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Los seres humanos somos como ratones sin cola

Fernando Pinto Palacios
Los seres humanos somos como ratones sin cola
26/12/2016 05:56
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Actualizado: 26/12/2016 07:43
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El día 26 de junio de 2000 todos los medios de comunicación estaban pendientes de las palabras del Presidente de los Estados Unidos. Bill Clinton se dirigió a los micrófonos y anunció al mundo que el Proyecto Genoma Humano había logrado sus primeros resultados.

Después de más de 10 años de investigación, la ciencia había identificado los aproximadamente 25.000 genes que componen “el libro de la vida” de la especie humana.

Si bien es cierto que este hallazgo abrió un esperanzador capítulo de la medicina, no podemos olvidar que conllevó algunos curiosos descubrimientos.

Los científicos constataron, por ejemplo, que los humanos tan solo teníamos el doble de genes que… ¡una mosca!

Después de esta decepción, comprobaron que las diferencias biológicas básicas entre un ser humano y un ratón se limitaban a 300 genes. Un grupo de científicos llegó a decir: “podría decirse que somos, en esencia, ratones sin cola”.

Para subir los ánimos, añadieron: “pero es que incluso el ser humano tiene los genes necesarios para desarrollarla”.

Al igual que los genes constituyen la base de nuestra existencia, el dinero se ha convertido en el principal icono de la sociedad contemporánea.

En apenas doscientos años, el dinero ha dejado de ser un mero instrumento de intercambio para erigirse en un valor en sí mismo.

Su indiferencia moral permite ofrecerse a lo más noble y a lo más vil, al progreso técnico y a la explotación humana, a la caridad y a la prostitución, a la paz y a la guerra.

El dinero tiene en nuestra sociedad una dimensión imaginaria que, alejada de la mera satisfacción de necesidades, nos proyecta hacia lugares utópicos.

¿Quién no ha soñado alguna vez con ser millonario?

El desarrollo de esta tendencia ha provocado –en palabras de Eduardo Galeano– que “el dinero tenga en nuestro planeta más libertad que el ser humano”.

Desgraciadamente, este proceso de “canonización” del dinero no ha ido acompañado de un sistema justo de redistribución de la riqueza.

En el año 2012, los 100 hombres más ricos del mundo añadieron a sus fortunas 240.000 millones de dólares en ingresos netos.

Según un informe de Intermón Oxfam publicado en enero de 2013, esa cantidad bastaría para erradicar cuatro veces la pobreza extrema.

La fortuna del hombre más rico del mundo, Carlos Slim, equivale a la suma del Producto Interior Bruto de los 43 países más pobres del planeta.

El 40 por ciento de la población mundial vive con menos de 1,5 euros al día.

“Somos naturaleza” –decía José Luis Sampedro– “poner al dinero como bien supremo nos conduce a la catástrofe”.

Si, como dicen los científicos, los seres humanos somos ratones sin cola, no dejemos que este queso brillante, reluciente y exquisito se convierta en nuestra única tabla de salvación.

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