiones evolutivas antropológicas.

Desde la prehistoria, desde el año 15.000 antes de nuestra era, hasta nuestros días.

Porque siempre han existido en la historia de la Humanidad.

Mucho antes de que se acuñara el término asesinos en serie –en 1981– solo había monstruos, criminales atroces y sádicos que eran vistos como hombres lobo, vampiros, demonios y brujas, o, más tarde, en el pasado siglo, psicópatas.

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Precisamente en el siglo XX aparecieron diversas aproximaciones a este fenómeno social, que ya existía previamente.

Tratando de entender cómo encaja el asesinato serial en el arco de la historia humana, y profundizando tanto en la psique de los perpetradores como en los parámetros históricos, míticos y culturales que determinan la naturaleza del homicidio, Vronsky ha escrito una obra que relata sus comienzos como investigador de los “serial killers” o asesinos en serie.

“Hijos de Caín”, título que tiene como referencia el primer crimen de la humanidad cuando Caín mata a su hermano Abel, viene a cubrir el vacío entre los áridos estudios académicos y el sensacionalismo del verdadero crimen.

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“Cuando en 1979 me topé con mi primer asesino en serie, yo no sabía que existiera tal cosa. El término asesino en serie no se conocía salvo en el mundo cerrado de los conductistas e investigadores de homicidios del FBI, que en la década de 1970 se enfrentaban, en diferentes jurisdicciones, a un repentino aumento de asesinatos sin resolver que parecían estar ligados a responsables únicos y desconocidos”, explica Vronsky

Ted Bundy asesinó a 36 mujeres. Fue ejecutado el 24 de enero de 1989 en una prisión de Florida. Foto: Wikipedia.

Ted Bundy, que asesinó por lo menos a 36 jóvenes estudiantes universitarias en seis estados, emergió de aquella época como el prototipo de asesino en serie posmoderno. Pero en las películas, en la realidad y en la literatura de ficción, en los medios de comunicación, en la cultura popular e incluso en la psiquiatría forense, no existía un término consensuado para definir a Ted Bundy, ni para aquello con lo que yo me encontré, tal como lo tenemos ahora: el nombre asesino en serie”, añade.

UN ENCUENTRO INQUIETANTE

Vronsky, historiador, investigador y productor de documentales –“Serial Killers: The Method and Madness of Monsters (Asesinos en serie: El método y la locura de los monstruos) y su secuela “Female Serial Killers: How and Why Women Become Monsters” (Asesinas en serie: Cómo y por qué las mujeres se convierten en monstruos)–, tuvo de joven un encuentro fortuito al cruzarse en el ascensor “con un monstruo que había atado, ahogado, violado, torturado y asesinado brutalmente a dos prostitutas de la calle en su habitación del hotel. Les había cortado la cabeza y había metido las partes cercenadas en una bolsa”.

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“Mientras yo me acercaba al vestíbulo del hotel, él dejaba los torsos descabezados sobre charcos de sangre que ya se estaba coagulando sobre el colchón, los empapaba en combustible para encendedores y les pegaba fuego. Luego salió con su bolsa llena y con total calma cogió el ascensor para bajar mientras yo esperaba impaciente y rabiando en el vestíbulo de abajo”.

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Seis meses después, en mayo de 1980 Richard Cottingham fue arrestado y se justificó ante la policía diciendo que “tenía problemas con las mujeres”.

Si bien Cottingham nunca alcanzó la fama a la que llegaron otros asesinos en serie, fascinó a muchas personas que están inmersas en el campo del homicidio en serie. Mató a 6, a lo largo de 20 años; 4 víctimas pudieron sobrevivir.

Richard Cottingham, arriba, a la derecha, en una imagen de cuando fue detenido; la de la izquierda es de la actualidad. Debajo, tres de sus víctimas: Nancy Vogel, asesinada en 1967, Maryann Carr, en 1977, and Deedeh Goodarzi, en 1979.

El célebre perfilador y doctor Robert Keppel, que trató con asesinos en serie muy famosos como Ted Bundy y Gary Ridgway, el asesino de Green River, considera a Cottingham el Monte Everest de los asesinos sádicos.

El libro ofrece una macrohistoria nueva y actualizada del asesinato sexual en serie y su investigación, ampliando así la historia moderna que autor describió en “Serial Killers: The Method and Madness of Monsters”, que comenzaba aproximadamente con Jack el Destripador en la década de 1880.

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Aquí Vronsky comienza desde el principio, desde la Edad de Piedra.

Y afirma no ser perfilador ni psiquiatra forense ni clínico, sino un historiador e investigador cuyo es “tratar de entender el asesinato en serie desde la perspectiva narrativa-lineal del historiador, y tratar de enmarcarlo en un contexto histórico, social y antropológico a largo plazo”.

PSICÓPATAS ASESINOS

Hay tantas teorías sobre cómo se origina la psicopatología de un asesino en serie en la primera infancia, que la deducción lógica es que “sabemos muy poco —casi nada— sobre por qué existen asesinos en serie. Aunque sí hay dos certezas: se origina en la niñez y la mayoría sabe perfectamente lo que están haciendo”.

De hecho, dice el autor, “se puede diagnosticar a muchos asesinos en serie (no a todos) como psicópatas según la prueba estándar de “Psychopathy Checklist Revised”, PCL-R (Lista Revisada de Comprobación de Psicopatías),  desarrollada por el psicólogo canadiense Bob Hare, pero definitivamente no se puede explicar su conducta porque tampoco hemos llegado a descubrir qué es la psicopatía, ni por qué algunos psicópatas se convierten en asesinos en serie mientras otros llegan a ser exitosos presidentes de corporaciones o incluso diputados”.

Afortunadamente para todos, lo cierto es que solo una ínfima proporción de psicópatas se convierte en asesinos en serie.

Pese a todo, los asesinos en serie reconocibles son escasos en los registros hasta llegar a mediados del siglo XV, durante el Renacimiento, cuando comenzaron a aparecer en las actas judiciales, “con un índice de detención anual casi comparable al índice per cápita de los asesinos en serie en Estados Unidos actualmente”, dice Vronsky.

El historiador Peter Vronsky, autor del libro “Hijos de Caín, una historia de los asesinos en serie”.

HOMBRES LOBO 

En el siglo XV se produjo una la epidemia de hombres lobo – que persigue, domina, mata, viola y se come a la presa humana– se produjo otra más grande aún de brujas, “que desencadenó una larga campaña muy bien organizada de torturas, violaciones y asesinatos de mujeres. No es exageración caracterizar este asesinato de mujeres, sistémico y patológico, como una forma de asesinato en serie patrocinado por la Iglesia y el Estado”.

En 1484 el Papa hizo un llamamiento a las autoridades eclesiásticas y civiles de todas partes para que colaborasen con los inquisidores y los demonólogos de la Iglesia en su guerra contra las brujas, los hombres lobo, los monstruos y los herejes.

A partir del siglo XV apareció la figura del “hombre lobo” y que llegó hasta el XIX.

EL PANADERO CARNICERO

Algunos de los casos que trata el libro son estremecedores.

El asesino en serie Robert Christian Hansen, el panadero carnicero, que mató entre 17 y 21 mujeres de entre 16 y 19 años en Alaska entre 1972 y 1983.

“Solía llevar a sus víctimas femeninas en su avioneta hasta una remota cabaña en calidad de ‘invitadas’, para luego obligarlas a correr desnudas por los bosques mientras él las perseguía y las cazaba de forma sádica. Era mayor el placer de la caza que el de la matanza”.

Robert Christian Hansen, hijo de un inmigrante danés, encontraba placer en “cazar” a sus víctimas, mujeres a las que dejaba desnudas, en los bosques de Alaska.

El método del asesino en serie Martin Dumollard, conocido como “el asesino de criadas” era casi siempre el mismo: cogía el tren desde su aldea hasta Lyon, Francia, y se mezclaba con la multitud de viandantes, buscando a sus víctimas ideales en las calles más concurridas.

Siempre eran mujeres jóvenes que buscaban empleo con desesperación. Las llevaba a una zona boscosa y alejada y las perseguía y atacaba.

Cuando llevaba a cabo los crímenes estaba casado con Marianne Martinet, quien fue cómplice activa de sus fechorías durante casi 10 años. En 1860 una de sus víctimas Marie Pichon, consiguió escapar y relató todo lo ocurrido a la gendarmería de Montluel.

Gracias a la descripción de Marie, Dumollard fue detenido el 3 de junio de ese año. El juicio se celebró en enero de 1862. Dumollard enfrentó con gran frialdad y calma, negándolo todo hasta el final y tratando de inculpar de los asesinatos a dos presuntos cómplices, reconociendo únicamente su responsabilidad en la captación de las víctimas.

“A pesar de que lo hizo varias veces, las autoridades no vieron o no quisieron ver la conexión entre casos, “en un ejemplo clásico de ‘ceguera a la conexión’, que hasta el día de hoy sigue siendo uno de los desafíos más importantes en la investigación de asesinatos en serie: la incapacidad de una oficina policial para reconocer características de muchos casos que apuntan a un único perpetrador”, dice.

Un listado rápido, selectivo y conciso de algunos de los más célebres asesinos en serie estadounidenses de la “edad de oro» revela que hay una abundancia de asesinos en serie que crecieron bien durante la Segunda Guerra Mundial o en los primeros 15 años del baby boom que la sucedieron.

La lista está densamente poblada por nombres de infames asesinos nacidos y criados en los años de la posguerra y que, cada vez más, comenzaron a matar por primera vez entre las décadas de 1970 y 1990.

UN FENÓMENO INFRECUENTE

La buena noticia es que los asesinos en serie han sido siempre —y siguen siéndolo hoy— un fenómeno infrecuente.

“Los asesinos en serie fueron, son y serán lo que nosotros decidamos que sean según los dictados de la historia, la política, la sociedad, la psicología, la criminología, el comercio, el orden público, el poder y la evolución natural”, según Vronsky.

HUBO ASESINAS EN SERIE 

«Cuando preguntamos por qué algunos niños se convierten en asesinos en serie, estamos haciendo la pregunta equivocada. Deberíamos preguntarnos por qué los niños no se convierten en asesinos en serie más a menudo. Teniendo en cuenta la forma en que la Madre Naturaleza nos ha equipado para evolucionar, yo diría que la mayoría de nosotros —al menos los machos— somos asesinos en serie natos y luego se nos ‘deshace’ o se nos socializa alejándonos de nuestros instintos por medio del impulso del equilibrio técnico-humanitario de la evolución. Como dicen los grandes historiadores, los seres humanos somos ‘un rebaño de locos pensantes'”, apunta.

Aunque el autor señala que a lo largo de la historia también “hubo muchas asesinas en serie, mujeres, que emplearon veneno o asfixia para matar a sus maridos, amantes, hijos, hermanos, padres, conocidos o desconocidos de todas las edades por una cantidad de motivos depredadores, hedonísticos, de beneficio y psicopatológicos. Era tan frecuente que las mujeres matasen con veneno que en la década de 1850 el Parlamento británico debatió la promulgación de una ley que prohibiese la venta de arsénico a las mujeres”.