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Así tejió la Generalitat de Cataluña “La Telaraña” del separatismo durante años

El autor, Juan Pablo Cardenal, es periodista y escritor. Fue diez años corresponsal en Asia, siguió sobre el terreno la internacionalización de China en 40 países y es coautor de tres libros sobre esa temática, traducidos a once idiomas.
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“La telaraña. La trama exterior del procés”, de Juan Pablo Cardenal, periodista y escritor (editado por Ariel), es el primer libro que aborda la trama exterior del separatismo en Cataluña, describiendo cómo se construyó durante años un “lobby” político, académico y mediático en el extranjero para diseminar con éxito – y con el silencio inexplicable del Gobierno – las mentiras del independentismo en los medios periodísticos internacionales.

La Generalitat, ya desde tiempos de Pujol, movió los hilos de esta telaraña tan perfectamente urdida.

Se ha escrito mucho sobre el procés, pero hay un apartado fundamental del mismo, como son las relaciones exteriores, que todavía está por salir a la luz.

La telaraña realiza una completa descripción de personas e instituciones internacionales, sus conexiones, con el relato del uso del dinero público y del tipo de actividades realizadas, desautorizando a lo largo de la obra los argumentos y las verdades universales del independentismo, en una rigurosa investigación periodística repleta de historias personales de distintos países.

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Juan Pablo Cardenal relata en su libro los esfuerzos de la Generalitat de Cataluña a lo largo de los años por difundir “una versión contaminada de los hechos y promover su cruzada política ilegal en el extranjero” a través de un plan coordinado e implementado a conciencia.

Fruto de ese esfuerzo colectivo fue gran parte del respaldo que recibió la causa catalana, tanto en el extranjero como en Cataluña, que, aunque no se visibilizara hasta el arranque oficial del “procés”, en otoño de 2012, se gestó en un caldo de cultivo las décadas anteriores.

UNA RED MUY TUPIDA

Para entender cómo el nacionalismo catalán derivó en independentismo y éste, con el órdago separatista, se convirtió en enemigo del Estado, apunten el concepto que da título a este libro: “La telaraña”.

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Según define Cardenal se trata de “una tupida red de instituciones públicas, de entidades sociales, de empresas privadas y de individuos, todos ellos conectados de un modo u otro entre sí, que impulsaron en sus ámbitos la independencia de Cataluña en cuanto la situación política alcanzó el punto de ebullición preciso. […] la mayoría de ellas brotaron al calor de la Administración autonómica catalana, bien como instituciones u organismos públicos o semipúblicos, o gracias a las subvenciones directas y a los contratos concedidos por la Generalitat, lo que ha permitido a ésta tener un control directo o indirecto —según los casos— de todo ese mundo”.

Este meticuloso plan tiene nombre, dice el autor, el Programa 2000 que califica de máquina de catalanización por la fuerza y tiene también ideólogo,, Jordi Pujol,“el gran responsable intelectual de la rebelión institucional en la que estamos” a través un  proyecto de ingeniería social en toda regla.

En 2012 el “procés” activó la telaraña sin escatimar recursos financieros ni humanos.

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Según el Informe 1.319 del Tribunal de Cuentas, -refiere en el libro- la Generalitat gastó en acción exterior al menos 417 millones de euros entre 2011 y 2017, “una parte de los cuales se destinaron en exclusiva a impulsar en el extranjero la secesión de Cataluña”.

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Explica: “El objetivo era crear un estado de opinión propicio en el extranjero que debía desembocar en un reconocimiento internacional de Cataluña ante una eventual declaración de independencia. O, alternativamente, al constatarse el cierre de filas de la comunidad internacional con el gobierno español, que sirviera para que aquélla presionara a Madrid con el fin de que negociara o, mejor, aceptara una mediación. En la misma jugada, se trataba también de sumar adeptos a la causa en la propia Cataluña”.

ESPAÑA, CULPABLE

“Para granjearse la simpatía internacional y sumar a la cruzada soberanista también a una mayoría de los catalanes, la telaraña perfeccionó y difundió por tierra, mar y aire el relato que lleva décadas incubándose en la conciencia colectiva del nacionalismo catalán. Un relato ad hoc para legitimar la aspiración rupturista. A grandes rasgos, el argumentario nacionalista identifica a España como la culpable donde convergen todas las desgracias catalanaspasadas, presentes y futuras”.

Pero clave en todo lo ocurrido, afirma Cardenal, “la imperdonable renuncia del gobierno de Rajoy a librar la batalla del relato. Primero, porque son tan burdas las trolas del independentismo que habría sido relativamente fácil neutralizarlas. Y, segundo, porque ese silencio negligente ha dado vuelo a las demandas independentistas, legitimándolas fuera de España y —sobre todo— en Cataluña. Nos ha matado que quien tenía la obligación de defender la nación y combatir esa farsa optara, en un error de cálculo inexplicable, por desertar”.

El relato catalán era inteligente, no trataba de convencer de las bondades de la independencia, sino que hacía hincapié en el derecho a decidir de los catalanes.

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En este objetivo apoyaron las doce delegaciones que la Generalitat tenía entonces en el extranjero y especialmente el Consejo de Diplomacia Pública de Cataluña (Diplocat), “cuya razón de ser no ha sido otra que promover en el extranjero, en los ámbitos político, mediático y académico, la internacionalización del procés y la secesión de Cataluña –expone Cardenal–. Para ese propósito, las instituciones catalanas contrataron empresas internacionales de “lobby”, dotaron de fondos a organismos públicos como el Instituto Ramon Llull y subvencionaron a entidades y ONG de todo pelaje pero ideológicamente afines. Junto con ellos, un ejército de convencidos, catalanes y extranjeros, completan la foto de la telaraña independentista”.

LA ARAÑA QUE TEJE LOS HILOS

La Generalitat fue la araña que movió los hilos del ‘procés’. Mas y Puigdemont, los dos presidentes entre 2012 y 2016, y Homs y Romeva, los dos responsables de la Acción Exterior durante ese periodo, no sólo llevaron las riendas del proceso, sino que además se involucraron personalmente en difundirlo en el extranjero. En esos seis años, los cuatro realizaron noventa y ocho viajes al extranjero, de los cuales al menos treinta y uno estuvieron directamente vinculados al proceso secesionista, según el Tribunal de Cuentas”, desvela el periodista.

El gasto total de las doce delegaciones entre 2011 y 2017, ascendió a 27,2 millones de euros. “Quizá porque el fin justifica los medios, el descontrol presidió la gestión de los fondos públicos en las delegaciones, como pone de manifiesto el informe del Tribunal de Cuentas. Pagos desorbitantes o por conceptos injustificados, irregularidades de todo tipo, fraccionamiento de pagos, contrataciones irregulares, ausencia de concurrencia, actuaciones antieconómicas y, en general, una falta de escrupulosidad indignante en el uso del dinero de todos”.

«El otro gran jugador de la internacionalización fue, y sigue siendo Diplocat, cuyo gasto entre 2011 y 2017 para promover la independencia entre las audiencias extranjeras ascendió a 15,8 millones de euros”.

Este organismo, dice el autor “organizó, financió y participó en 751 actividades en cinco años, a una media de tres por semana durante ese lustro. De ellas, 558, o tres de cada cuatro, estuvieron directamente relacionadas con el procés”.

Pero hay más. “Diplocat también desarrolló otros dos programas: uno institucional, destinado a abrir contactos con diputados y senadores de Parlamentos extranjeros, con los que llegó a celebrar 25 reuniones y comparecencias. Y otro, para llevar su mensaje al mundo académico, para lo cual organizó 72 actividades de promoción del ‘procés’ en otras tantas universidades, instituciones académicas y ‘think tanks’, resultando en un gasto combinado de 644.904 euros”.

MONCLOA, EN RETIRADA

Refiere en el libro que «la renuncia del gobierno a dar la batalla de la opinión pública es, con los recursos de la Generalitat y la ignorancia sobre España en el extranjero, uno de los tres factores principales que explican por qué el desafío independentista llegó tan lejos. Mantenerse en silencio mientras la Generalitat estaba en abierta rebelión institucional y hacía uso de toda su artillería pesada fue nefasto desde todos los puntos de vista. Generó una bola de nieve en la opinión pública internacional, arruinó la reputación de España y dio alas al independentismo en la propia Cataluña, porque quien calla otorga”.

Tampoco en el campo diplomático se tomó ninguna acción, al menos hasta que llegó Alfonso Dastis como ministro de Exteriores en noviembre de 2016.

“Durante su mandato se produjo un cambio de ciento ochenta grados en la estrategia de comunicación”. Se apostó por abrir la puerta de par en par a los medios extranjeros.

“Ante la gravedad de lo que se avecinaba, la consigna fue clara, sencilla y directa: No hay que tener miedo a contar la verdad; la verdad nos da la razón, la razón está de nuestra parte”.

De esta manera, continua, “el Gobierno español empezó a colocar por primera vez un discurso en la prensa internacional que rompía con cinco años de bombardeo propagandístico continuado del independentismo. Incluso si la mejor estrategia comunicativa no garantiza la ausencia de críticas, el gobierno entendió al fin no sólo el valor, sino también la imperiosa necesidad de desmentir las falacias y llegar a las audiencias exteriores con sus propios argumentos. El problema fue que, por entonces, había ya muchas posiciones consolidadas y el pescado estaba todo vendido”.

LOS REVOLCONES DEL TEDH

Las resoluciones dictadas por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, concluye el autor, han sido sumamente importantes: “El tribunal con sede en Estrasburgo es, como señaló Borrell, ‘otra liga’. De entrada, porque sus resoluciones se basan en razonamientos jurídicos serios que son, además, vinculantes. Pero también porque quienes emiten los fallos son jueces independientes, con experiencia específica sobre lo que se juzga y que lo hacen en un contexto de procedimientos reglados. Pues bien, ese tribunal ha dado un revolcón tras otro al independentismo, tumbando cuantas demandas ha elevado el mundillo independentista por supuestas vulneraciones de derechos”. 

Juan Pablo Cardenal es periodista y escritor. Fue diez años corresponsal en Asia, siguió sobre el terreno la internacionalización de China en 40 países y es coautor de tres libros sobre esa temática, traducidos a once idiomas. Ha escrito también dos libros de alta cocina.

Sus artículos se han publicado en los principales periódicos españoles, así como en algunas cabeceras internacionales.