Opinión | El Compliance y el «Sandbox» regulatorio de la Inteligencia Artificial

Javier Puyol es socio director de Puyol Abogados & Partners, magistrado excedente, exletrado del Tribunal Constitucional y consultor en tecnologías de la información. En esta columna analiza cómo el Compliance y los «Sandboxes» regulatorios se integran para garantizar un desarrollo ético y legal de la IA. Foto: Confilegal.

7 / 08 / 2025 00:14

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En el contexto actual de transformación digital acelerada, la inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser un concepto futurista para consolidarse como una tecnología operativa de amplio alcance que redefine procesos en sectores económicos, administrativos, sociales y científicos.

Su capacidad para procesar grandes volúmenes de datos, automatizar decisiones, optimizar tareas complejas y generar innovaciones disruptivas ha convertido a la IA en una herramienta estratégica para la competitividad y la eficiencia organizativa.

No obstante, este avance vertiginoso no está exento de profundas implicaciones jurídicas, éticas y sociales.

A medida que los algoritmos se integran en ámbitos tan sensibles como la salud, la educación, la seguridad, la contratación pública o la justicia, emergen riesgos cada vez más complejos que requieren un enfoque regulador renovado y multidimensional.

Los desafíos que plantea la IA son numerosos y estructurales: opacidad algorítmica que impide conocer cómo se toman ciertas decisiones automatizadas; sesgos discriminatorios que reproducen o amplifican desigualdades existentes; vulneraciones del derecho a la privacidad mediante análisis de datos masivos; dificultades para establecer mecanismos de control humano efectivo sobre los sistemas; asimetrías de información entre desarrolladores, usuarios y reguladores; e incertidumbre sobre los impactos sociales a largo plazo de su implementación.

Frente a este escenario, la regulación jurídica tradicional, basada en modelos normativos cerrados, reactivos y generalistas, se revela insuficiente para acompañar la innovación tecnológica sin generar parálisis o inseguridad jurídica.

De ahí la necesidad de configurar nuevas herramientas normativas y organizativas que permitan articular un equilibrio entre fomento de la innovación y garantía de los derechos fundamentales.

COMPLIANCE Y SANDBOX

En este marco emergen dos instrumentos que cobran una relevancia estratégica: el Compliance, como sistema interno de cumplimiento normativo, y el «Sandbox» regulatorio, como entorno externo de experimentación supervisada.

Ambos responden a la necesidad de una gobernanza flexible, adaptativa y cooperativa que permita desplegar el potencial de la IA bajo condiciones jurídicas y éticas sólidas.

Lejos de representar mecanismos antagónicos o redundantes, se plantea el hecho de que estamos en presencia de herramientas que deben concebirse de forma complementaria y sistémica.

El Compliance actúa desde el interior de las organizaciones, estructurando políticas, procesos y sistemas de control orientados a garantizar el cumplimiento de normas legales, estándares éticos, y principios de responsabilidad empresarial.

El «Sandbox», por su parte, constituye un espacio regulado y controlado desde lo público, que habilita a empresas y desarrolladores a testar nuevas soluciones de IA en condiciones reales, pero bajo supervisión y con márgenes de flexibilidad normativos específicos.

La articulación entre Compliance y «Sandbox» se erige así como un modelo de gobernanza regulatoria innovador, que permite a las organizaciones diseñar, implementar y validar marcos de cumplimiento normativo para tecnologías emergentes antes de su despliegue comercial.

«Lejos de ser mecanismos aislados o episódicos, el Compliance y el «Sandbox» deben concebirse como dos caras de una misma estrategia de gobernanza democrática de la tecnología».

La gran ventaja de esta convergencia es que permite evitar tanto el riesgo de sobrerregulación –que puede inhibir la innovación— como el de subregulación-que puede generar daños irreversibles a los derechos y valores democráticos—.

 A través del «Sandbox», las políticas de cumplimiento se someten a condiciones prácticas, se ajustan a los requerimientos regulatorios reales, y se mejoran conforme a la retroalimentación técnica, jurídica y social obtenida en el entorno de prueba.

A su vez, el Compliance dota de contenido interno a los proyectos que ingresan al «Sandbox», permitiendo que las soluciones tecnológicas se desarrollen desde una lógica preventiva, ética y transparente desde sus etapas iniciales.

En este sentido, se trata de poner en valor el rol de los responsables de cumplimiento como interlocutores técnicos y jurídicos claves entre las empresas y las autoridades regulatorias.

FIGURAS ESTRATÉGICAS

En el marco del «Sandbox», estos actores no solo garantizan la coherencia interna de los programas de cumplimiento, sino que también promueven el diálogo institucional, la construcción de estándares compartidos y la resolución anticipada de conflictos regulatorios.

Se consolidan así como figuras estratégicas que median entre la innovación tecnológica, la legalidad vigente, y las expectativas sociales.

Esta interacción temprana permite que las políticas de cumplimiento no se conciban como una respuesta correctiva ex post, sino como una herramienta estructurante del proceso de innovación tecnológica.

Además, el texto enfatiza que el «Sandbox» regulatorio no implica desregulación, sino una forma de regulación experimental, gradual y prospectiva.

A través de este modelo, las autoridades obtienen información directa sobre el comportamiento real de los sistemas de IA, lo que permite ajustar marcos regulatorios, identificar vacíos normativos, mejorar políticas públicas, y reforzar la protección de los derechos fundamentales.

Esta experiencia de aprendizaje institucional se retroalimenta con la experiencia de cumplimiento que aportan las empresas participantes, generando un ecosistema de gobernanza colaborativa.

Por otro lado, las organizaciones se benefician al poder validar sus modelos de gobernanza, anticipar exigencias futuras, reducir costes de adaptación normativa y fortalecer su reputación ante consumidores, usuarios e inversores.

«SANDBOX», CONTEMPLADO EN EL REGLAMENTO IA DE LA UE

La figura del «Sandbox» ha sido recogida formalmente en el artículo 53 del Reglamento (UE) 2024/1684 sobre Inteligencia Artificial, el cual permite a los Estados miembros establecer entornos controlados para el desarrollo y prueba de sistemas de IA, especialmente aquellos considerados de alto riesgo.

Entre las condiciones que impone el reglamento se incluyen la supervisión por parte de una autoridad competente, la garantía de protección de derechos fundamentales, la delimitación de las condiciones de participación y duración, la monitorización de resultados, y la promoción de sinergias con los marcos de cumplimiento normativo.

Estos requisitos evidencian que el «Sandbox» no debe concebirse como una excepción al régimen jurídico general, sino como una herramienta que complementa, fortalece y enriquece el cumplimiento normativo en contextos de alta complejidad técnica y regulatoria.

Una de las aportaciones más valiosas a tomar en consideración es destacar cómo el «Sandbox» puede funcionar como laboratorio para ensayar metodologías y herramientas propias del Compliance en el contexto de la IA.

En este sentido cabe mencionar las evaluaciones de impacto algorítmico (AIA), los mecanismos de trazabilidad, y la explicabilidad de decisiones automatizadas, los protocolos de intervención ante sesgos o errores sistémicos, las simulaciones de auditorías conforme a estándares internacionales (como la ISO/IEC 42001), y los mecanismos de rendición de cuentas.

Todas estas prácticas pueden ser sometidas a prueba, validadas y perfeccionadas en el entorno del «Sandbox», incrementando significativamente su eficacia y legitimidad.

RELACIÓN DEL «SANDBOX» REGULATORIO DE LA IA Y EL COMPLIANCE

Debe destacarse en este orden de cosas, la relación entre el «Sandbox» regulatorio de la IA y el Compliance debe entenderse como parte de una arquitectura regulatoria moderna, orientada a preservar el interés público en contextos de innovación acelerada.

Por ello, cabe afirmar, que en la era de la inteligencia artificial, no basta con adaptar normas existentes: se requiere un cambio en la forma de concebir la regulación misma.

Este cambio pasa por enfoques que sean flexibles pero rigurosos, experimentales pero responsables, colaborativos pero con supervisión efectiva.

Al hilo de todo ello, las sinergias existentes entre Compliance y «Sandbox» constituye un ejemplo paradigmático de este nuevo modelo, donde la innovación tecnológica no se opone a la legalidad, sino que se potencia al integrarse en marcos normativos diseñados para acompañarla, guiarla y, cuando sea necesario, corregirla.

Así, lejos de ser mecanismos aislados o episódicos, el Compliance y el «Sandbox» deben concebirse como dos caras de una misma estrategia de gobernanza democrática de la tecnología.

Su interacción ofrece un camino para asegurar que el desarrollo de la inteligencia artificial no solo sea eficiente y competitivo, sino también ético, legal, transparente, y socialmente legítimo.

En la era de la transformación digital, la inteligencia artificial (IA) ha emergido como una tecnología disruptiva con un potencial significativo para la mejora de procesos económicos, sociales y administrativos.

Sin embargo, debe insistirse que su impacto no está exento de riesgos éticos, jurídicos, y técnicos, que requieren una gobernanza sólida.

La inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser una proyección futura para convertirse en una realidad operativa en múltiples sectores económicos, administrativos y sociales.

POTENCIAL TRANSFORMADOR

Su potencial transformador es evidente, pero también lo son los riesgos que entraña, tal como se ha puesto de manifiesto anteriormente son más que evidentes: opacidad algorítmica, sesgos discriminatorios, vulneraciones a la privacidad, y decisiones automatizadas sin control humano efectivo.

Frente a estos desafíos, la regulación tradicional se muestra insuficiente, dando paso a modelos flexibles e innovadores de gobernanza jurídica.

En este marco, el Compliance y los «Sandboxes» regulatorios se perfilan como mecanismos estratégicos que permiten articular legalidad, innovación y responsabilidad.

Ante este escenario, el Compliance, y el «Sandbox» regulatorio de IA no solo convergen en sus objetivos -v.gr. garantizar un desarrollo ético, legal y sostenible de la tecnología—, sino que se interrelacionan de forma estructural.

El Compliance proporciona el marco de control interno necesario para prevenir y mitigar riesgos, mientras que el Sandbox regulatorio ofrece un entorno supervisado y experimental, en el cual dichas políticas pueden ponerse a prueba, ajustarse, y optimizarse antes del despliegue comercial.

En conjunto, permiten a las organizaciones alinear la innovación tecnológica con los valores del Estado de Derecho y los derechos fundamentales.

El Compliance puede definirse como el conjunto de políticas, procesos y sistemas de control implementados por las organizaciones para garantizar el cumplimiento de leyes, normativas, y principios éticos en el desarrollo de sus actividades.

En el contexto de la IA, el Compliance cobra una dimensión adicional, al requerir mecanismos de vigilancia que contemplen la complejidad de los algoritmos, los riesgos de sesgo, la opacidad de los sistemas automatizados y los impactos potenciales sobre los derechos humanos.

NUEVA DIMENSIÓN DEL COMPLIANCE EN RELACIÓN CON LA IA

Entre sus funciones más destacadas en materia de IA se encuentran:

a). La elaboración de códigos éticos y directrices internas de comportamiento algorítmico.

b). La supervisión del tratamiento y la calidad de los datos utilizados para entrenar los modelos.

c). La implementación de auditorías técnicas, jurídicas y éticas.

d). La formación continua del personal técnico y directivo.

e). El diseño de protocolos de intervención ante fallos, errores o conductas automatizadas discriminatorias.

Dado que los sistemas de IA evolucionan constantemente, el Compliance debe transformarse en un mecanismo dinámico, capaz de adaptarse a los cambios regulatorios y tecnológicos.

De ahí que el concepto de “Compliance by design” o cumplimiento normativo desde el diseño adquiera relevancia, ya que se trata de incorporar los principios jurídicos y éticos desde la fase inicial de desarrollo tecnológico, y no como una etapa posterior o meramente correctiva.

«El Compliance y los ‘Sandboxes’ regulatorios emergen como mecanismos complementarios para asegurar una innovación tecnológica ética, legal y socialmente aceptable».

El «Sandbox» regulatorio de IA es un entorno de prueba controlado en el que las empresas y organizaciones pueden experimentar con nuevas soluciones de inteligencia artificial bajo la supervisión de autoridades regulatorias, y con una cierta flexibilidad respecto al marco normativo general.

Su objetivo principal es fomentar la innovación tecnológica sin comprometer con ello, la protección de los derechos fundamentales, la seguridad jurídica, ni la integridad de los mercados.

Tal como se indicó el citado artículo 53 del Reglamento (UE) 2024/1684 reconoce expresamente la figura del «Sandbox» regulatorio, permitiendo a los Estados miembros establecer entornos controlados para el desarrollo de sistemas de IA, especialmente los considerados de alto riesgo.

Estos espacios deben cumplir ciertos requisitos, entre los que cabe traer a colación el hecho de la necesidad de que los mismos se encuentren supervisados por una autoridad competente; el hecho de garantizar la protección de los derechos fundamentales; la necesidad de establecer condiciones de entrada, duración y monitoreo, la posibilidad de recoger datos y buenas prácticas para mejorar la regulación futura, o la exigencia de obtener sinergias entre el Compliance y el «Sandbox» regulatorio de IA.

NO HAY DESREGULACIÓN CON EL «SANDBOX»

Este mecanismo, inspirado en el sector financiero, -que es el marco jurídico donde surgieron los primeros «Sandboxes» regulatorios-, ha sido incorporado en el ámbito de la IA en respuesta a los desafíos específicos que presenta esta tecnología, entre los que podemos citar a la opacidad algorítmica, a la asimetría de información, a la ausencia de estándares internacionales uniformes, y a la dificultad de predecir las consecuencias a largo plazo.

El «Sandbox» no implica una desregulación, sino una regulación por aproximación.

A través de él, las autoridades pueden conocer de primera mano cómo se comportan los sistemas de IA en condiciones reales, identificar potenciales impactos negativos, y ajustar las políticas públicas en consecuencia.

Al mismo tiempo, las empresas pueden validar sus modelos de gobernanza, mejorar su preparación regulatoria, y anticiparse a exigencias futuras como las contenidas en el Reglamento de Inteligencia Artificial de la Unión Europea (Reglamento (UE) 2024/1684).

Tanto el Compliance como el «Sandbox» comparten un objetivo común, que consiste básicamente en garantizar que el desarrollo tecnológico se lleve a cabo de forma legal, ética, y socialmente aceptable.

No obstante, su enfoque debe ser considerado como complementario.

El Compliance actúa desde el interior de la organización, mediante políticas de control y de gestión del riesgo.

El «Sandbox» actúa como entorno externo de experimentación y de validación, supervisado por autoridades públicas.

Esta interacción permite, que las políticas de cumplimiento sean contrastadas con la realidad operativa de los sistemas de IA, fortaleciendo su eficacia, y su legitimidad.

Esta dualidad permite crear un ciclo virtuoso en el que las políticas de cumplimiento se prueben, ajusten y mejoren antes del lanzamiento definitivo de un producto o servicio basado en IA.

PROGRAMAS DE CUMPLIMIENTO ESPECÍFICOS PARA IA EN ENTORNOS CONTROLADOS

Uno de los principales beneficios del «Sandbox» para el Compliance, es la posibilidad de poner a prueba programas de cumplimiento específicos para IA en entornos controlados.

Así, y a modo de ejemplo se pueden citar:

a). Las evaluaciones de impacto algorítmico (AIA), que identifican los riesgos en los datos, los procesos de entrenamiento, y el uso del modelo.

b). Los mecanismos de explicabilidad y de trazabilidad de las decisiones automatizadas.

c). Los protocolos de supervisión humana y de rendición de cuentas.

d). La simulación de auditorías internas o externas conforme a estándares internacionales (como ISO/IEC 42001 para sistemas de gestión de IA).

e). El refuerzo del diálogo entre las empresas y los reguladores.

 Adicionalmente a ello, las ventajas y beneficios para las organizaciones se determinan en la posibilidad de la anticipación a futuras obligaciones regulatorias (como las previstas para sistemas de alto riesgo en el AI Act), la optimización de los costes regulatorios mediante pruebas iterativas en fases tempranas, el fortalecimiento de la reputación, y la confianza de consumidores, usuarios e inversores.

Del mismo modo, en lo que atañe a los reguladores y a la sociedad en general, el «Sandbox» para el Compliance proporciona un acceso a información valiosa sobre el funcionamiento real de los sistemas de IA, una identificación de vacíos normativos o de implementación, y la protección efectiva de los derechos fundamentales y del interés público.

Y consecuentemente con ello, se puede afirmar que el «Sandbox» regulatorio de la IA, en relación con el Compliance, crea un espacio privilegiado para el diálogo entre desarrolladores, responsables de sistemas de cumplimiento normativo y autoridades reguladoras.

El «Sandbox» promueve la cooperación entre las empresas, las autoridades y la sociedad civil, facilitando de manera principal, el intercambio de información y experiencias.

En este contexto, los responsables de cumplimiento adquieren un rol central, como interlocutores técnicos y jurídicos, que garantizan la coherencia entre la estrategia empresarial, los requisitos regulatorios, y las expectativas sociales.

Esta interacción temprana favorece aspectos tan relevantes como pueden ser la creación conjunta de estándares éticos y técnicos, la resolución temprana de conflictos normativos, y la mejora de la comprensión mutua entre actores públicos y privados.

El avance de la inteligencia artificial (IA) plantea desafíos regulatorios sin precedentes que exigen la articulación de nuevos instrumentos jurídicos y organizacionales.

En este contexto, el Compliance y los «Sandboxes» regulatorios emergen como mecanismos complementarios para asegurar una innovación tecnológica ética, legal y socialmente aceptable.

Lejos de actuar de manera aislada, ambas herramientas deben concebirse como partes de una misma arquitectura regulatoria y organizacional, que permita a las empresas innovar con responsabilidad, con eficacia, y con legitimidad.

En la era de la inteligencia artificial, los instrumentos jurídicos tradicionales deben complementarse con enfoques, que han de ser flexibles, colaborativos y prospectivos.

Consecuentemente con lo indicado, hoy en día puede afirmarse que la interacción entre el Compliance y el Sandbox regulatorio constituye un modelo de gobernanza, que equilibra innovación y legalidad, permitiendo a las organizaciones experimentar con nuevas soluciones tecnológicas bajo condiciones éticas, jurídicas, y sociales adecuadas.

En este sentido, ambos mecanismos deben concebirse como partes de una misma arquitectura regulatoria de carácter innovador, orientada a garantizar, que la inteligencia artificial se desarrolle al servicio del interés público, en un marco de responsabilidad, de transparencia, y de  respeto a los derechos fundamentales.

Y en última instancia, la integración del Compliance en el funcionamiento del Sandbox no solo fortalece el cumplimiento normativo, sino que constituye una garantía de que la innovación tecnológica será de manera efectiva, un instrumento al servicio del bienestar social, y del respeto a los principios democráticos.

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