Las premiadas, Érika Torregrosa, CEO de Diplocorp; Isabel Winkels Arce, vicedecana del Colegio de la Abogacía de Madrid; Pilar Llop, magistrada de la Audiencia Provincial de Madrid, exministra de Justicia y expresidenta del Senado; María Jesús del Barco, presidenta de los Tribunales de Instancia de Madrid; y Sonia Calaza, decana de la Facultad de Derecho de la UNED. Foto: Confilegal.

Cinco mujeres, cinco trayectorias: PROLAJ premia el Liderazgo Femenino en el mundo de la Justicia

18 / 03 / 2026 05:45

Actualizado el 18 / 03 / 2026 23:21

El Senado acogió el pasado lunes un acto inusual en el calendario jurídico español. La Asociación Profesional de Letrados de la Administración de Justicia (PROLAJ) entregó sus primeros Premios Liderazgo Femenino en la Justicia a cinco mujeres que, desde la judicatura, la abogacía, la universidad, la política y el mundo empresarial, han construido trayectorias que el propio escenario cargó de significado.

Porque el Senado no era un telón de fondo neutro: en esa misma Cámara, hace casi cincuenta años, seis senadoras —entre ellas Juana Arce Molina, madre de una de las premiadas— inauguraron la democracia española.

Las galardonadas fueron Erika Torregrosa, CEO de Diplocorp; Sonia Calaza, decana de la Facultad de Derecho de la UNED; Isabel Winkels, vicedecana del Colegio de la Abogacía de Madrid; María Jesús del Barco, presidenta de los Tribunales de Instancia de Madrid; y Pilar Llop, magistrada, exministra de Justicia y expresidenta del Senado; y experta en derechos humanos.

La Cámara alta presentaba un lleno completo. Foto: Confilegal.
En la primera fila, las premiadas. En la segunda los responsables de las laudatios.

Un acto con sorpresa incorporada

Alejandro Asensio, presidente de PROLAJ, abrió el acto con un discurso que pivotó sobre la diferencia entre admirar y envidiar.

«A los líderes se les admira o se les envidia», dijo. «Nosotros admiramos, porque el que envidia destruye, mientras que admirar es mirar hacia arriba y construir». Asensio adelantó que había reservado un factor sorpresa: la intervención no anunciada de Juan Carlos Campo, magistrado del Tribunal Constitucional y exministro de Justicia.

Campo no defraudó. Conectó el homenaje con el recuerdo del 8 de marzo y con la historia de las pioneras del derecho español e internacional, desde Clara Campoamor hasta Ruth Bader Ginsburg.

Reconoció que, pese a que las mujeres son ya mayoría en las facultades de Derecho y en las nuevas promociones judiciales, ese avance «todavía no se refleja plenamente en los niveles más altos de responsabilidad».

Y reclamó que la igualdad «no se mide solo por el acceso, sino también por las oportunidades de promoción y la presencia en los espacios donde se toman las decisiones».

Juan Carlos Campo, magistrado del Tribunal Constitucional, abrió con un corto parlamento el evento de Prolaj. Foto: Confilegal.

Cinco trayectorias, un hilo común: Érika Torregrosa

Los elogios corrieron a cargo de figuras de primer nivel del mundo jurídico. Jesús Sánchez, consejero del Consejo General de la Abogacía Española y decano emérito del Colegio de la Abogacía de Barcelona (ICAB), presentó a Erika Torregrosa con la calidez de quien habla de una amiga de más de diez años. «No es una activista de los derechos humanos conocida al uso», dijo.

«Es una activista combatiente, discreta, siempre dispuesta a ayudar a quien se lo pide sin contraprestación de tipo alguno». Repasó una carrera construida sobre dos oposiciones aprobadas, la creación del Observatorio de los Derechos de las Personas del ICAB, la secretaría general del Colegio de Abogacía Penal Internacional adscrito a la Corte Penal Internacional de La Haya y su papel como asesora de víctimas en el proceso de paz de Colombia, donde fue una de las impulsoras de la justicia restaurativa.

Y cerró con la complicidad de quien comparte agenda: «No hay un foro, sea lúdico o jurídico, en el que te encuentres donde la mayor parte de los asistentes no la conozcan y no compartan anécdotas con ella».

Jesús Sánchez dibujo un potente perfil de su amiga, Érika Torregrosa. Foto: Confilegal.

Torregrosa subió al estrado visiblemente emocionada y arrancó con humor: «Cuando me dijeron que estaba entre los nombres de Sonia, Chus, Pilar e Isabel, pensé: os habéis equivocado. Pero después me dieron los motivos y pensé: bueno, igual sí que me lo merezco un poquito».

Explicó que su historia con el derecho empieza hace más de cincuenta años en Colombia, con un abuelo exiliado de la Guerra Civil que murió asesinado al salir de un juicio.

«Llegué a España con trece años con una cosa clara: quería estudiar Derecho para evitar que volviera a ocurrir lo que le pasó a mi abuelo».

Y cerró con una reflexión que resumía toda su trayectoria: «Cada decisión justa abre una puerta para cambiar el destino de alguien. Si la justicia sirve para algo, sirve precisamente para eso».

Érika Torregrosa recordó sus raíces españolas, su abuelo, que dejó nuestro país por la guerra civil. «Cada decisión justa abre una puerta para cambiar el destino de alguien. Si la justicia sirve para algo, sirve precisamente para eso», afirmó. Foto: Confilegal.

Sonia Calaza

Fátima Yáñez, catedrática de Derecho Civil de la UNED y amiga íntima de Sonia Calaza desde la infancia, le dedicó una laudatio que fue probablemente la intervención más literaria de la tarde.

Para retratar a la rectora, echó mano de Italo Calvino y de su libro Seis propuestas para el nuevo milenio, proyectando uno a uno los seis valores que el escritor italiano proponía para la literatura —levedad, rapidez, exactitud, visibilidad, multiplicidad y constancia— sobre la biografía de su amiga con una precisión que arrancó carcajadas y aplausos a partes iguales.

La imaginó como la musa de Picasso en «Dos mujeres corriendo por la playa»: «Libre, valiente, siempre independiente, a merced de la brisa marina». Y cerró con una frase que detuvo el tiempo en la sala: «Si no existieras, no me quedaría otro remedio que inventarte».

Sonia Calaza, decana de la Facultad de Derecho de la UNED, y su amiga Fátima Yáñez, catedrática de derecho civil, responsable de la su laudatio. Foto: Confilegal.

Calaza tomó la palabra visiblemente conmocionada. Reconoció que su tono iba a ser «mucho más bajo» que el de su queridísima Fátima, y agradeció el premio a PROLAJ y a su amiga con una emoción que no intentó disimular: «Creo que son las palabras más bonitas que me han dedicado en mi vida, y estoy segura de que no las voy a volver a escuchar».

Describió este reconocimiento como especialmente significativo para ella en su condición de catedrática de Derecho Procesal y decana de la Facultad de Derecho de la UNED, la universidad más grande de España y una de las más grandes de Europa.

Y quiso dedicar el galardón a todas las mujeres que «en una situación de extrema adversidad tuvieron un sueño profesional y lo emprendieron», y también a las que les tendieron la mano en el camino.

Algunas lo consiguieron, dijo. Otras no. Y en nombre de todas ellas lo dedicó a una muy especial que no pudo estar presente: «Se llama Soraya Flórez Nieto, y no ha podido venir porque ha perdido la batalla».

Sonia Calaza se sintió muy conmovida por las palabras que le regaló su amiga Fátima Yáñez. Foto: Confiegal.

Isabel Winkels

Carlos Berbell, periodista, director de Confilegal, presentó a Isabel Winkels Arce, vicedecana del Colegio de la Abogacía de Madrid con voz afectada por un catarro que no le impidió trazar la semblanza que había construido antes. Definió la empatía como «la palabra que resume la esencia de Isabel Winkels Arce» y subrayó su batalla por la creación de juzgados exclusivamente de familia en toda España.

Y su denuncia, tanto ante el Senado como ante el Congreso, de que la imposición de los MASC en los procesos de familia con menores está generando retrasos, inseguridad jurídica y situaciones de desprotección para los niños.

Isabel Winkels, vicedecana del Colegio de la Abogacía de Madrid, con Carlos Berbell, director de Confilegal, quien hizo un perfil de su amiga. Foto: Confilegal.

Cerró con la dimensión más simbólica de la tarde: Isabel Winkels Arce es hija de Juana Arce Molina, senadora por Albacete en la Legislatura Constituyente de 1977, una de las seis mujeres que se ganaron a pulso su escaño en esa misma Cámara donde hoy se reconocía a su hija. «Al reconocer a Isabel», concluyó Berbell, «honramos también esa herencia».

Winkels reconoció que la muerte de su madre, hace apenas cuatro meses, cargaba el premio de una emoción especial. Contó que su padre los llevaba de pequeños a ver a su madre dar mítines por los pueblos de Albacete: «Los bares llenos de gente en silencio sepulcral, escuchando a tu madre. Esa imagen la tenemos los tres hermanos clavada en la retina».

Fue, dijo, la senadora más votada de toda la provincia, con más de 7.000 votos por encima de su propio partido. «Cuando convives con una persona así, lo vas absorbiendo. Y cuando empiezas a trabajar, coges esa antorcha sin pensarlo».

La vicedecana del Colegio de la Abogacía de Madrid, Isabel Winkels Arce, rememoró a su madre, senadora en la Legislatura Constituyente, una de las seis mujeres que ocuparon aquellos escaños. Foto: Confilegal.

María Jesús del Barco

Manuel Almenar, magistrado de la Sala Civil del Tribunal Supremo, presentó a María Jesús del Barco repasando su carrera desde el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Órdenes, en La Coruña, donde ambos se conocieron en 1999, hasta su elección como presidenta del Tribunal de Instancia de Madrid, convirtiéndose en la segunda mujer decana de los juzgados de la capital.

Almenar rescató una orden ministerial de 1934 en la que se respondía a una mujer que preguntaba si podía opositar a juez: la respuesta, con elegancia, era que no, porque a lo mejor tenía que salir de noche por razones de guardia «en circunstancias un tanto sospechosas».

Un documento que, señaló, «merece la pena leer porque recoge cuál era la situación», y que no cambiaría hasta 1966. «Pertenece a la categoría de quienes quieren hacer algo, no ser alguien», dijo de Del Barco, citando a Jean Monnet. «Y en esa categoría hay mucha menos competencia».

Manuel Almenar, magistrado de la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo, hizo la laudatio de su amiga, María Jesús del Barco, presidenta de los Tribunales de Instancia de Madrid, antes jueza decana de los Juzgados de la capital de España. Foto: Confilegal.

Del Barco tomó la palabra desde la humildad de quien procede de una familia en la que estudiar una carrera «era una oportunidad, no el camino lógico». Reivindicó la colaboración leal entre todos los operadores jurídicos como condición para que la justicia funcione, y reclamó igualdad de oportunidades sin tutelas ni políticas paternalistas: «Quiero que me traten como una persona capaz de alcanzar las cosas por mí misma».

Pero también miró más allá de la sala: «Hay millones de mujeres cuyo techo de cristal muchos días es sobrevivir».

Y recordó a su madre, nacida en un pueblo castellano en plena Guerra Civil, que aprendió a leer y a escribir y le dejó una máxima que arrancó las risas del auditorio: «Trabaja para que no dependas de ningún hombre, porque no todos son como tu padre».

María Jesús del Barco recordó a su madre y los consejos que le dio: tienes que ser independiente para no depender de nadie. Foto: Confilegal.

Pilar Llop

La magistrada Isabel Valdecabras, presidenta-directora general de la de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre–Real Casa de la Moneda presentó a Pilar Llop con una laudatio que arrancó con una reflexión sobre la singularidad del momento: en esa sala había al menos dos personas —Llop y Campo— que han pasado por el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, lo que, dijo, «te da una visión muy completa de la justicia y de las dificultades que supone tomar decisiones».

Pero lo que más destacó de Llop no fue ninguno de sus cargos institucionales, sino algo mucho más cotidiano: «La primera llamada que recibí cuando Pilar volvió a las trincheras fue: ‘Hola nena, tengo un problema con el certificado y necesito firmar resoluciones’. Poca gente, cuando se baja del coche oficial, recuerda lo que es ser ciudadano de a pie».

Valdecabras también reivindicó el diálogo como seña de identidad europea en tiempos convulsos, recordando la muerte reciente del filósofo Jürgen Habermas, defensor de la democracia deliberativa: «Dialogar con quien opina lo mismo que tú no tiene ningún mérito. Lo que tiene mérito es escuchar al que opina diferente».

Isabel Valdecabras dibujo un perfil elogioso de su amiga, Pilar Llop, magistrada de la Audiencia Provincial de Madrid. Foto: Confilegal.

Para Llop recibir el premio en la Cámara Alta, que presidió desde diciembre de 2019 hasta julio de 2021, el acto tuvo un significado muy especial. Porque guarda grandes recuerdos y en su interior sigue considerándola su casa.

La magistrada, destinada en la Audiencia Provincial de Madrid, agradeció el galardón y reconoció que llevan treinta años trabajando por la paridad desde la Plataforma de Pekín de 1995 «y todavía no hemos alcanzado esa paridad» en las presidencias de los grandes tribunales. Aunque saludó un hito histórico: la primera presidenta del Tribunal Supremo y del CGPJ, Isabel Perelló.

Confesó que es «feminista casi desde que nació» y cerró con una declaración de principios que define toda su trayectoria: «Soy abolicionista. Creo que hay que abolir la prostitución. Cada pequeña cosa que hacemos es un eslabón más de esa cadena de igualdad que va a permitir que otras mujeres, en otros lugares, puedan llegar a ser libres».

Pilar Llop estaba muy feliz por el premio y por el hecho de que se lo dieran en su antigua «casa», que presidió. Foto: Confilegal.

Fernando Santiago: las trayectorias, no los discursos

Cerró el ciclo de intervenciones Fernando Jesús Santiago Ollero, presidente del Consejo General de Gestores Administrativos, que defendió que «las mejores transformaciones en el mundo del derecho nunca se han producido a través de discursos o de cambios abruptos, sino a través de algo mucho más sólido y duradero: la acumulación de buenas trayectorias profesionales».

Fernando Jesús Santiago Ollero, presidente del Consejo General de los Gestores Administrativos puso punto final al evento. Foto: Confilegal.

Santiago subrayó que las cinco premiadas habían operado desde espacios distintos —la judicatura, la abogacía, la universidad, la política y la administración pública— pero con un elemento común: el respeto a las instituciones y el compromiso con el servicio público que representa la justicia.

Nilufar Saberi, activista iraní por los derechos humanos fue la última en intervenir en un acto que se alargó hasta las dos horas y media.

El acto no fue del todo perfecto. Adoleció de la foto de todas las premiadas juntas. Esto fue lo más cercano a ese concepto clásico.

El acto concluyó con un mensaje compartido por todos los intervinientes: que el liderazgo femenino en la justicia no es un eslogan ni una concesión, sino una exigencia democrática. Y que el Senado, escenario donde todo empezó hace casi medio siglo, era el lugar más apropiado para recordarlo.

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