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El decano del Colegio de Abogados de Madrid propuso el cese de Merlos y todos los miembros de la Junta asintieron

José María Alonso, decano del Colegio de Abogados de Madrid, sobre el que trata esta información. Foto: Carlos Berbell
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Fue el propio decano del Colegio de Abogados de Madrid (ICAM), José María Alonso, el que propuso a los miembros de la Junta de Gobierno el cese del director de Comunicación, Alfonso Merlos, pese a que la propuesta no figuraba en el orden del día fijado de la reunión telemática que celebraron este pasado martes.

Alonso propuso a los diputados de su Junta de Gobierno el cese de Merlos después de que su jefe de Comunicación apareciera en la revista “¡Hola!”, con la periodista Alexia Rivas, en pose cariñosa, en la que también aparecía el perro de ella, Ivo, que miraba directamente al fotógrafo.

Una cobertura que también realizaron Lecturas y Semana. Las tres revistas punteras del corazón.

Durante todo el tiempo que se trató el asunto el decano se mostró furioso e indignado por ese giro de los acontecimientos que sí afectaba a la reputación del Colegio, al elevar a Merlos a la categoría de personaje del “cuore”. 

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Alonso, en esta Junta de Gobierno, utilizó la misma “técnica” de la pasada, del 4 de mayo, cuando decidieron, también por asentimiento, mantener a Merlos en la Dirección de Comunicación, modificando su relación contractual con su empresa, por otra más acorde con la que tendría que tener una persona con esa posición y categoría. Como podría ser un contrato laboral o, en todo caso, de autónomo.

En esa reunión también se le prohibió regresar a las televisiones como contertulio, cosa que confirmó personalmente el decano a Confilegal.

Esta información no fue desmentida, en absoluto, por el Colegio de Abogados de Madrid. Y tampoco quedó reflejada en el acta.

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En la reunión del martes hizo lo mismo, para que no quedara rastro oficial en el acta de ese día, que contenía siete puntos. Pero todos los presentes estuvieron de acuerdo. 

Para más inri, todos habían leído previamente el informe que su compañera Mabel Zapata, reputada fiscalista y tesorera del ICAM, había elaborado tras estudiar a fondo el contrato con Merlos, en el que, al parecer, la corporación de derecho público y el comunicador, junto con su empresa, Trocadero Comunicación, S.L., no quedan muy bien parados.

Sería muy interesante que el decano Alonso, en aras a la transparencia, diera orden de colgar hoy mismo dicho informe, en el apartado de “transparencia” de la web del ICAM, para que los 77.000 colegiados (ejercientes y no ejercientes) pudieran leer con sus propios ojos el dictamen de su tesorera sobre cómo se han hecho las cosas en esta contratación y llegar a sus propias conclusiones.

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Ahora, el decano Alonso se atreve a decir, sin desmentir la información de Confilegal, de que el Colegio de Abogados de Madrid y Alfonso Merlos continúan vinculados, y sin referirse al cese de relaciones profesionales prevista para los próximos días.

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Lo que no deja de ser una medio verdad. 

A día de hoy es cierto. En nuestra información de ayer dijimos que romperían su relación “la próxima semana”.

No añadimos nada más.

Guardamos las confidencias que nuestras fuentes nos pidieron no revelar, pero las palabras de Alonso han cambiado el escenario.

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Han puesto en tela de juicio nuestra credibilidad.

Y eso no podemos permitirlo.

EL PLAN DEL DECANO: MERLOS SE MARCHARÍA DESPUÉS DEL 28 DE MAYO

La realidad de las cosas es que con nuestra información de ayer, le rompimos al decano su plan de “desescalada” secreto del caso Merlos, que tendría que tener su desenlace un día después del 28 de mayo, o en los días siguientes.

¿Por qué el 28 de mayo?

Porque ese día el Colegio tiene previsto celebrar, “on line”, el Foro Justicia, en el que la estrella principal será el ministro de Justicia, Juan Carlos Campo.

Merlos es el organizador de ese evento. No querían ponerlo en peligro.

Lo previsto es que el Colegio de Abogados de Madrid y Merlos rompieran, después, su actual relación contractual de un modo discreto, acabando con este asunto que, por momentos, se va a haciendo cada vez más grande. Y peligroso.

Porque nadie, desde el ICAM, a día de hoy, ha explicado por qué se cerró un acuerdo con su director de Comunicación por 180.000 euros anuales; 47.231 euros más que lo que gana el presidente del Tribunal Supremo, 70.928 euros más que el salario de un magistrado de ese Alto Tribunal; o 95.155 euros más que el mismo presidente del Gobierno.

¿Qué es lo que aportaba Merlos que fuera tan valioso al Colegio?

De hecho, su contratación supuso el despido de cuatro empleados del ICAM, cosa que no se ha dicho hasta ahora y que tienen nombres y apellidos. Dos de ellos, con bastante antigüedad.

Las indemnizaciones no fueron baratas, como bien ha denunciado la Asociación de Libre de Letrados y Letradas.

MERLOS SEGUIRÍA VINCULADO AL COLEGIO, DISCRETAMENTE

El plan de “desescalada” consistía en que el comunicador dejaría de ser director de Comunicación del ICAM, con lo cual, se daba por finiquitado lo que algunos medios nacionales y extranjeros –incluida la actriz estadounidense Whoopi Goldberg– habían bautizado como el “Merlos Place”.

Sin embargo, Merlos seguiría vinculado discretamente al Colegio, a través de su empresa, realizando muchos de los servicios que está llevando a cabo ahora, como el Foro Justicia, u otros servicios de comunicación, que serían debidamente retribuidos.

Al mismo tiempo, el comunicador quedaría libre para seguir participando en los programas de televisión, y de “Youtube”, como el de “su amigo”, Javier Negre, donde se generó el plano en el que aparecía su amiga en paños menores, origen de este caso.

Una actividad que ha sido su perdición, como bien indicaba hoy el profesor Felicísimo Valbuena en su columna de Confilegal, donde realiza un brillante análisis del caso. 

Esto que contamos aquí, al parecer, no le fue explicado con anterioridad al propio Merlos.

Nos adelantamos y los acontecimientos se precipitaron cuando fluyó la información ayer a media mañana. Menos de 24 horas después de la celebración de la Junta de Gobierno telemática.

Por eso, el comunicador ha contado, a quien ha querido escucharle, que nuestra información era “mentira”.

También a Confilegal, a través de un “WhatsApp”.

Por esa misma vía le contestamos con toda la claridad que “o bien el Colegio te está engañando a ti o tú estás tratando de engañarnos a nosotros. En todo caso, no vamos a cambiar una coma de la información, Alfonso”. 

Y no lo hemos hecho.

La revista del corazón, Semana, publica hoy su desmentido. Después La Vanguardia ha hecho lo propio con la versión del decano.

LA OBSESIÓN POR UN “TOPO” 

Curiosamente, Alonso echa la culpa de todo esto a la existencia de “un topo” entre sus filas. Uno de los suyos. Una persona que dice que cuenta lo que sucede en las reuniones de la Junta de Gobierno, que son secretas por naturaleza legal.

Sin embargo, en sus declaraciones a La Vanguardia dice que no es cierto que se haya producido ninguna negociación con Merlos ni que se haya tomado decisión alguna al respecto.

¿Cómo puede quejarse de la filtración de una cosa que se niega que ha ocurrido? ¿Y por qué se tiene interés en perseguir esa voz, o voces, supuestamente disidentes que cuentan algo que no ha existido, según él?

Las dos preguntas se responden por sí mismas.

Tal vez no haya un “topo” –o “topa”, que en esto el decano no ha sido política ni lingüísticamente correcto, sino varios “topos” o “topas”. Ya se lo decimos. Lo que es evidente es que el decano no cuenta con la unanimidad de toda su Junta.

Afirmaciones como esas lo único que denotan es una obsesión por acallar todas las voces que permitan retratar la verdad de lo ocurrido en las Juntas que él preside, desenmascarando el falso relato oficial.

Una obsesión que me recuerda a la de Richard Nixon, con su odio a la prensa y la búsqueda de los traidores –y traidoras– entre sus filas y cuyo carácter quedó fijado con precisión en la película “El desafío. Frost contra Nixon”.

¿Quiere, con ello, decir que va a iniciar una “caza de brujas” en el seno del Colegio de Abogados de Madrid en 2020? Eso son palabras mayores en una institución pública que hace gala de la máxima transparencia. 

Confilegal ha sido, hasta ahora, muy elegante con las palabras que ha utilizado en sus informaciones para narrar este caso, que tanto afecta al Colegio de Abogados de Madrid.

Nuestra intención no ha sido la de hacer sangre. De hecho, ha contado, desde un principio con nuestra comprensión.

Una buena nuestra de ello fue el titular con el que salimos ayer: “El Colegio de Abogados de Madrid y Alfonso Merlos acuerdan cesar su relación profesional”.

Nada de cesado fulminantemente o despedido, como han hecho otros medios.

Porque no venía al caso. Entendíamos que el Colegio quería poner en escena una salida no dolorosa.

Pero lo que no podemos admitir que nos tomen por mentirosos, que es lo que se desprende de las declaraciones del señor ilustrísimo señor decano.

De ahí que hayamos contado parte de la información de la que disponemos.

Porque hay más.

“Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”, dice Joan Manuel Serrat en su canción “Sinceramente tuyo”. Jamás una frase ha sido tan certera como en este caso.