Un gran partido político, el PSOE, fundamental en la democracia española, se encuentra a la deriva como consecuencia de la falta de reacción de sus integrantes ante los numerosos casos de presuntos comportamientos delictivos de miembros del mismo con altas responsabilidades en el partido y en el gobierno socialista actual, o de personas muy próximas al entorno del presidente del Gobierno y secretario general del PSOE.
El partido socialista, después de haber superado los casos Filesa y ERE de Andalucía, se enfrenta actualmente a multitud de escándalos y conductas seguidas contra muchos de sus miembros y de su entorno por delitos relacionados con la corrupción y otros ilícitos penales, que están ya radicados en diversos procedimientos judiciales y que invaden las noticias de los medios de comunicación y redes sociales, con un descrédito y desprestigio para un partido hasta ahora desconocidos en nuestro país y que, sin duda, pasarán factura al partido socialista, algo que considero una muy mala noticia para nuestro país.
Los numerosos casos que afectan al partido, como el caso Koldo y el rescate de Air Europa, los casos contra la esposa y el hermano del presidente, el caso Ábalos, ya procesado, la condena del fiscal general del Estado en una magnífica sentencia de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo del pasado día 9, los casos Salazar y Antonio Hernández, la reciente detención de la conocida como la fontanera del PSOE, Leire Díez, y tantos otros que afectan al partido socialista, están causando un grave daño a la imagen de este partido, con riesgo incluso de que este mismo pueda incurrir en responsabilidad penal, aparte de la que pudiera corresponder, en su caso, a las personas físicas mencionadas.
Una situación que podría afrontarse dignamente con una profunda regeneración de este necesario partido político, que históricamente ha estado integrado por personajes de extraordinaria valía y que hoy, lamentablemente, tanto se echan en falta. Muchos somos los que estamos impacientes por que se produzca esa necesaria revolución en el partido, que le permita afrontar con éxito los futuros compromisos electorales, pues es una pieza clave en el panorama político español.
Es urgente que este partido adopte un buen programa de Compliance, de prevención eficaz, con medidas de control y prevención que excluyan o, al menos, disminuyan considerablemente los riesgos penales a los que están expuestos los partidos políticos, entre ellos los derivados de una financiación ilegal (artículo 304 bis, en relación con el artículo 31 bis, del CP), pues no se olvide que esta responsabilidad penal de las personas jurídicas, incluidos los partidos políticos, está basada en un déficit de organización: una culpabilidad, pues, basada en principios como la «culpa in eligendo» e «in vigilando», dirigidos a evitar la comisión de delitos. Medidas todas ellas aplicables, naturalmente, no solo al partido socialista, sino también a los demás partidos políticos, alguno de ellos con un historial de corrupción igualmente muy elevado.
El muy frecuente desprecio de la separación de poderes, con situaciones de clara intromisión del Ejecutivo tanto en el Legislativo, priorizando la elaboración de decretos leyes, como en el Judicial, cuestionando permanentemente aquellas decisiones que no favorecen a sus pretensiones, y los numerosos asuntos de relevancia penal que presuntamente se han cometido en el contexto del partido socialista, relacionados con la corrupción y con delitos de otra naturaleza que afectan a personas pertenecientes al partido o próximas a él, está suponiendo un grave daño para el Estado democrático de Derecho.
Y muchas de las declaraciones que se hacen por parte de muchos de sus responsables, así como también por integrantes de otros partidos políticos, quebrando la pacífica convivencia de los españoles, están provocando enfrentamientos indeseables que en otros momentos históricos fueron trágicos en España.
¿Hasta cuándo vamos a tener que soportar los abusos de poder que se vienen produciendo desde hace años desde el poder ejecutivo actual, que están desencadenando una crisis del propio sistema democrático y que nos están llevando al fin del régimen constitucional surgido de la Transición y de la Constitución que ahora acaba de cumplir 47 años?
No es la «derecha» la amenaza del régimen constitucional actual, como ocurrió con la República de Weimar, que fracasó en 1933 por los partidos de extrema derecha, en especial el nacionalsocialista de Hitler, fracaso al que siguió el horror y el drama sufridos por toda una civilización, constatándose la fragilidad de la democracia y del régimen de libertades, sino aquellos comportamientos, como los que ahora vivimos en nuestro país, que contradicen los más elementales principios del Estado democrático de Derecho, que exige el control y sometimiento de todos los poderes a la ley y a la Constitución, como lo recordaba quien fuera mi profesor de filosofía en mi querida Universidad Autónoma de Madrid, Elías Díaz, un auténtico y coherente socialista, en su obra Estado de Derecho y Sociedad Democrática (1966), que no pocos socialistas deberían tener hoy como libro de cabecera.