El antiguo Twitter (ahora, X), se ha convertido en el centro de la polémica judicial. Y es que cada vez son más los perfiles de abogados, jueces y fiscales que se ven «perseguidos» por sus cortas publicaciones en esta red social, en la que muchos, aprovechando su perfil anónimo, no dudan en cargar contra estos profesionales de la Justicia. Algo que ha hecho que, mientras algunos deciden abandonar la red de Elon Musk, otros sigan desafiando las crítica con sus valoraciones jurídicas.
Las redes sociales se han convertido, en los últimos años, en el espacio de debate y polémica de la política, la economía o la Justicia en España. Sin embargo, muchos aprovechan su perfil «anónimo» para, lejos de sólo expresar sus opiniones, buscar hacerlas prevalecer a base de insultar o humillar al contrario.
Una situación que cada vez han sufrido más en sus propias carnes (o cuentas de Twitter), abogados, jueces o fiscales. Y es que dar su opinión jurídica sobre la actualidad les ha costado más de un disgusto.
«La situación no es fácil de describir. Hay perfiles muy agresivos, hirientes y desagradables. Algunos están buscando que yerres, que no digas lo oportuno, generan mal entendidos todo con el objetivo de poder atacar», explica a Confilegal LadyCrocs, que ha abandonado recientemente esta red social (eso sí, no para siempre, esperemos).
Unos perfiles que hacen que la red social se acabe convirtiendo en un foco de censura. «Hablas de algo jurídico, pero es tan fácil que degenere en una cuestión ideológica que muchas veces optas por no escribir, por borrar o por cerrar la cuenta», lamenta.
Pero no todos los comentarios son negativos: «Al mismo tiempo hay perfiles adorables y que te adoran. Son dos polos tan opuestos que pueden llegar a generar una relación muy compleja de mantener».
Twitter, un «campo de batalla»
«Casi todos los jueces que estamos en Twitter/X hemos recibido ataques e insultos por manifestar cualquier opinión o análisis jurídico que se aparte, aunque sea levemente, de la línea oficialista del Gobierno. La consigna es bastante clara, los jueces incomodan», subraya, por su lado, el juez tuitero Iuristóteles.
Algo que, para el juez, lo que le ha sucedido al juez Magistrathor es un claro ejemplo. Y es que, ante el linchamiento que ha sufrido después de ofrecer unas declaraciones, ha decidido «parar» temporalmente su cuenta de Twitter.
«Es el ejemplo perfecto. Se puede estar de acuerdo, o no, con que acuda a un determinado acto. Pero se han publicado artículos, tuits y noticias en la Televisión pública atacándolo, descontextualizando y lanzándole a un linchamiento con el objetivo de destruirle personal y profesionalmente», lamenta Iuristóteles sobre su compañero.
Algo que demuestra que, en las redes sociales, «la gente no es consciente de qué detrás de cada cuenta hay una persona».
«Nosotros dedicamos cierto tiempo a las redes sociales, de manera gratuita. Nuestra intención es explicar nuestro trabajo, advertir de los peligros de la politización, de ciertas reformas. La mayoría de las veces no nos compensa esto, la verdad, y todos hemos pensado en cerrar la cuenta en algún momento u otro», explica.
Y añade: «Te pongo mi ejemplo; en Navidad advertí del error que suponía la Ley de Eficiencia y los Tribunales de Instancia, que era maquilar el abandono de la Justicia y que sólo iba a ocasionar problemas. A Óscar Puente (quizá porque su hermana es una de las ideólogas de la reforma) le dio por atacarme. Recibí cientos de insultos, incluso amenazas. Un ministro de España, un ministro, atacando a un juez en redes sociales por analizar una reforma legislativa….», señala.
Un señalamiento ante el que «nadie ha pedido disculpas, reconocido el error ni lo van a hacer», lamenta.
Algo ante lo que él mismo pensó en cerrar su cuenta. Al igual que lo han hecho Magistrathor. O Ladycrocs. Todos por diferentes motivos, pero con el mismo fondo. El hecho de que, tanto en X (Twitter), como en otras redes sociales, el anonimato es entendido como una vía libre para el insulto o la amenaza.
Espacio de difusión al que, sin embargo, estos valientes jueces se niegan a renunciar. Ello, habiendo asegurado que volverán tras un tiempo de silencio. «Me niego a que me censuren», concluye.