Sesenta y seis años de colegiación dan para mucho. También para recibir, con toda justicia, el reconocimiento de colegiado de Honor. El Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid (ICAM) ha distinguido hoy a Antonio Garrigues Walker, de 91 años, en una ceremonia celebrada en el Palacio de Cibeles, coincidiendo con la jura de casi 300 nuevos letrados.
El diputado José Ramón Couso pronunció la laudatio en nombre de la Junta de Gobierno del ICAM. «Hay trayectorias que no solo honran a una persona, sino que ennoblecen a toda una profesión», afirmó. Definió al homenajeado como «un hombre del Renacimiento», en referencia a una carrera que ha trascendido lo estrictamente jurídico para abrazar el teatro, el ensayo y el compromiso social.
Pionero de la abogacía moderna
Garrigues transformó el ejercicio de la abogacía en España importando modelos angloamericanos cuando estos eran prácticamente desconocidos. «Ha sido pionero en concebir una abogacía pensando en grande», señaló Couso, quien destacó que «el tiempo, y el mercado, han desvelado que su visión era acertada», ha dicho Couso.
Bajo su liderazgo, el despacho Garrigues se convirtió en una de las firmas jurídicas más influyentes de Europa, impulsando el arbitraje internacional y el asesoramiento transnacional.
Pero su aportación va más allá del ámbito corporativo: ha presidido la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), la Fundación Garrigues y el Capítulo Español del Club de Roma. Actualmente ocupa la presidencia honorífica del patronato de la Fundación ICAM Cortina.

«Creo que me lo merezco»
Con su habitual sentido del humor, Garrigues comenzó su discurso citando a Miguel de Unamuno: «La mayoría de la gente que recibe un reconocimiento suele decir que no lo merece. No es ese mi caso. Creo que me lo merezco. Llevo 66 años en el Colegio».
Dirigiéndose a los nuevos colegiados, reivindicó el papel de la profesión: «Todavía tenemos que hacer un esfuerzo muy claro para que la gente se dé cuenta de que la abogacía es vital para la sociedad, y que sin la abogacía, la sociedad y la convivencia serían muy difíciles».

El mensaje a los nuevos letrados
La vicedecana del ICAM, Isabel Winkels, fue la encargada de abrir el acto con un discurso dirigido a quienes se incorporan formalmente a la abogacía. «Este acto marca un antes y un después. Desde hoy, cada palabra, cada firma y cada silencio tendrá consecuencias reales en la vida de las personas a las que representéis», advirtió.
Winkels articuló su mensaje en torno a tres ejes: ética, servicio y aprendizaje. «La excelencia es una costumbre, no un momento. Se construye cada día con esfuerzo, curiosidad y honestidad», señaló. Y añadió: «No sois impostores… Nadie os pide infalibilidad; os pedimos profesionalidad».
Sobre el Código Deontológico, fue contundente: «No es un manual de sanciones: es el mapa que protege vuestra independencia, vuestra libertad de criterio y la confianza de la ciudadanía». Y concluyó con una advertencia contra la autocomplacencia: «Que nunca os pille la soberbia de creer que ya sabéis suficiente. Que os acompañe siempre la disciplina de querer saber un poco más que ayer«.
La vicedecana sustituyó al decano, Eugenio Ribón, que en esos momentos estaba llegando en avión procedente de Perú donde ha participado en la II Convención de la Red Panhispánica de Lenguaje Claro y Accesible. Una sustitución temporal porque por la tarde si estará en la ceremonia de reconocimiento a los colegiados que llevan más años en la profesión.
El Colegio de la Abogacía de Madrid es el más numeroso de los 83 existentes en toda España. Según datos de 2024, el ICAM tiene 74.582, de los cuales son ejercientes 45.233 y no ejercientes 29.349. Son casi 300 colegiados los que han jurado o prometido «libre y conscientemente, acatar la Constitución y el resto del ordenamiento jurídico, cumpliendo las obligaciones que la abogacía comporta, al servicio de la sociedad y en defensa de los derechos humanos, respetando las normas deontológicas de las profesión».












