El escritor Juan Soto Ivars explica las claves de su investigación sobre las denuncias falsas, y la «falta de consecuencias» de las mismas. Foto: Confilegal

Juan Soto Ivars, autor del libro «Esto no existe»: «La Fiscalía no persigue las denuncias falsas de violencia de género»

28 / 01 / 2026 01:51

Actualizado el 28 / 01 / 2026 01:53

Es un libro que está sembrando la polémica. Y que muestra una realidad que no siempre parece fácil de asumir. No todas las denuncias que se realizan en España por violencia de género son reales; existen las denuncias falsas, y la Fiscalía no las persigue.

Es un ensayo que analiza el uso instrumental de la ley española de violencia de género. Es polémico porque cuestiona la narrativa oficial de que las denuncias falsas son mínimas (0,01%), argumentando que esa cifra es engañosa al ignorar casos sin condena por falso testimonio, y estima cifras mucho mayores basadas en testimonios y datos judiciales.

Una realidad «oculta» que ha analizado Juan Soto Ivars –escritor, columnista y periodista español– en su libro «Esto no existe». Una realidad de la que se habla en los pasillos judiciales, en las comisarias, pero de la que se mantiene un silencio incómodo rodeado de burocracia y falso feminismo.

Soto Ivars acusa al sistema judicial y mediático de silencio por miedo a ser tildados de «negacionistas», intereses económicos en subvenciones y propaganda ideológica que invisibiliza víctimas masculinas y alienación parental.

¿Qué es lo que te hace ponerte a escribir este libro?

Cuando se da en la prensa la noticia de 2009 de que el 0.001% de las denuncias son falsas, cualquier persona escéptica, al ver ese dato oficial, tiene que pensar que es mentira. Así de simple.

Y como es un dato oficial, y es manifiestamente falso, empecé a tirar del hilo; empecé a conocer abogados, fiscales, juezas de instrucción de violencia de la mujer… y descubrí que todos en el sector lo conocen. Es un escándalo.

España es el único país de Europa que se discrimina al hombre en cuestión de sexo en la violencia, pues vi que había trabajo para el periodismo.

«Hay cosas que sí se tienen que eliminar, como el hecho de que ser hombre sea un agravante en un delito».

La Fiscalía no lo persigue, porque en muchos casos no llega a decirse que era una denuncia falsa. En muchos casos se archiva por falta de pruebas.

Tienen el problema de la burocracia. Y el problema del miedo a las asociaciones de feministas. A mí me sorprende ver hasta qué punto en el mundo de la Justicia hay verdadero pavor a las asociaciones de juristas feministas, o a la típica fiscal muy feminista. Por eso, a mí no me daban nombres.

Es verdad que para iniciar otro procedimiento por denuncia falsa, la carga de burocracia es brutal, porque el sistema está blindado para que no lo hagan. Y esto no pasa en otros delitos.

Tú tienes que dar muchas explicaciones como fiscal para empezar a perseguir a una mujer que ha denunciado por violencia de género. Muchas explicaciones. Y por eso, lo archivas, y te lo quitas de en medio.

Ahora también han incluido la violencia sexual.

Partimos de la base de que el artículo 153 del Código Penal es una locura. Porque creo que la mitad de las denuncias irían por el 153. El problema de las denuncias falsas es muy grave. No sabemos cuántas son. Obviamente, muchas más de las que dice la Fiscalía. Pero está el problema de la denuncia instrumental, que es peor todavía.

Yo tengo la impresión de que casos de mujeres maltratadas muy graves, y casos de denuncias falsas muy viles, son una minoría. El problema es el 153. La denuncia instrumental en una pelea mutua, como pasó con Juana Rivas. 

Una pelea de pareja en la que el tablero inclinado convierte la situación del varón en la desprotección más absoluta. Hablamos de que en una pelea de pareja, no se va a tratar a los dos con el mismo rasero.

«Cuando empecé el libro, pensaba que el fondo del problema era una buena intención. intención de proteger. He descubierto que no. Que hay una red clientelar muy grande, y que hay un fanatismo muy insensible», cuenta Juan Soto Ivars en esta entrevista.

También por parte de las mujeres, se está utilizando estas denuncias como amenaza… 

La amenaza de “si no cedes, te denuncio”. Son denuncias que no llegan a interponerse porque ante la amenaza, prefiere retirar la custodia compartida, o la cuestión que sea.

¿Se están utilizando los procedimientos de violencia de género para denunciar otros delitos, como amenazas o coacciones?

Es que el chantaje que te propone este tema cuando lo hablas en debate con una feminista te responden con que frivolizas con la situación que vive la mujer maltratada. Y de lo que parece que no quieren enterarse, es de que 200.000 denuncias en un año no son eso. 

Por eso a mí me interesa hablar del artículo 153. Porque es el que hace pasar como violencia contra la mujer muchas situaciones que no se parecen en nada a lo que entendemos por una mujer desamparada, vulnerable o maltratada por un psicópata.

«El feminismo se parece al nacionalismo en una cosa. Se considera que la mujer es un pueblo separado del resto. Y si criticas lo que hace la mala mujer, estás llamando a las mujeres malas».

¿Tendrías algún ejemplo?

Te cuento el caso. Es una pareja que se lleva fatal, y tienen una hija, de unos dos años. Están enfrentados todo el día, y se separan. Como la niña es un “marrón”, ella accede a la custodia compartida.  

Y él se echa otra novia. Entonces ella, se siente vilipendiada, despechada, y le monta un pollo en uno de lo intercambios de la niña. Pierde los papeles, y le agrede. Él la empuja, y ella se da un golpe con un mueble, sin hacerse herida.

Ella le denuncia. Por algo que es real, que le empuja. Pero ella le estaba arañando la cara. Y él acepta una condena de conformidad, pero pierde la custodia compartida, porque al aceptar la conformidad, ya es un “maltratador”. 

La única ventaja que tienen los hombres en esta situación, es que las juezas de instrucción están hartas de estas situaciones. En general, mi experiencia con estas juezas de violencia sobre la mujer es que están hartas. Pero nadie alza la voz.

¿Qué te dicen abogados, jueces… ante un caso como este?

Una jueza de instrucción me dijo que ella ya habla con la fiscal y la procuradora para dejar claro que el caso no va a ningún sitio. La Fiscalía está obligada a acusar en violencia de género, porque si no, tiene que dar muchas explicaciones. Pero acuerdan archivarlo. Lo arreglan en el despacho, con la denuncia. Lo ven venir, porque son casos evidentes.

¿Por qué crees que las denuncias falsas se han convertido en un tabú?

Porque el feminismo se parece al nacionalismo en una cosa. Se considera que la mujer es un pueblo separado del resto. Y si criticas lo que hace la mala mujer, estás llamando a las mujeres malas.

Yo echo de menos un debate en el que una feminista me explique por qué no se lanzan al cuello de aquellas que están cometiendo un fraude sobre un tema tan sensible como este. Las mujeres tendrían que haber escrito este libro.

Porque mientras esto pasa, para las mujeres realmente víctimas no hay recursos. No hay ayudas. El dinero no está llegando a estas mujeres, está destinándose a personas que cobran para que la sociedad reciba sólo información falsa.

«Yo tengo muchísimos casos de hombres que se suicidan por estas denuncias. Y no hay ningún esfuerzo institucional para averiguar qué pasa con esto», explica el autor.

¿Muchas veces, estos casos llegan a juicio para “quitarse el marrón»?

Efectivamente. Los policías lo dicen, y los instructores de violencia lo dicen. Pasan “la pelota” para arriba.

La frase es “yo me cubro las espaldas”, que es lo que te dicen los policías. Tienen pavor de que no mandar a un hombre al calabozo, o no recoger la denuncia, acabe en una mujer muerta en su conciencia.

Esto para un hombre es devastador. Y yo pido que se haga un estudio sobre el riesgo de suicidio, y el hombre víctima de denuncias falsas por violencia de género.

Yo tengo muchísimos casos de hombres que se suicidan por estas denuncias. Y no hay ningún esfuerzo institucional para averiguar qué pasa con esto.

La Fiscalía no persigue las denuncias falsas. Y los hombres tampoco hablan

No. No lo hacen. Porque también hay una cosa «enfermiza» entre los hombres denunciados, víctima de la «bala de plata», que siguen protegiendo a la madre de sus hijos, a la mujer que les ha arruinado la vida. Es un instinto de protección que he visto en muchos casos.

¿Hay impunidad de la denuncia falsa?

Casi del 100%. Hay un montón de sentencias de absolución. Y hay otras, en las que la Fiscalía, a pesar de todo, no persigue. No lo hace jamás.

Es un hecho que la Fiscalía no persigue las denuncias falsas de violencia de género.

«A los hombres les aconsejaría que lo grabaran todo. Muchos se salvan porque había audio. Que reduzcan al máximo el contacto. Que no mantengan relaciones sexuales, porque de ahí vienen gran parte de las denuncias por agresión sexual».

¿Y cuál sería la solución?

Yo la ley no la derogaría, porque prefiero que se reforme. Porque hay cosas que sí se tienen que eliminar, como el hecho de que ser hombre sea un agravante en un delito.

Pero yo creo que también es importante dejar de percibir la violencia mortal contra la mujer como un iceberg. El «vete a tomar por culo» no es un asesinato. No tiene nada que ver. «Tratarse mal», por una bronca, por una discusión, no es un «maltrato».

E intentar que haya muy pocos juicios de divorcio.

¿Qué consejos le darías a un hombre en un proceso de divorcio?

A los hombres les aconsejaría que lo grabaran todo. Muchos se salvan porque había audio. Que reduzcan al máximo el contacto. Que no mantengan relaciones sexuales, porque de ahí vienen gran parte de las denuncias por agresión sexual.

Los consejos que se pueden dar a una maltratada, se parecen mucho a los que se pueden dar a un hombre con una denuncia falsa. Pero el consejo más terrorífico es para el que está metido ya en el proceso: el instinto te pide pelear por la custodia, por ver a tus hijos.

Pero el consejo es que el hombre renuncie a cualquier proceso judicial. Y que espere a que los menores se hagan preguntas.

Aunque a veces se deje a los niños en manos de una maltratadora.

¿Te ha cambiado la perspectiva con este libro?

Cuando empecé, pensaba que el fondo del problema era una buena intención. intención de proteger. He descubierto que no. Que hay una red clientelar muy grande, y que hay un fanatismo muy insensible.

Y lo he descubierto después de escribir el libro, cuando las feministas no reaccionan cuando les dices que las víctimas de las denuncias falsas también son las verdaderas víctimas, a las que absorben los recursos. Pero eso tampoco existe.

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