Juan Gonzalo Ospina, embajador «in pectore» de Colombia ante Bélgica, Luxemburgo, la Unión Europea y la OTAN, junto a su socia, Beatriz Uriarte, durante el acto de despedida que tuvo lugar ayer en su oficina. Uriarte asumirá la dirección de la firma una vez que su socio asuma sus nuevas obligaciones. Foto: OA.

Juan Gonzalo Ospina se despide de la abogacía: «Soy culpable de haberla amado»

19 / 09 / 2026 05:42

Juan Gonzalo Ospina había afrontado apenas un día antes un juicio en el que pedían 12 años de prisión para su cliente. Sin embargo, reconoció que estaba más nervioso este viernes ante compañeros, periodistas, familiares y amigos que cuando se sienta frente a un tribunal.

Esta vez no tenía que defender a nadie. Tenía que despedirse.

«Voy a pronunciar posiblemente el alegato más importante y, sin duda, más difícil de mi vida como abogado penalista», confesó al comienzo de una intervención con la que puso cierre a quince años de ejercicio profesional y a una década al frente de Ospina Abogados.

«Ayer tuvimos un juicio donde pedían 12 años de prisión para nuestro cliente […] y estaba más tranquilo de lo que puedo estar en el día de hoy», aseguró.

El motivo era una decisión que cambia por completo su trayectoria: Ospina deja el ejercicio activo de la abogacía para incorporarse próximamente al servicio diplomático de Colombia como embajador en Bélgica, Luxemburgo, la Unión Europea y la OTAN, con base en Bruselas.

Eso sí, hizo una precisión importante. Todavía no es formalmente embajador. Es embajador «in pectore».

Explicó que el nombramiento no adquirirá esa condición hasta que el presidente colombiano, Abelardo de la Espriella (abogado penalista de profesión, como Ospina) firme el correspondiente decreto, algo que espera que ocurra a comienzos de octubre. Hasta entonces, aseguró, seguirá ejerciendo como abogado de manera liberal e independiente.

«Me voy», repitió varias veces visiblemente afectado durante la despedida, que tuvo lugar en su despacho de abogados, rodeado de su gente, de sus amigos y de un número de periodistas.

«NO ABANDONO LA ABOGACÍA, PARTO DE ELLA»

Ospina comenzó a ejercer en 2011. Quince años después, explicó, llega al final de esta etapa «con el corazón lleno de gratitud» y con «la cabeza llena de nombres y de rostros, de historias y de recuerdos».

A sus 39 años admitió+ que nunca había imaginado encontrarse ante una decisión semejante. «A veces la vida nos pone en el camino oportunidades que no estamos buscando, pero que llegan con una responsabilidad que nunca nos habíamos atrevido a imaginar», señaló.

Su intención, insistió, no es romper con la profesión.

«Jamás dejaré de llevar en mi ADN el derecho de defensa, la defensa de la ley, de la libertad, de los derechos humanos y ese anhelo insaciable de la justicia y de la libertad».

Y resumió su relación con la toga en una frase: «No abandono la abogacía, sino que parto de ella».

Buena parte de su intervención estuvo dedicada a recordar de dónde viene. Su carrera comenzó en Marbella, en 2011, donde citó entre sus maestros a Ignacio Gordillo, Rafael Martínez Echevarría y Santiago de la Cruz. Después llegaría su etapa institucional y su incorporación, en 2017, a la Junta de Gobierno del Colegio de la Abogacía de Madrid.

«NO HAY UN ABOGADO QUE SEA MÁS QUE OTRO ABOGADO»

Su despedida tuvo también una mirada hacia quienes comienzan ahora.

Ospina recordó que su despacho no nació en las actuales instalaciones, sino en la calle Recoletos, «con una mesa de plástico». Lo utilizó para lanzar uno de los mensajes más claros de toda su intervención: «No hay un abogado que sea más que otro abogado. Somos todos abogados».

A los más jóvenes les pidió escuchar a quienes tienen más experiencia «con gratitud y con ganas de aprender». También reivindicó a quienes trabajan en la firma: «Los éxitos, aunque sea yo quien firma los escritos, son compartidos, tienen nombres propios».

Y ahí apareció uno especialmente importante: Beatriz Uriarte, que asumirá la dirección de Ospina Abogados.

Ospina recordó que ambos levantaron el despacho hace diez años y dejó claro que su marcha no supone el final de la firma. «Bea no es una parte más del despacho, es el despacho», aseguró antes de expresar su deseo de que la firma que fundaron se convierta en «una institución de derecho penal».

Uriarte recogió después el testigo. «Asumo el reto», dijo. «No tienes que hablar en pasado porque siempre vas a ser parte de la historia de este despacho», le dijo.

EL CASO QUE MARCÓ AL DESPACHO

Entre los asuntos que recordó Ospina hubo uno al que concedió un significado especial: el asesinato del cirujano colombiano Edwin Arrieta en Tailandia.

«No me puedo olvidar del caso que marcó nuestro despacho, que fue Edwin Arrieta», afirmó.

Recordó las numerosas horas dedicadas a un procedimiento que alcanzó una enorme repercusión pública. Otro asunto con el que quiso explicar qué significaba para él ser penalista fue el de un cliente condenado a 18 años de prisión.

Ospina recordó la llamada que recibió de su cliente cuando regresaba en tren junto a Beatriz Uriarte.

– Juango, ya está.

– Ya está ¿el qué?.

–Ven a recogerme.

El Supremo había deliberado y revocado la condena, cursando la orden para la puesta en libertad de su cliente, que era el que le llamaba desde la cárcel.

El episodio le sirvió para agradecer el trabajo de jueces, fiscales, Policía y Guardia Civil, pero también para reclamar una Justicia más ágil y mayores garantías para la proposición de prueba por la defensa.

SU RECONOCIMIENTO A LOS PERIODISTAS

Uno de los capítulos más significativos de la despedida estuvo dedicado a los medios de comunicación.

Ospina agradeció el trabajo de los periodistas que durante estos años han seguido sus casos, incluidos aquellos con los que ha discrepado.

«Algunos habéis escrito cosas que yo no habría querido leer; otros, he de reconocer que no siempre os he contado todo lo que queríais escuchar. Pero eso es lo bonito de esta democracia», señaló.

«La abogacía y el periodismo son dos pilares de una democracia y deben defenderse cada día», sostuvo. Y añadió: «El abogado no es cómplice de su cliente, ni el periodista es cómplice de la información».

«UNO PUEDE DEJAR TEMPORALMENTE LA ABOGACÍA, PERO NUNCA DEJAR DE SER ABOGADO»

Cuando llegó el momento de hablar de Bruselas, Ospina explicó que asume la futura responsabilidad como un «privilegio» y un «verdadero honor».

Su propósito, afirmó, será representar a Colombia en Europa y trasladar a las instituciones europeas «las sensibilidades y la realidad del pueblo colombiano», además de trabajar sobre los retos económicos, energéticos y de seguridad del país.

Pero su discurso estuvo mucho más dedicado al pasado que al futuro.

«Me voy, pero una parte de mí se queda aquí», dijo, otra vez emocionalmente afectado.

En «cada pasillo de los juzgados», en las salas de vistas, en las comisarías y prisiones, y en aquellas madrugadas dedicadas a preparar juicios.

También dejó abierta la puerta del regreso.

«Volveré para trabajar junto a vosotros y volveré para reencontrarme con más experiencia, más historias y tal vez más canas», aseguró.

Porque, añadió, «uno puede dejar temporalmente la abogacía, pero nunca dejar de ser abogado».

Y entonces llegó el último alegato.

«Si el día de mañana se dicta una sentencia, espero que en los hechos probados quede que soy culpable de haber amado la abogacía, culpable de haber defendido la libertad y culpable de no haberme resignado nunca a admitir ninguna injusticia».

Después se despidió de la que definió como «la profesión más bonita del mundo» y cerró mirando a sus dos patrias. A España, donde ha desarrollado su infancia, su adolescencia y su carrera profesional, y a Colombia, el país que lo vio nacer y al que ahora se dispone a servir.

«Nos volveremos a encontrar siempre al servicio de la justicia, al servicio de este gran país que se llama España y por la patria que me vio nacer, que es Colombia».

«Muchas gracias, amigos. Y hasta pronto», concluyó.

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