La defensa del comisario jubilado José Manuel Villarejo ha solicitado su absolución ante el tribunal de la Audiencia Nacional que enjuicia la denominada operación Kitchen y ha sostenido que dicha operación «nunca existió como tal», sino que fue una denominación creada por el extesorero del PP Luis Bárcenas «a través de un grupo de periodistas» a los que, según afirmó, «hábilmente movilizó».
Durante su informe final, el abogado de Villarejo, Antonio García Cabrera, rechazó la tesis de la acusación sobre el presunto espionaje impulsado desde el Ministerio del Interior durante el Gobierno de Mariano Rajoy para obtener información sensible de Bárcenas y obstaculizar la investigación sobre una supuesta contabilidad opaca en el Partido Popular.
«Queremos exponer la circunstancia de que este caso cuasi periodístico, el famoso ‘caso Kitchen’, nunca existió como tal con ese nombre«, afirmó el letrado, quien vinculó el origen de esa denominación a la actuación de Bárcenas y a la aparición en 2017 de las grabaciones y anotaciones de Villarejo.
García Cabrera también rechazó calificar los hechos como una «operación parapolicial», al considerar que se trata de «un término más periodístico que jurídico».
A su juicio, ninguna de las pruebas practicadas durante el juicio permite concluir que existiera «una operación policial para sustraer a un procedimiento judicial documentos incriminatorios para el Partido Popular».
Cuestiona la validez de las pruebas contra Villarejo
Frente a esa tesis, el abogado defendió que Kitchen debe entenderse como «una operación de inteligencia». En ese contexto, admitió que podría analizarse si durante esa actuación «se pudo cometer alguna irregularidad», aunque sostuvo que la versión de que existió «una operación del PP para robar documentación» fue construyéndose «de una manera progresiva».
En la parte final de su intervención, el letrado centró sus argumentos en cuestionar el valor probatorio de las agendas de Villarejo, una de las principales pruebas examinadas durante el juicio.
Según explicó, las anotaciones personales de un agente de inteligencia pueden recoger hechos reales, pero también hipótesis, informaciones no verificadas, escenarios, líneas de investigación, valoraciones personales o incluso rumores.
En este sentido, sostuvo que resulta «difícil analizar objetivamente» unas anotaciones que reflejan impresiones subjetivas y defendió que no puede otorgarse «validez absoluta» a cualquier apunte como si acreditara de forma indiscutible que un hecho ocurrió.