Miguel Puigserver, figura cardinal en la historia reciente de los gestores administrativos españoles, ha fallecido a los 93 años dejando tras de sí más de 50 años de ejercicio profesional y un rastro institucional que tardará mucho en borrarse.
El Consejo General de Colegios de Gestores Administrativos de España fue el primero en trasladar su pesar. Y hay razones de sobra para ello.
Puigserver no fue un gestor más. Fue, durante tres décadas consecutivas, el presidente del Colegio Oficial de Gestores Administrativos de Baleares. Treinta años. Una generación entera de profesionales creció y se formó bajo su conducción. El Colegio que dejó era, según quienes le conocieron, una organización radicalmente distinta —más sólida, más cohesionada, con mayor peso territorial— a la que había encontrado.
Pero la proyección de Puigserver no se detuvo en las islas.
Fue presidente del Consejo General durante 6 años
Entre 2000 y 2006, presidió el Consejo General de Colegios de Gestores Administrativos de España. Seis años en los que el colectivo ganó visibilidad institucional y reforzó su posición en el engranaje administrativo del país.
Un periodo, conviene recordarlo, en el que la relación entre la Administración y los administrados comenzaba a transitar hacia una complejidad normativa y tecnológica sin precedentes. Puigserver lo vio venir antes que la mayoría.
Fernando Jesús Santiago Ollero, actual presidente del Consejo General, no ha dudado en subrayarlo: «Nos deja una persona que entendió antes que muchos hacia dónde debía evolucionar nuestra profesión. Su trabajo contribuyó a que hoy los gestores administrativos seamos reconocidos como una pieza esencial en el funcionamiento del sistema administrativo. Su legado es, sobre todo, una forma de hacer: con responsabilidad, con sentido institucional y con compromiso con la sociedad».
Pocas veces una necrológica institucional resume tan bien lo que alguien fue.
Porque Puigserver., que falleció el pasado 4 de mayo, entendió algo que no todos comprenden a tiempo: que el gestor administrativo no es un mero tramitador de papeles.
Perfeccionó el trabajo de los gestores
Es el intérprete cualificado que traduce la maraña burocrática en actos concretos para autónomos, empresas y particulares que, de otro modo, quedarían perdidos en los vericuetos de un sistema cada vez más exigente e impenetrable.
Esa convicción —rigor, cercanía, utilidad práctica— vertebró toda su trayectoria.
Mallorquín de raíces hondas, Puigserver estaba profundamente vinculado a María de la Salut, el municipio de la Part Forana donde el tiempo transcurre a otro ritmo.
Cazador por vocación y por herencia del campo mallorquín, extendió esa pasión a lo largo de toda la península, con especial querencia por el Pirineo oscense. Pescador también, desde una golondrina —una de esas pequeñas embarcaciones tradicionales que conservan el alma de las antiguas familias de la isla— tendió siempre hacia el mar.
En torno a la caza forjó un círculo de amistades tan amplio como leal. Quienes le conocieron en ese ámbito coinciden en describirle con las mismas palabras: directo, sin artificios, sin dobleces. La misma manera de ser que aplicó a la profesión.
El Consejo General ha expresado sus condolencias a la familia y a quienes compartieron con Puigserver décadas de trabajo. Su figura, señala la institución, permanecerá como referencia para las generaciones presentes y futuras de gestores administrativos.
Hay personas cuya huella se mide en mandatos y acuerdos. Y hay personas cuya huella se mide en la forma en que otros entienden, años después, lo que significa hacer bien un trabajo. Miguel Puigserver fue, sin duda, de las segundas.