El alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, en el uso de la palabre. Detrás, José Marcos Picón, presidente de la Fundación Apóstol Santiago, Enrique Arnaldo Alcubilla y Bieito Rubido. Foto: Miguel Berrocal.

La Fundación Apóstol Santiago premia a Enrique Arnaldo por su libro ‘El deporte en la literatura’

27 / 06 / 2026 05:42

Hay terrazas en Madrid que son, sin proponérselo, una declaración de principios, como la del Hotel Puerta América, desde la que se puede ver los dos principales templos futbolísticos de la capital. A un lado, el estadio Santiago Bernabéu, y, al otro, el Metropolitano: dos maneras de entender el fútbol separadas por apenas unos kilómetros y reunidas en un mismo horizonte.

Y entre ambos, Enrique Arnaldo Alcubilla, magistrado del Tribunal Constitucional, recibiendo un galardón a los valores del deporte por un libro que ha tardado seis años —o toda una vida, según se mire— en escribir.

La Fundación Apóstol Santiago distinguió, el pasado miércoles por la tarde, a Arnaldo Alcubilla por su libro El deporte en la literatura, una obra que su autor define, sin falsa modestia pero con ironía, como el intento de demostrar que el deporte y la literatura conviven en armonía desde la Antigüedad.

El acto, celebrado bajo el calor de junio y con la promesa expresa de cerveza fría, reunió a un cartel poco habitual: el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, encargado de entregar el premio; el periodista Bieito Rubido, director de El Debate, como presentador del libro; y José Marcos Picón, presidente de la Fundación Apóstol Santiago.

José Marcos Picón, José Luis Martínez Almeida, Bieito Rubido y Enrique Arnaldo Alcubilla. Foto: Miguel Berrocal.

Un premio sin bases, sin jurado y sin convocatoria

Picón fue quien explicó la naturaleza singular del reconocimiento. La Fundación —cuyos fines son la promoción de la cultura física y deportiva en un marco de inspiración cristiana, junto con la investigación jacobea y el Camino de Santiago— instituyó un premio que no tiene bases, ni jurado, ni cuantía, ni periodicidad.

Se concede de forma «amplia, universal y abierta», y solo en contadas ocasiones. Antes lo recibieron una obra pictórica sobre el Apóstol del artista asturiano Miguel Ángel Lombardía y los documentales del director gallego Rubén Ríos, que emplea el cine como herramienta de inclusión social.

Sobre la obra premiada, Picón se permitió una duda erudita y cariñosa. Arnaldo asegura haber dedicado seis años al empeño.

«Quizás sea así, difícil de creer», deslizó el presidente, porque la extensa relación de autores investigados —de Ortega a Unamuno, de Hemingway a Joyce, de Thomas Mann a Stefan Zweig— no se reúne en seis años, sino en miles de horas y, sospecha, en una vida entera de lectura constante.

Rubido y las 476 citas

El director de El Debate se encargó de glosar el libro, y lo hizo desde su oficio. Recordó que la palabra es la herramienta del periodista, pero que la precisión exacta corresponde a dos figuras: el poeta, por lo poco que usa las palabras, y el jurista, por la exactitud que exige una sentencia.

De ahí su recomendación, dirigida a más de un magistrado: punto y seguido, frases menos largas, no perder el sujeto.

Rubido cifró en 476 las citas que atesora la obra —un «monumento de erudición»— y recorrió su geografía literaria: de El maestro de esgrima de Pérez-Reverte a Conan Doyle, de la Ilíada y la Odisea al ritual funerario que Eneas organiza en la Eneida.

No faltó la nota gallega, con Wenceslao Fernández Flórez y el invento del «vicegol», ni el hallazgo que confesó desconocer: que Unamuno, además de filósofo, comentó partidos de pelota vasca.

El director del diario El Debate, Bieito Rubido, elogió la obra de Enrique Arnaldo. Foto: Miguel Berrocal.

Almeida: meritocracia, ejemplo y una matización futbolística

El alcalde estructuró su intervención en torno a tres «quiénes»: quién presenta, quién premia y quién es premiado.

De Rubido elogió un compromiso que, dijo, es solo con la verdad. De la Fundación destacó su apuesta por el deporte de base —»desde la base hasta el cielo»— y, sobre todo, el esfuerzo de su presidente para sacarla adelante en años complicados.

Sobre Arnaldo, Almeida trazó un retrato de trayectoria poliédrica: técnico de la Administración Civil, catedrático de Constitucional, letrado de las Cortes, expresidente durante siete años del Tribunal Administrativo del Deporte.

Un ejemplo, sostuvo, de esfuerzo y meritocracia. Reconoció con humor que no había leído el libro —»sé que es extraño en los tiempos que corren que un político diga la verdad»—, pero animó a comprarlo y leerlo este verano, entre resolución judicial y resolución judicial.

Y se reservó una matización. Arnaldo había dicho que el fútbol es la religión contemporánea. El alcalde, rojiblanco confeso, puntualizó: de religiones verdaderas solo hay una, y va con rayas rojas y blancas, lo que provocó la risa del magistrado del Constitucional, madridista hasta la médula, si bien «no beligerante».

El alcalde de Madrid, José Luis Almeida, entregó el galardón, una figura del Apóstol Santiago, al magistrado Enrique Arnaldo. Foto: Miguel Berrocal.

El agradecimiento de Arnaldo: Cervantes, Camus y el noble arte

El homenajeado cerró el acto con un discurso que era, en sí mismo, una pieza literaria. Recordó al Quijote —por la libertad y la honra se debe aventurar la vida— y repartió su gratitud entre la Fundación, Rubido y el alcalde, «rivales pero nunca enemigos», según la fórmula que tomó prestada de Javier Marías.

Defendió la concepción del deporte que recoge la propia Constitución, que impone a los poderes públicos su promoción, y reivindicó la deportividad como la ética que condensa el respeto al otro y el juego limpio.

Citó a Albert Camus —portero en su Argel natal, premio Nobel que confesó deber al fútbol cuanto sabía de moral— y terminó con José Luis Garci y los boxeadores que se abrazan al final del combate: porque los golpes se comparten con el más alto sentido del compañerismo.

Por eso, dijo, lo llaman el noble arte.

Su último agradecimiento, el más íntimo, repitió la dedicatoria del libro: a Yolanda, su esposa y también magistrada y jurista, «por ser, por estar, por querer, por compartir, por soñar juntos».

La magistrada, Yolanda San Pastor, de azul, a la izquierda, esposa de Enrique Arnaldo, a quien se refirió al terminar su intervención. Foto: Miguel Berrocal.

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