Javier Íscar de Hoyos lleva doce años convirtiendo el Open de Arbitraje que preside en algo que los congresos jurídicos convencionales rara vez consiguen: un evento que la gente espera con genuina impaciencia. Y que cada año convierte a Madrid en la capital mundial del arbitraje.
El de este año no es una excepción.
Abogado, árbitro en ejercicio y vicepresidente del Centro Iberoamericano de Arbitraje (CIIAM), Íscar ha construido una cita anual que este año ha llenado la Estación Gran Teatro Príncipe Pío de Madrid con 650 profesionales de todo el mundo.
En la puerta, cuatro Aston Martin y la Fórmula 1 como hilo conductor. No es casualidad: la primera carrera del Gran Premio de España se disputará el domingo 13 de septiembre en el nuevo circuito urbano MadRing, trazado alrededor de IFEMA y Valdebebas.
Velocidad, precisión y conflicto. Los mismos ingredientes del arbitraje internacional.
A lo largo de 2 jornadas y más de 20 mesas de debate, el Open 2026 está abordando los grandes retos del arbitraje contemporáneo: el impacto de la inteligencia artificial en los procedimientos, el reequilibrio contractual en contextos de inestabilidad económica, los conflictos en los sectores de la energía y la tecnología.
También el arbitraje en tiempos de guerra y condiciones extremas, la financiación de litigios, las cláusulas de cancelación y guerra en contratos internacionales, el arbitraje frente al Estado en América Latina, y la estrategia probatoria basada en datos.
Todo ello con la participación de firmas de primer nivel a escala global —DLA Piper, A&O Shearman, Freshfields, Greenberg Traurig, Gómez-Acebo & Pombo o Latham & Watkins, entre otras— y profesionales llegados de Europa, América Latina y Estados Unidos.
¿En qué edición estamos del Open de Arbitraje?
En la duodécima. Son 12 años consecutivos organizando el Open.
¿Por qué este año el «leit motiv» es la Fórmula 1?
Porque es la primera vez que Madrid va a acoger un Gran Premio de Fórmula 1. El tema está muy alineado con los valores que queremos transmitir: precisión, velocidad, tensión competitiva y, sobre todo, una dimensión muy internacional.
Nos pareció que era el momento de atrevernos con algo así.
Al margen del Open de Madrid, ¿qué otros eventos organiza a lo largo del año?
El Open de Mayo en Madrid es el evento central, y llevamos también doce años sin fallar.
Luego hay otro Open grande en Latinoamérica, siempre en otoño —octubre o noviembre—. Se ha celebrado dos años en Lima pero este año nos vamos a México.
Y cada mes y medio organizo los llamados Little Open, seminarios de hora y media o dos horas que se celebran en distintas firmas.

Usted también es vicepresidente del Centro Internacional e Iberoamericano de Arbitraje de Madrid (CIIAM) ¿Cómo encaja esa responsabilidad con el Open?
No es fácil conjugarlo todo, porque al final yo soy árbitro en ejercicio, lo que implica mantener una neutralidad casi excelentísima.
Organizar un congreso con patrocinadores y asistentes añade una capa de complejidad. Pero la vicepresidencia del CIIAM me proporciona una visión institucional del arbitraje que enriquece mucho el contenido del Open.
Es una visión de 360 grados que de otra manera sería difícil de tener.
¿Quiénes son los asistentes del Open? ¿Vienen principalmente árbitros o también empresas?
El éxito del Open reside precisamente en la presencia empresarial. El 30% de los 650 inscritos son empresas: abogados in house de grandes compañías de energía, construcción e inmobiliarias, junto con la Abogacía del Estado, procuradores y profesionales de América Latina.
Eso lo diferencia de otros congresos del sector.

Precisamente en ese ámbito empresarial, el de los abogados de empresa, en España hay un debate sin resolver: el reconocimiento del secreto profesional del abogado «in house». ¿Cuál es su posición?
Estoy firmemente a favor. El abogado in house tiene que tener exactamente los mismos derechos de defensa profesional que el abogado de despacho.
Si acaso, hay razón de más para proteger ese secreto, porque trabaja para un único cliente. Un abogado in house es tan abogado como cualquier otro, ni más ni menos, y sus derechos e intereses merecen la misma protección.
Doce ediciones implican doce años de sorpresas. ¿Cuál ha sido el «conejo de la chistera» de esta edición?
La expectación ya venía generada desde la edición anterior, porque cada año la gente sabe que el siguiente va a superar al anterior. Al anunciar la temática de Fórmula 1, el listón subió solo.
Este año hemos colocado cuatro Aston Martin en la puerta del recinto, la decoración interior del teatro recrea la atmósfera de un paddock.
Esta tarde, para acabar, hemos celebrado una conversación con dos personas muy especiales: el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, y Luis García Abad, director general del Gran Premio de España de F1 MadRing, que han explicado por qué Madrid se ha convertido en un destino tan atractivo para los grandes negocios internacionales.
La primera carrera de Fórmula 1 en Madrid se disputará del 11 al 13 de septiembre de este año, con la carrera principal el domingo 13 en el nuevo circuito urbano MadRing, alrededor de IFEMA y Valdebebas.
Como bien ha dicho el alcalde, ya no es de Madrid al cielo sino del cielo a Madrid.


Con 650 asistentes presenciales, ¿hay también seguimiento en streaming?
No. El evento es presencial al cien por cien. Lo hicimos en streaming durante la pandemia y mantuvimos esa fórmula dos años más por inercia, pero el Open no se puede vivir plenamente a través de una pantalla. Hay que venir. El networking, las relaciones, son esenciales.
En esta ocasión hemos traído dos simuladores de bólidos de Fórmula 1 que están teniendo un gran éxito.
Esta es una forma de acercarse al arbitraje que es creativa, divertida y, sobre todo, presencial. Los congresos convencionales son demasiado aburridos.
¿Ha probado usted los simuladores de Fórmula 1?
Sí, y es considerablemente más difícil que ser árbitro, sin ninguna duda. Eso que supuestamente estaban configurados para novatos.
Ayer [por el martes] en el cóctel de ponentes, lo celebramos en el nuevo Arcade que hay frente al Bernabéu, y todos nos pusimos a los simuladores. Y todos nos dimos unos trompazos memorables.

Esta tarde ha dejado a los asistentes con la boca abierta con su análisis sobre los grandes saltos civilizatorios: la imprenta, internet y ahora la inteligencia artificial. ¿Cómo está impactando la IA en el mundo del arbitraje?
Antes de la IA, todo era información almacenada de forma cada vez más rápida y voluminosa, pero al final era el ser humano quien la analizaba, interpretaba y sacaba conclusiones. La IA va mucho más allá: no solo procesa y corrige la información, sino que te ofrece propuestas, soluciones y puede incluso tomar decisiones.
Si nos dejamos llevar y permitimos que el pensamiento humano se diluya, la IA nos superará.
Por eso es fundamental que el razonamiento humano permanezca activo y crítico, que no asuma como dogma lo que la IA propone.
Por muy acertadas que sean sus sugerencias, si no las analizas, las interiorizas y las defiendes como propias —con capacidad de persuadir a terceros—, nunca serán verdaderamente tuyas.

Los chinos ya están desarrollando robots humanoides. ¿Teme que acabemos viendo robots árbitros?
En cierta medida ya está ocurriendo. La American Arbitration Association tiene procedimientos donde el reconocimiento facial basado en inteligencia artificial resuelve conflictos, y en China la IA ya gestiona litigios masivos de consumo.
Habrá procedimientos, especialmente los más repetitivos y estandarizados, donde acabemos aceptando que la IA es más rápida y eficiente.
Pero un arbitraje comercial o de inversión internacional es otra cosa. En cualquier relación que se rompe hay un componente humano de fondo, una desconexión que no siempre tiene que ver con un retraso en la entrega de materiales o un incumplimiento contractual técnico.
Hay una sensibilidad, un momento exacto en que surgió el conflicto real, que solo quien ha vivido conflictos humanos puede identificar. La tecnología puede analizarlo, pero comprenderlo es otra cosa.
Por último, ¿cómo avanza el posicionamiento del CIIAM como referente del arbitraje en América Latina?
Creo que la gente aún no es del todo consciente de lo que representa haber superado los 70 arbitrajes internacionales en tan poco tiempo. Eso no lo ha conseguido nunca ningún centro en ese plazo.
Y lo relevante no es solo el número, sino de dónde vienen: no son arbitrajes heredados de cláusulas de cortes fundadoras, sino contratos en los que empresas —muchas de ellas no españolas— han decidido incluir al CIIAM como sede de resolución de controversias.
Eso requiere una credibilidad ganada como centro neutral, con un reglamento a la altura de cualquier institución de referencia y árbitros de primer nivel.