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¿La imagen y la moda son expresión de la tiranía en la sociedad de la libertad?

¿La imagen y la moda son expresión de la tiranía en la sociedad de la libertad?
Yolanda Díez Herrero es experta en ciberdelincuencia y violencia de género
20/12/2015 11:34
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Actualizado: 22/12/2015 20:05
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La moda se encuentra con el arte como expresión de una densidad estética que muchas veces la inspira y atraviesa. Sin embargo, el arte de hoy no solo es una influencia sustantiva para la moda sino que, muchas veces, se fusiona con aquel en una desesperada búsqueda de nuevos escenarios de seducción y de venta.

En este sentido, moda y cultura parecen tener dinámicas concordantes. Por otra parte, la evolución de las industrias culturales condiciona los modos de relación entre arte y moda, y cuestiona a la belleza como la categoría fundamental para el encuentro, tal como señala Roberto Ara.

Las tendencias de moda han ido cambiando a lo largo del tiempo. Y no obstante ello, La tendencia de moda consiste en recuperar lo que en otras épocas era considerado básico o correcto, bajo un sentido del equilibrio.

La moda hoy en día, es una mezcla de tendencias y corrientes estéticas de otras décadas. Con eso, podemos crear un estilo personal y completamente individualizado.

Hoy cabe preguntarse en qué medida estas tendencias de  la moda constituyen un límite a la libertad de la mujer, sobre todo teniendo en cuenta que vivimos en una sociedad actual, que si presume de algo, es de ser libre, que proclama la libertad a los cuatro vientos, y que de hecho, frente a otras épocas históricas hay hoy, al menos, mayores posibilidades de que el ser humano ejerza su facultad de elegir.

Y en este sentido la paradoja de la moda es que, siendo un fenómeno propio de la modernidad, se sirve para triunfar mediante sistemas impositivos más propio de la antigüedad.

La moda dicta tendencias y trata por todos los medios y a cualquier precio que éstas se sigan.

No hay que olvidar que detrás de este sistema hay fuertes razones económicas: la forma más fácil de que una persona que quiere ir a la moda invierta dinero en su vestuario es cambiar “lo que se lleva” cada poco tiempo.

Todo el mundo sabe que una cosa es la pasarela y otra la calle, el día a día: lo que exhibe en un desfile raramente se verá un lunes por la mañana en la oficina.

Lo que sí se observa es que esas tendencias que subyacen en la pasarela saltan adaptadas a la vida diaria.

¿Cómo es posible que lo constituye un espectáculo de minorías, muchas veces vetado al público de a pie, se convierta después en objeto de consumo para una mayoría?

Y por todo ello, cabe cuestionarse ¿cómo consolida su tiranía la moda?

Se puede decir que ésta no se queda sola en su empeño de convencer a la sociedad, y a la hora de imponer su reinado se sirve de dos aliados muy potentes: la publicidad y el cine.

La relación entre los medios de comunicación, especialmente la publicidad y la moda es obvia, máxime en una sociedad donde impera la imagen y el valor más preciado es tener un físico espectacular.

ÍDOLOS DE JUVENTUD

En este sentido, las, y también los, “top models” comparten con los deportistas y los actores el ranking de los llamados ídolos de la juventud.

Se les dedican programas de televisión, su presencia es cotizada en las fiestas, llenan las revistas de papel couché y no es raro verlos saltar a la gran pantalla.

La vida de las modelos, convenientemente adornada, se muestra para muchas adolescentes y mujeres como el colmo de la felicidad, la belleza, fama, éxito y dinero.

Aparentemente, las top se muestran guapas en todo momento, viajan por todo el mundo, se ven acompañadas de quien quieren, y, además, cobran millones por pocos minutos de trabajo. Aunque detrás de todo ese sueño idílico, hay un camino de rosas, tal vez como demasiadas espinas.

La felicidad más que en lo físico, está en lo anímico, en el interior. Cultivar los valores morales e intelectuales enriquece mucho más que apostar por los meramente corporales.

Todo depende, es verdad, de la jerarquía de valores que uno tenga. Si se sobreestima la apariencia, por encima del ser, los aspectos relacionados con lo físico se magnifican.

Esta es una constante de la llamada civilización de la imagen.

Además, esta civilización tiene unas pautas muy concretas: no se trata de tener estilo o elegancia, cosas importantes y que, como se ha sostenido antes, ayudan a que el ser humano, mujer u hombre, se realice.

No, no se trata de ser elegante sino de tener unas medidas, de seguir unos rígidos cánones de belleza que nos plantean unos modelos publicitarios.

El problema está en que estos cánones vigentes en la actualidad son bastante inaccesibles. El tipo de atractivo que hoy impera es el de una delgadez extrema, enfermiza.

Esta es la causa principal de una enfermedad que cada vez cobra más importancia entre las adolescentes: la anorexia, un trastorno psíquico que lleva a una distorsión, falsa percepción de uno mismo.

En la mayoría de los casos, esta enfermedad suele comenzar con el deseo de adelgazar. Uno se ve gordo/a y se siente rechazado por esta razón. Poco a poco deja de ingerir alimentos y pierde peso.

Sin embargo, la persona se sigue viendo gorda, continúa la inseguridad y empieza a sentirse incapaz de comer.

Esta enfermedad conlleva desequilibrios psíquicos que pueden acompañar a la persona el resto de su vida y es el trastorno mental que cuenta con un mayor índice de mortalidad.

Es cierto que en cierta medida no se puede culpar a los anuncios de causar esta patología, en la mayoría de los casos hacía mujeres adolescentes, pero también es un hecho comprobado que el aumento de los casos de anorexia ha coincidido con el prototipo de modelos de extremada delgadez.

‘LOOK’ ANORÉXICO

El adolescente que, por naturaleza, suele ser muy manipulable y bastante inseguro, es fácil que se crea este tipo de propaganda e inicie una carrera desenfrenada para conseguir lo que esta publicidad vende, que al fin y al cabo es una felicidad falsa y efímera, todo humo.

El «look» anoréxico se ve acompañado en algunos casos por la denominada moda heroinchic (nombre recogido de una canción en la Lou Reed proclama que la heroína es chic). Hay catálogos y pasarelas se muestran chicas que junto con una delgadez enfermiza, exhiben la mirada lánguida y perdida y los andares cansinos propios de los toxicómanos.

Hace unos años, el escándalo saltó a los medios de comunicación pues lo que, en principio, era solo una ficción de pasarela resulto ser verídico, dos modelos norteamericanas reconocieron su adición a las drogas y confesaron que, para soportar el hambre y conseguir el aspecto que se consideraba atractivo en un sector de la moda, recurrían a la heroína.

Zoe Fleischauer, modelo, reconoció “que cuanto más drogada estaba más fabulosa se veía”.

Desde hace años, afortunadamente las autoridades sanitarias y políticas han mostrado su alarma por esta enfermedad que se manifiesta cada vez a edades más tempranas y que, con frecuencia, se convierte en una enfermedad crónica.

Antonio Pernas, diseñador de moda española, ha afirmado que con la forma física, hay otras cualidades muy importantes para la moda y son los “valores”.

Así además de la belleza, la altura, la talla, existen la elegancia natural de una mujer, la naturalidad, la presencia, el movimiento, la personalidad y su inteligencia. No es cuestión de encorsetarse en una talla.

La mujer, la primera víctima de esta enfermedad, tiene que aprender a aceptar su cuerpo y sacar partido hasta de sus propias limitaciones físicas, la elegancia y el estilo son algo más que un esqueleto adornado.

Muchas personas se obsesionan tanto por su físico e invierten  en éste muchos esfuerzos que podrían canalizar hacia otros objetivos. No se trata de descuidar el aspecto físico, pero darle la importancia justa

La mayoría de jóvenes se encuentran en ese momento de definir la moda o las tendencias como libertad, como el gran escenario del cambio que desean  en todos los ámbitos de sus vidas.

Muchas personas definen la libertad a su manera, siendo esto una manifestación de su libertad de expresión y pensamiento.

¿QUÉ ES LA LIBERTAD?

Sin embargo, lo que queda claro es que la libertad en cualquier ámbito de la vida es algo más que rebelarse contra el sistema o seguir modas o tendencias ruinosas: considerarse liberal es ser consciente de las acciones que tomamos y enfrentar las repercusiones de las mismas.

Ante este panorama cabe preguntarse ¿qué es libertad? ¿Por qué razón es tan importante e influyente en nuestros días?

Muchas personas definen a los liberales como personas que se dejan llevar por “la famosa palabra libertad”, sin una mayor reflexión. Y si, en cierta forma es evidente en los jóvenes, algunos lo harán por moda o por definirse como diferentes.

Pero, hablar de libertad debería ser una forma de mostrar al mundo la esencia y presencia sin tapujos, ni estereotipos, tener el carácter para asumir las consecuencias de lo que se hace o se dice. El ser libertario es más que una tendencia ó moda, es una filosofía de convivencia social que:

a). Promueve el respeto sobre las personas que nos rodean y sus derechos, independientemente de su idiosincrasia o morbilidad.

b). Establece que el Estado funciona como ente participativo, pero no como el padre que nos resuelve la vida con regulaciones intransigentes.

c). Permite crear un ambiente de competencia con cooperación voluntaria. Incentiva la búsqueda de los intereses individuales con limitación única de los derechos de terceros.

Como mujeres y hombres, profesionales ó estudiantes como individuos que integramos una sociedad que tenemos el poder de decisión, y a la vez ideales, debemos entender que la libertad involucra el constante cuestionamiento de las premisas en las que creemos, ya que todas nuestras ideas son perfeccionables.

Entre liberales el debate siempre debe estar presente y la necedad ausente.

Ante este panorama cabe reflexionar sobre el hecho de que la propia experiencia como mujeres nos demuestra que la mayor resistencia a la existencia de una verdadera igualdad de oportunidades y de resultados entre los sexos proviene de las inveteradas relaciones patriarcales que existen y que sigue existiendo en el seno de la sociedad.

Durante cientos de miles de años, acaso como un rasgo biológico propio de la familia de los primates superiores u homínidos a la que pertenecen los seres humanos, o tal vez como consecuencia de la especialización laboral provocada por el cuidado de los hijos y la posterior aparición de la agricultura, en todas las latitudes se desarrolló un tipo de relación social en la que los hombres figuraban a la cabeza de la estructura jerárquica.

A veces el desarrollo económico y la evolución cultural de la sociedad sin control, y sin una efectiva protección y discriminación positiva efectiva en favor de las mujeres, ha hecho que las diferencias que separaban el comportamiento de hombres y mujeres se mantengan, ya que la transformación de las relaciones entre los dos géneros para lograr una verdadera igualdad resulta muy difícil de realizar, porque choca, precisamente, con la fuerza de unas costumbres cuyos orígenes se pierden en los tiempos más remotos.

Y justifican decisiones tradicionalmente admitidas por los grupos sociales, que hoy, no sólo ya no se justifican, sino que es necesario proceder a cambiar con el consenso, y la complicidad de todos: hombres, y sin duda las propias mujeres, a los efectos que valoren que sus derechos y su papel social, ha de estar necesariamente por encima de costumbres, tendencias y de modas, más o menos efímeras en el tiempo. Y que no hacen sino degradar su papel, aunque las mismas tengan un fuerte implantación social, tanto en sociedades desarrolladas, como en aquellas que no lo están todavía.

En todo caso, en esta larguísima batalla por lograr la igualdad jurídica y social entre los sexos y la dignidad de la mujer, como hito o expresión clave en la historia de la libertad,  lamentablemente, no se ha terminado, son todavía muchos los objetivos por alcanzar, y es evidente que queda un largo y arduo camino por recorrer.

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