La nueva presidenta de la Comisión de Justicia del Congreso de los Diputados, Margarita Robles, y el presidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y del Tribunal Supremo, Carlos Lesmes, no se dirigieron la palabra durante la hora y cuarenta y cinco minutos que duró la presentación del libro del vocal y presidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, Fernando Grande-Marlaska, «Ni pena ni miedo«, que tuvo lugar la tarde-noche de ayer en Madrid.
Lesmes, según ha podido saber Confilegal, se enteró el lunes por la tarde -a través de Confilegal- de la intención del Grupo Socialista en el Congreso, de convertir a la magistrada en excedencia en la nueva presidenta de la mencionada Comisión.
Una decisión lógica ya que Robles era, hasta el pasado mes de junio, magistrada del Tribunal Supremo y había sido vocal del CGPJ entre 2008 y 2013. Su conocimiento de la Administración de Justicia, por lo tanto, no se podía presuponer sino que estaba contrastado.
Por ello, fue nombrada por asentimiento. O, lo que es lo mismo, por unanimidad, para dicho cargo.
La máxima autoridad de la Justicia española hizo saber a su «círculo de confianza» su decepción por ese movimiento de piezas del PSOE que colocaba en la Presidencia de la citada Comisión a Robles.

La Comisión Permanente del CGPJ, que preside el propio Lesmes, privó recientemente a la diputada de su condición de magistrada del Tribunal Supremo en excedencia, después de que ésta aceptara la oferta del secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, de ir como número 2 en la lista por Madrid.
Nada obligaba a dicho órgano a tomar esa decisión en ese momento, pero lo hizo, apremiada por su presidente.
En consecuencia, Robles anunció el pasado mes de julio que presentaría una recusación formal contra Lesmes por «enemistad manifiesta» hacia ella.
Según declaró entonces, “es pública y notoria la relación de personas a las que Lesmes ha hecho críticas y descalificaciones contra mi persona, incluidos dirigentes políticos».
La diputada fue también muy crítica con Lesmes, tras su discurso de apertura de tribunales, en el que éste reivindicó la «rabiosa independencia» de los jueces españoles.
Robles declaró entonces: “El señor Lesmes sabe que cuando alguien no le resulta cómodo no se le renueva”.
Se da la circunstancia de que es ante la Comisión de Justicia del Congreso de los Diputados donde el presidente del CGPJ y del Tribunal Supremo le corresponde presentar la memoria del órgano de gobierno de los jueces.
Dicha Comisión, en caso de que se pueda formar un próximo gobierno, sin duda jugará un papel fundamental en la articulación de un posible Pacto por la Justicia y en cualquier reforma de la Administración de Justicia que se pretenda llevar a cabo por los diferentes grupos políticos.

UN DÍA ESPECIAL
Para la diputada era, por lo tanto, un día especial. Lo mismo que para su amigo, Fernando Grande-Marlaska, razón por la cual asistió a la presentación.
Llegó en punto. Se sentó en la segunda fila, junto al exsecretario general del PSOE y exministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, y justo detrás del propio Lesmes y del vicepresidente del Tribunal Supremo, Ángel Juanes.
Fue como si no existieran el uno para el otro. Como si no se vieran. La incomodidad entre todos los que les rodeaban, y que conocían lo que ocurría, era patente, aunque la buena educación prevaleció.
Allí permanecieron la hora y cuarenta y cinco minutos que duró el acto, en el que Grande-Marlaska se vio arropado por buena parte del «Vaticano judicial».

Al mismo asistieron los vocales Ángeles Carmona -presidenta del Observatorio contra la violencia doméstica y de género-, Vicente Gilarte y Juan Manuel Fernández, que se sentó junto al magistrado de la Audiencia Nacional, Enrique López.
Del Supremo estuvieron presentes los presidentes de las Salas de lo Penal, Manuel Marchena, de lo Contencioso-Administrativo, Luis María Díez-Picazo, y de lo Social, Jesús Gullón, a quien Grande-Marlaska le dedicó un libro, así como la magistrada Isabel Perelló.
El presidente de la Audiencia Nacional, José Ramón Navarro, también hizo acto de presencia, así como los magistrados Juan Pablo González, y Alejandro Abascal, y el teniente fiscal, Jesús Alonso.
Pablo Ruz, quien ocupó durante más de cuatro años y medio el Juzgado Central de Instrucción 5 -ahora destinado en Móstoles, ciudad dormitorio al suroeste de Madrid-, también quiso mostrar su cariño a Grande-Marlaska con su asistencia.
Lo mismo que el coronel Manuel Ángel Sánchez Corvín, jefe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil.
Sin olvidar a tres grandes amigas del magistrado: Nativel Preciado, Rosa Montero y Ana Rosa Quintana.

UN GRANDE, MUÑOZ MOLINA
A Grande-Marlaska le presentó su libro uno de los grandes escritores españoles: Antonio Muñoz Molina, quien hizo un elogio del libro del magistrado, a quien definió como «una persona justa».
Muñoz Molina explicó que el gran valor del texto del juez es que habla del devenir, en el que mezcla la historia de España con la experiencia personal del juez, todo ello con un «valor civilizador» y un gran «coraje».
«Hacen falta libros como este», opinó Muñoz Molina, que recordó que hace no tantos años en España «se contaban chistes de mariquitas y de negros» y cómo eso ha cambiado radicalmente en tan solo unas décadas.
«Lo que ha ocurrido es porque personas como él lo han hecho, han tenido el coraje personal y cívico de defender los derechos», remachó.

EL «STRIP-TEASE» DE GRANDE-MARLASKA
Grande-Marlaska hizo un «strip-tease» ideológico durante la presentación de su libro, relatando momentos claves de su libra, como cuando asumió que era homosexual, cuando aprobó la oposición a juez, que no sabe por qué lo hizo, cuando conoció a Gorka, cuando se mudó a Madrid y comenzó a trabajar en los Juzgados de Plaza de Castilla, o cuando murió su madre, con la que estaba muy unido.
El magistrado mezcla, en su libro su historia personal con temas como la homosexualidad, la igualdad de género, la educación, el acoso escolar, la corrupción o su amor por los animales.
«He sido sincero, más sincero que nunca, y por eso digo que no se si he hecho bien en escribirlo», reconoció Grande-Marlaska.
El magistrado-autor, sin embargo, «olvidó», durante su presentación, el capítulo del poder judicial. Hasta que Margarita Robles, que tomó la palabra al final, se lo preguntó: «¿Somos los jueces máquinas de sacar papel?».
A ello, Grande-Marlaska respondió que era necesario un pacto por la justicia, que todas las instituciones tenían que hacer un estudio para saber lo que necesitaba, que eran necesarios más jueces y más tribunales de instancia. «Tú lo sabes. Ahora, como presidenta de la Comisión de Justicia podrás hacer más cosas», le dijo el vocal del CGPJ, que reconoció que había pasado por alto el tema justicia.
