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Cuatro años de prisión para un hombre que robó 751.000 euros en un banco y se entregó media hora después con 66.000

Una décima parte de lo sustraídoEl condenado residía en Bilbao, y los hechos tuvieron lugar en Soria.
| | Actualizado: 14/01/2021 17:25

La Audiencia Provincial de Soria ha condenado a un individuo a cuatro años de prisión por un delito continuado de robo con fuerza en una entidad bancaria por valor de 751.000 euros, que se entregó media hora después ante la Guardia Civil con una cuantía cercana a los 66.000, una décima parte de lo sustraído.

Tendrá abonar la cuantía no entregada a los clientes de la entidad víctimas del robo, que asciende a 685.595 euros, siendo responsable civil subsidiario el banco.

Los hechos tuvieron lugar en Soria, en julio de 2018.

El condenado es Ardotxi Quintana Arce, que entonces residía en Bilbao.

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Con la excusa de visitar su caja fuerte en la cámara acorazada de la entidad bancaria, y tras estudiar durante dos meses la seguridad y los movimientos de los empleados, forzó dos cajas de seguridad y sustrajo 751.000 euros.

Dejó en la cámara acorazada todas las pruebas que le incriminaban, y media hora después se entregó a la Benemérita fingiendo haber robado solo 65.905 euros «en un arrebato».

Ha estado en prisión provisional del 10 de agosto de 2018 al 3 de marzo de 2019.

El juicio se celebró la semana pasada, los días 7 y 8.

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Ha sido condenado por un delito continuado de robo con fuerza en establecimiento abierto al público de especial gravedad.

La sentencia, número 2/2021, está fechada a 11 de enero.

La firman los magistrados de la Sección Primera José Manuel Sánchez Siscart (presidente y ponente), José Luis Rodríguez Greciano, y María Belén Pérez-Flecha Díaz.

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Contra esta resolución cabe recurso de apelación ante el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León.

La acusación particular de dos de las víctimas la ha ejercitado el abogado Alfredo García Tejero.

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LOS HECHOS, AL DETALLE

Este individuo se personó el 13 de abril de 2018 en una entidad bancaria del centro de Soria para abrir una cuenta y alquilar una caja de seguridad, optando en ese momento por una caja de contenido mediano, si bien manifestó que probablemente necesitaría otra caja de seguridad grande.

Un mes después, el 14 de mayo, volvió para arrendar una segunda caja, ésta de vez de tamaño mayor.

Entre mayo y el 5 de julio de aquel año realizó cinco visitas a la entidad bancaria con el fin de estudiar el funcionamiento de la misma, sus medidas de seguridad, así el comportamiento de los empleados durante las visitas del cliente a la cámara acorazada.

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El 20 de julio de 2018, cuando, tras identificarse y firmar la entrada a la cámara acorzada, «extrajo una pata de cabra y una palanca de la mochila que portaba, e intentó forzar la cerradura de nueve cajas de seguridad», pero finalmente desistió al comprobar que la punta de las palancas que llevaba era de mayor grosor que la ranura de las cajas de seguridad y que no lograba hacer palanca.

Regresó siete días más tarde, sobre las 13.14 horas, en esta ocasión con varios objetos metálicos en el interior de una mochila, con los que con facilidad abrió dos cajas de seguridad, extrajo paquetes de dinero por valor de 500.000 euros en una caja y por valor de 251.000 en una segunda, y los guardó en una bolsa de viaje.

Dejó las herramientas abandonadas en la cámara acorazada, sin que se pudieran ver desde la entrada, y en uno de los despachos dejó así la mochila y «cruzó las dependencias de la entidad bancaria sin que ninguno de los gestores comerciales se percatara de su salida o de las dimensiones del bulto que portaba, ni de lo que realmente había sucedido» hasta que recibieron aviso por parte de la Guardia Civil sobre las 14.15 horas.

Sobre las dos de la tarde, «y dentro del mismo plan preconcebido», se personó en las dependencias de la Benemérita en Soria, «con ropa distinta a la que vestía durante el robo», y portando otra mochila.

Manifestó a los agentes que había ido a sacar dinero de las cajas de seguridad y había tenido un «arrebato», dado que tenía deudas y era consumidor de cocaina, y que había forzado dos cajas de seguridad, que quería entregarse y que en ese acto hacía entrega de la totalidad de lo sustraído, salvo dos cajas metálicas que, por no haber podido abrirlas, las había tirado a una papelera, y que la bolsa negra que llevaba también la había tirado a un contenedor».

Aseguró que ese era el importe total del que se había apoderado.

No confesó que el 20 de julio ya había intentado forzar 9 cajas y «ocultó de forma deliberada la real secuencia de los hechos, dado que su pesonación en dependencias policiales formaba parte de un plan preconcebido, tras haber puesto a buen recaudo un botín por importe total de 685.595 euros, que no ha sido recuperado».

Según el relato de hechos probados, omitió en su confesión el importe total de lo robado» y ofreció explicaciones «contradictorias, vagas e incoherentes cuando se le preguntaba sobre determinados aspectos de los hechos».

Los agentes comprobaron que no existían los contenedores e los que dijo que había depositado las dos cajas de caudales, la ropa o la bolsa.

Los magistrados señalan que el condenado «actuó de esta forma con el objeto de obtener un hipotético tratamiento legal más favorable, tras confesar supuestamente los hechos, devolver parte -ínfima- del botín, y argumentar que había actuado en un «arrebato», lo que incluso determinó que la Guardia Civil le pusiera ese mismo día en libertad».

Las cantidades que fueron recuperadas ascendían a 65.905 euros, que fueron ingresados en la cuenta de consignaciones del Juzgado, mientras que el botín no recuperado asciende a 685.595 euros.

Los daños materiales causados en las cajas de seguridad, propiedad del banco, ascienden a 414 euros.

El tribunal ha acreditado que el condenado intentó robar el contenido de nueve cajas de seguridad el 20 de julio de 2018 y consiguió el día 27 apoderarse de todo lo que se hallaba en su interior de dos cajas de seguridad, con la prueba de las secuencias grabadas, las declaraciones parciales del condenado y de la gestora comercial que abrió la cámara acorazada.

Ha acreditado el importe de las sumas sustraídas que manifiesta cada una de las víctimas a las que pertenecían las cajas robadas.

«Ello a su vez resulta demostrativo de la falacia de los hechos que confiesa el acusado, quien ha puesto a buen recaudo la cantidad de 685.595 euros y que no ha devuelto durante los dos años y medio del procedimiento», señala.

El tribunal reitera que el condenado dejó allí las pruebas del delito, la pata de cabra, la palanca y el extensor, la mochila y la llave de su caja de seguridad para que le delatasen, así como huellas dactilares con el objetivo de tener efectos legales favorables.

«El diseño del plan incluía una estrategia jurídica dirigida a la preconstitución de la atenuante de confesión de los hechos, de reparación de daño y de drogacción, lo que demuestra una especial peligrosidad del sujeto por la premeditación y planificación concienzuda de los hechos», indica.

También ha quedado acreditado que el condenado consumió en los dos o tres meses anteriores a los hechos del 27 de julio cannabis, cocaina y alcohol etílico, sin que quede acreditado el grado de drogodependencia ni que en el momento de los gechis se hallase en estado de intoxicación o bajo la influencia de las drogas tóxicas, «mostrándose tranquilo, frío y calculador en sus movimientos dentro de la cámara acorazada».

Según expone el tribunal, no presenta desde un punto de vista forense ninguna psicopatología relevante relacionada o no con el consumo de drogas, y en el mes posterior a los hechos siguió una pauta de consumo leve de carácter esporádico.