Siendo en Madrid junio de 2005, cuatro abogados de oficio, Santiago Luengo Martín, Luis Mateos Sáez, Claudia Fernández Golfín y José Ángel de Diego Aguado, tuvieron la iniciativa, audacia y valentía de fundar la Asociación de Letrados por un Turno de Oficio Digno (ALTODO), modesta hermandad en sus inicios, que en su crecimiento no dejó de aumentar sus huestes, medios y recursos hasta 2012 y en la actualidad.
Casi de la nada la hermandad se convirtió en el principal referente de la defensa a ultranza de la Asistencia Jurídica Gratuita, el Turno de Oficio y la dignidad de su abogacía en Madrid y España.
En 2012 logró que tres letrados de oficio fueran diputados de la Junta de Gobierno del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid (ICAM).
En 2023, que su Decano y dos diputados, veteranos miembros de la asociación, formen parte del órgano rector del principal colegio de abogados de España.
Esta es la crónica que recoge el libro que acabo de publicar titulado, «La odisea por la dignidad y la justicia. Ayer y hoy en la historia de la Asociación de Letrados por un Turno de Oficio Digno (ALTODO)», y que presenté la pasada semana en mi Colegio, el Colegio de la Abogacía de Madrid.
Aunque yo me afilié tres meses después de su nacimiento, en septiembre de 2005, he conferido en la obra el protagonismo a ALTODO, su trayectoria, hazañas y conquistas en el Turno de Oficio, sus abogados e influencia en la evolución de lo que hoy es el servicio de Asistencia Jurídica Gratuita.
La historia de ALTODO también es la historia del ICAM en el periodo descrito, como la de las asociaciones hermanas que se implicaron en los mismos propósitos, al igual que refleja una parte significativa de la historia en ese tiempo del Consejo General de la Abogacía Española, la Comunidad de Madrid y la política del Ministerio de Justicia.
Hoy, ya no es lo mismo que ayer, de modo que, aunque aún no hayamos conseguido el 100 % de nuestras principales reivindicaciones programáticas, todo ha cambiado, pues el turno de oficio, sus abogados y su prestación constitucional lo hemos elevado a un valor indiscutible para las instituciones, medios de comunicación y la sociedad en general.
Especialmente en el ámbito de la historia del ICAM, ya que, hasta el Decano D. Antonio Hernández-Gil y Álvarez -Cienfuegos, el Turno de Oficio y sus abogados eran invisibles, y su precariedad oficial e institucional eran extremas.
Concienciamos al fallecido decano de su importancia y relevancia en la corporación, de forma que, aunque fuera arrastrado por nuestra acción y acontecimientos, no sería justo decir que no lo asumió y se implicó.
Su relevo por Dña. Sonia Gumpert Melgosa, con tres diputados de ALTODO, Santiago Martín Luengo, Begoña Castro Jover y el autor de este libro como vicedecano y tesorero, no solo aumentó dicha influencia en la decana, sino también su compromiso en la realización del programa de nuestra asociación, pues qué duda cabe que en su legislatura se pusieron los cimientos del edificio actual de la dignidad en la prestación de la justicia gratuita.
Edificación que continúo el decano José María Alonso Puig, con realizaciones que en nada se quedan cortas de las de la anterior mandataria, victoria electoral también conseguida merced al apoyo de ALTODO, que se integró en dicha candidatura con tres diputados: Eugenio Ribón, Begoña Castro y Lola Fernández Campillo.
Influjo que hoy ha hecho posible el decanato de Eugenio Ribón Seisdedos, socio histórico de ALTODO, junto al diputado encargado del Turno de Oficio, Juan Manuel Mayllo y la diputada y tesorera Lola Fernández Campillo, que a estas alturas de su mandato han llevado a cabo sustanciales, novedosas y originales iniciativas de mejoras en el Turno de Oficio, sus abogados, además de modernizar el colegio.
«Nihil est quod studio et benevolentia, vel amore potius effici non posit». No hay nada que no pueda lograrse con empeño, bondad y amor, dijo el maestro de los abogados Marcus Tullius Cicero.