Dos de las plataformas de inteligencia artificial más influyentes del sector jurídico han unido fuerzas para resolver uno de los problemas más persistentes del sector: la experiencia acumulada durante décadas en un despacho o departamento legal suele quedar atrapada en carpetas, sistemas dispersos y en la memoria de quienes ya no están.
La alianza entre Harvey —considerada la plataforma de IA de referencia para servicios legales— y DeepJudge —especializada en convertir el conocimiento interno de las organizaciones jurídicas en inteligencia utilizable— apunta directamente a ese déficit.
El objetivo es que los sistemas de inteligencia artificial no solo sean capaces de razonar con rigor, sino de hacerlo con el criterio específico de cada firma: sus precedentes, su terminología, sus posturas negociadas a lo largo de años.
El problema que ambas compañías identifican tiene nombre propio. Lo llaman el context tax, el «impuesto del contexto»: la penalización que sufre cualquier sistema de IA cuando trabaja sin acceso al historial real de una organización.
Da igual lo sofisticado que sea el modelo; si no sabe cómo trabaja ese despacho concreto, sus respuestas quedan en el aire.
La integración funciona en los dos sentidos.
Los flujos de trabajo que se desarrollan en Harvey —redacción de documentos, análisis de contratos, investigación jurídica— se alimentan del repositorio institucional que gestiona DeepJudge, respetando en todo momento los permisos de acceso y las denominadas ethical walls, es decir, las barreras que impiden que información confidencial de un cliente llegue a manos de otro dentro de la misma firma.
Y a la inversa: cada trabajo generado en Harvey enriquece ese repositorio, de modo que el conocimiento colectivo crece con cada asunto resuelto.
«La mayoría de las firmas tienen décadas de experiencia integradas en sus trabajos y decisiones anteriores, pero ese conocimiento a menudo está fragmentado», reconoció Winston Weinberg, CEO y cofundador de Harvey.
Su socia en esta alianza, Paulina Grnarova, cofundadora de DeepJudge, lo resumió con precisión quirúrgica: «El trabajo resultante debe reflejar el criterio, los estándares y las formas de trabajar únicas de cada firma.»
La validación práctica llega desde Holland & Knight, una de las grandes firmas estadounidenses de presencia global.
Su socio Martin Durkin describe la combinación en términos muy directos: Harvey acelera; DeepJudge ancla. Uno pone la velocidad, el otro pone la memoria.
En el sector legal, donde la experiencia acumulada es el producto que se vende, convertir ese activo en algo que una máquina pueda aprovechar en tiempo real no es un detalle técnico. Es, potencialmente, una ventaja competitiva de primer orden.
Harvey opera en más de 60 países y cuenta con más de 1.500 clientes. DeepJudge, fundada por exinvestigadores de Google doctorados en IA por la ETH de Zúrich, tiene presencia en Norteamérica y Europa.