El magistrado del Tribunal Constitucional, Juan Carlos Campo, inauguró ayer las I Jornadas Formativas de la Asociación Profesional de Letrados de la Administración de Justicia (PROLAJ), que se están celebrando en el Colegio de Abogados de Las Palmas de Gran Canaria, con un discurso de fuerte contenido jurídico y social en el que defendió una justicia “más eficaz, más sensible y más comprometida” frente a la violencia de género.
Desde el inicio de su intervención, Campo situó la igualdad en el núcleo de la democracia.
“Las democracias vivimos del debate, de la contraposición de ideas y de la búsqueda dialogada del progreso”, afirmó, recordando que la Constitución española consagra la igualdad no solo como un derecho fundamental, sino como un valor superior del ordenamiento jurídico.
“Una gran democracia debe progresar o pronto dejará de ser o grande o democracia”, citó, apelando al desaparecido presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt.
Bajo el título “Rompiendo el silencio, construyendo la igualdad; uniendo voces, cambiando realidades”, el magistrado explicó que cada una de esas expresiones encierra una tarea concreta.
“Romper el silencio es el primer paso de todo proceso de emancipación”, sostuvo, advirtiendo de que “el silencio es una herramienta del poder que sostiene la impunidad”.
Frente a ello, defendió que hacerlo audible es “un acto de justicia y de reparación, no solo individual, sino colectiva”.
Campo insistió en que la igualdad real exige transformación, no solo proclamaciones formales.
“La igualdad no se decreta, se construye día a día”, señaló, reclamando leyes eficaces, instituciones con perspectiva de género y una ciudadanía comprometida.

LA JUSTICIA DEBE SER UN INSTRUMENTO QUE CORRIJA LA DESIGUALDAD
En su opinión, la justicia no puede ser “una estructura neutral ante la desigualdad”, sino “un instrumento activo que la corrija”.
En este punto, aludió al movimiento «MeToo» (Yo también) como ejemplo de ruptura del silencio colectivo.
“Al transformar vivencias individuales en un relato común, se rompió el aislamiento y la soledad de las víctimas”, afirmó, subrayando que el movimiento permitió dejar de hablar de “casos aislados” para evidenciar “estructuras de poder y normas sociales que perpetúan la subordinación femenina”.
El magistrado respaldó su diagnóstico con datos recientes.
Recordó que “casi una de cada tres mujeres en España ha sufrido algún tipo de violencia por parte de su pareja o expareja”, según la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer 2025.
“Son cifras que bastarían para justificar esta y mil jornadas más”, afirmó, calificando la violencia machista como “el rostro más atroz de la desigualdad”.
Campo también puso el foco en la brecha de género en el ámbito judicial. “Las mujeres conforman el 54% del Poder Judicial, pero son menos del 20% en el Tribunal Supremo”, señaló, denunciando que la desigualdad persiste en los espacios de poder. “
Llegamos en proporción, pero no llegamos a donde tenemos que llegar”, resumió, describiendo esta situación como una “extraña pirámide” que amenaza con el fracaso colectivo si no se corrige.
Durante su intervención, defendió que la discriminación contra las mujeres es “una discriminación estructural y una violencia estructural” y dejó claro que “no es responsabilidad solo de las mujeres transformarla”. “Es cosa de todos”, subrayó con rotundidad.
En relación con la justicia, Campo fue especialmente crítico con prácticas que perpetúan el silencio.
“El sistema judicial ha sido, en ocasiones, un espacio que revictimiza o que duda en exceso del testimonio de las mujeres”, advirtió, reclamando una revisión profunda de los instrumentos jurídicos.
“Una justicia eficaz frente a la violencia de género no puede limitarse a responder cuando el daño ya está hecho; debe prevenirlo, repararlo y garantizar que la víctima no vuelva a sentirse sola”.
EL LENGUAJE JURÍDICO, MUY IMPORTANTE
El magistrado insistió también en la importancia del lenguaje jurídico. “Las palabras del derecho crean realidades”, afirmó, alertando de que llamar “conflicto familiar” a lo que es violencia “invisibiliza al agresor y desplaza la causa del problema”.
Incorporar la perspectiva de género, añadió, “no es corrección política, es una exigencia democrática”.
En la parte final de su intervención, Campo dibujó la justicia que, a su juicio, debe construirse: “una justicia en la que haya igual número de hombres y mujeres en los órganos de poder”, “en la que todos los despachos diseñen e implementen planes de igualdad” y “en la que la foto de la apertura del año judicial refleje esa igualdad real”.
El discurso concluyó con una cita de Clara Campoamor que sintetizó el mensaje central de la ponencia: “La libertad se aprende ejerciéndola”.
Y con una llamada a la responsabilidad colectiva: “Romper el silencio, construir igualdad, unir voces y cambiar realidades no son frases retóricas, son tareas históricas. Cada palabra, cada decisión judicial, puede ser un acto de reparación y de esperanza”.