Julián Sánchez Melgar, Jesús Lorenzo Aguilar, Samuel Moraleda y Laura Barrios formaron la mesa de presentación.

Jesús Lorenzo Aguilar rescata la Hispania celta en “La princesa del Guadiana”

16 / 03 / 2026 05:39

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Hay en la historia de los pueblos un instante decisivo en que la memoria se rebela contra el olvido y decide erguirse, como un viejo estandarte sacudido por el viento, para recordar a los hombres que antes de los imperios existieron la tierra, la sangre y el coraje.

La princesa del Guadiana, la nueva novela de Jesús Lorenzo Aguilar (Ediciones Lorca) –la décima de este jurista, para ser exactos–, rescata precisamente uno de esos episodios legendarios de la antigua Hispania y sitúa al lector en el convulso escenario de las luchas entre los pueblos prerromanos y el avance implacable del Imperio romano, cuya maquinaria militar —tan eficaz como inexorable— fue laminando, una tras otra, las antiguas civilizaciones que habitaban la península.

Bien arropado en la presentación

Fue precisamente esta obra, cargada de resonancias épicas y de evocaciones históricas, la que se presentó el pasado jueves, 12 de marzo, en el restaurante madrileño La Leñera, en un acto que reunió a un nutrido público y a diversas personalidades del ámbito jurídico, empresarial y administrativo.

Junto al autor intervinieron Julián Sánchez Melgar, magistrado del Tribunal Supremo y exfiscal general del Estado; Samuel Moraleda, presidente de la Confederación Hidrográfica del Guadiana; y Laura Barrios, directora de la editorial Tirant lo Blanch.

Abrió el turno de intervenciones Julián Sánchez Melgar, quien evocó la trayectoria literaria de Jesús Lorenzo Aguilar recordando las novelas que han jalonado su producción narrativa y ofreciendo a los asistentes una breve semblanza del argumento de la obra presentada.

Sus palabras, medidas y sobrias, parecían recordar que incluso quienes se han habituado al rigor del derecho saben reconocer en la literatura un territorio donde la verdad humana se expresa con otros códigos, acaso más profundos.

Samuel Moraleda, por su parte, ofreció una lectura particularmente sugestiva de la novela al señalar que el río Guadiana no era en ella un simple escenario geográfico, sino un auténtico personaje que atraviesa la narración con la silenciosa dignidad de lo que ha sobrevivido a generaciones enteras. Recordó además la importancia histórica de este río, cuyas riberas han sido durante milenios lugar de asentamientos humanos y escenario de múltiples episodios de la historia peninsular, como si el propio Guadiana —indiferente al paso de los siglos— contemplara con paciente ironía las grandezas y miserias de quienes habitaron sus orillas.

Laura Barrios puso el acento en la relación profesional que mantiene desde hace años con el autor, fruto de una colaboración prolongada en el desarrollo de diversos programas editoriales de Tirant lo Blanch.

Su intervención permitió asomarse a esa dimensión menos visible de la creación literaria: la del diálogo constante entre autor y editor, donde las ideas, las intuiciones y el trabajo paciente terminan por cristalizar en el objeto tangible que llamamos libro.

Entre el público se encontraban lectores habituales de la obra de Aguilar, así como destacadas personalidades del mundo judicial, empresarial y mediador, además de altos cargos de la administración pública, circunstancia que confería al acto una cierta atmósfera de foro cívico donde la literatura —como tantas veces ha ocurrido— servía de punto de encuentro entre ámbitos muy distintos de la vida pública.

Fascinación por el mundo celta

Cuando finalmente tomó la palabra, Jesús Lorenzo Aguilar explicó el origen de la novela y la fascinación que le había llevado a explorar el mundo celta asentado en la Península Ibérica en los siglos anteriores a nuestra era.

Describió aquella sociedad que, en el siglo II antes de Cristo, aún se manifestaba con vigor en Hispania, con sus valores, sus creencias y su particular concepción del mundo, hasta que la llegada de los ejércitos romanos terminó por alterar de forma irreversible su destino, empujando a muchos de aquellos pueblos hacia el norte y obligando a algunos a emigrar hasta las tierras irlandesas.

La acción de la novela se sitúa en la antigua ciudad de Lacimurga, en la actual Extremadura, donde Brigid gobierna los territorios cercanos al vado del Guadiana.

Desde ese enclave se despliega una historia donde el amor, la guerra y la aventura se entrelazan con el trasfondo histórico de la resistencia de Viriato frente a Roma, componiendo una narración trepidante que —según se destacó durante el acto— atrapa al lector desde la primera página.

Y acaso esa sea la verdadera virtud de obras como esta: recordarnos que bajo la costra del tiempo laten todavía historias que, si alguien se decide a rescatarlas, vuelven a hablarnos con una voz sorprendentemente viva, como si los siglos no hubiesen conseguido apagar del todo el eco de quienes lucharon, amaron y soñaron antes que nosotros.

El autor firmando uno de los libros tras la presentación.

En el centro de la narración emerge la figura de Brigid, conocida como la princesa del Guadiana, una mujer que encarna la resistencia y la valentía de un mundo que se resiste a desaparecer, defendiendo su tierra y su pueblo frente a las legiones romanas con la determinación de quien sabe que la derrota puede ser inevitable, pero jamás indigna.

En torno a esta figura se entreteje una trama donde la historia se confunde con la aventura, donde el amor irrumpe como una llama inesperada en medio de la guerra, y donde los elementos culturales del suroeste peninsular —las creencias, los ritos, la íntima relación con la naturaleza— aparecen como el último refugio de una civilización que se sabe amenazada por el avance de un orden nuevo y devastador.

Un jurista-novelista

Nacido en Orellana de la Sierra (Badajoz) en 1963, Jesús Lorenzo Aguilar es abogado, mediador y estudioso del Derecho, con una larga trayectoria profesional en el ámbito jurídico.

Ha desarrollado su carrera durante más de tres décadas y es considerado uno de los impulsores de la mediación en España. Actualmente es director general de la Asociación Española de Mediación (ASEMED), además de profesor y director de programas formativos en mediación y resolución de conflictos.

Su formación académica incluye estudios de doctorado en Derecho Penal y Criminología, además de másteres en Mediación y en Responsabilidad Penal de las Personas Jurídicas.

A lo largo de su carrera ha dirigido congresos y jornadas jurídicas y ha participado como conferenciante en foros especializados sobre mediación y resolución alternativa de conflictos.

Por su aportación al ámbito jurídico y académico, ha recibido diversas distinciones y reconocimientos, entre ellos la Cruz Distinguida de Primera Clase de la Orden de San Raimundo de Peñafort, una de las condecoraciones más prestigiosas concedidas a juristas y profesionales del Derecho en España.

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