Opinión | La pérdida de libertad marchita la Universidad

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María Linacero de la Fuente, catedrática de derecho civil de la Universidad Complutense de Madrid, llama la atención sobre la decadencia de la universidad pública y la necesidad de combatirla.

23 / 11 / 2025 05:41

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Todos los miembros de la comunidad universitaria, y no sólo los Decanos, debemos reivindicar la primavera democrática por la que transitamos los españoles y las españolas hace 50 años.

La Universidad pública debe dar entrada con honores a la democracia y a la excelencia, como claves de su recuperación económica y científica.

Ahora bien, la Universidad Complutense de Madrid, no vive en estos momentos, precisamente, su Siglo de Oro.

 La Universidad es el centro neurálgico del saber y del conocimiento, el sueño intelectual de generaciones de estudiantes que se han formado ante la mirada segura de los Maestros, conocedores de que el prestigio no se compra, sino que se gana con esfuerzo.

La Universidad pública representa todavía más que ninguna la excelencia, pero actualmente (me refiero especialmente a la Facultad de Derecho de la Complutense) se encuentra en una especie de limbo, de decadencia ética y científica, que hemos de reconocer para salvar la institución.

No se puede hablar de excelencia cuando el sistema de selección del profesorado no practica rigurosamente el principio de igualdad, mérito y capacidad, y opta por la política del cambio de cromos que tanto daño ha hecho a nuestra Universidad;  la endogamia  y las envidias convierten al mediocre en excelente y al excelente en marginado.

La ausencia de libertad, marchita la Universidad. Necesitamos un cambio profundo en el sistema de selección del profesorado, en la evaluación docente e investigadora, en los conocimientos y en el esfuerzo de los estudiantes, en un gobierno transparente y, sobre todo, necesitamos respirar democracia, y justicia, sin represalias que condenan al ostracismo.  

El talón de Aquiles está en un sistema viciado que concentra el poder en unos pocos profesores que, frecuentemente, componen los órganos de Gobierno. Sin embargo, para una Universidad más participativa, podría plantearse. la creación de una Junta Universal que permita la participación de toda la Comunidad Universitaria.

Defenderé siempre la Universidad Pública. Como decía Unamuno, “ganaréis, pero no convenceréis”. Los privilegios, el exceso de cargos, la multitud de profesores contratados, o la negación de la grave situación económica, no son el camino a seguir.

La Universidad pública debe tomar la antorcha de la democracia y de la libertad. ¿Dónde están los sucesores de los abogados laboralistas de finales de los 60, o los discípulos de los grandes civilistas o  de los primeros constitucionalistas  de los años 80?

Sin embargo, en pleno siglo XXI la democracia no ha ganado la batalla a las oscuras claves universitarias.

Todo está perdido si los estudiantes adoptan un papel pasivo y no reconocen con su presencia  en clases, debates, seminarios y demás actividades, el esfuerzo económico que implica para la sociedad su formación universitaria.

Mientras en las aulas de las privadas el número de estudiantes crece, en un 61% en los últimos 8 años, se produce el fenómeno inverso en algunas universidades públicas, con un descenso en el número de estudiantes del 22% en los últimos 30 años.

Necesitamos regenerar la universidad pública y alejarla de estructuras, en ocasiones, y, a decir de algunos, medievales, acercándola a los ideales de la libertad, la igualad y la justicia.

Si me permiten, debo recordar que muchos Decanos fueron elegidos por el sistema nada democrático del voto exclusivo de los miembros de la Junta de Facultad, aunque ya estaba vigente la LOSU que consagra el sufragio universal.

Por tanto, la pureza democrática requeriría que el cargo de Decano repose en el sufragio universal. Realmente la Universidad es una de las pocas instituciones que no se han modernizado plenamente con un funcionamiento democrático.

En todo caso, la Comunidad de Madrid debe situar a las Universidades madrileñas en el centro intelectual de la innovación y del progreso social, evitando que estudiantes y profesores abandonen las aulas, y logrando, por el contrario, que los jóvenes reciban la herencia de la sabiduría y se formen en nuestras Facultades los más prestigiosos médicos, matemáticos, juristas, químicos, físicos, biólogos, periodistas…, pues todavía lo somos.

Algunos profesores, de forma poco ejemplar, han emigrado al paraíso económico de las universidades privadas, abandonando el barco de la universidad pública.

Otros académicos más ejemplares y prestigiosos de las universidades públicas, imparten doctorado, gestionan grandes Departamentos o escriben magníficos libros, recordado que en cosas de cultura y de saber sólo se gana lo que se da (Antonio Machado).

La comunidad universitaria, que debe gozar del máximo respeto y reconocimiento de la Sociedad, debe unirse y fomentar el prestigio, el liderazgo y la excelencia y, por supuesto, reivindicar la mejora en la financiación sobre las bases del reconocimiento de la realidad.

Todo lo anterior en interés de la Universidad Pública y de su justa financiación, absolutamente necesaria y prioritaria.

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