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Luis Hiniesto ingresó en la prisión de Aranjuez el 24 de diciembre

Luis Hiniesto en una foto antes de entrar en la cárcel de Aranjuez, Madrid, el 24 de diciembre pasado, día de Nochebuena. Confilegal.
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Por primera vez en los últimos 13 años una persona ingresó el día de Nochebuena en la prisión de Aranjuez, Madrid: Luis Hiniesto, el vendedor de la ONCE condenado por un delito de tentativa de homicidio cuando trató de salvar su vida frente a su mujer que, disfrazada de “ninja”, ocultando su cara, trató de asesinarlo previamente por la espalda de un balazo cuando se iba a trabajar, la madrugada del 30 de marzo de 2011.

Hiniesto, de 52 años, cojo desde que tenía 11, entró en una silla de ruedas para cumplir los tres años y medio que le impuso el Tribunal Supremo, tras rebajar la condena inicial, de la Audiencia Provincial de Madrid, de 8 años y medio; los mismos que le había impuesto a su mujer ese mismo tribunal.

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“Fue todo muy triste. Pero Luis está bien. Se encuentra en estos momentos en la enfermería hasta que lo clasifiquen”, explica su abogado Fernando Gómez-Chaparro, que ha vivido la odisea de su cliente como si fuera propia.

“Todo el mundo en la prisión conoce su caso y lo están tratando muy bien. Luis se ha dejado la barba”, añade Gómez-Chaparro, esbozando una sonrisa cariñosa.

El abogado de Luis Hiniesto solicitó, el pasado 22 de diciembre por la tarde, jueves, la suspensión de la entrada en prisión de su cliente en tanto en cuanto se gestaba el indulto solicitado. “Ayer -por el martes, 27- la Audiencia Provincial nos contestó que ya que había ingresado en la cárcel ya no había lugar”, relata el abogado con cierta acritud.

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Gómez Chaparro espera que el Gobierno muestre clemencia próximamente.

El caso de Hiniesto, un hombre ejemplar, cumplidor y buena persona, es de los que claman al cielo por esta injusticia.

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Su mujer atentó contra su vida. Le metió una bala por la espalda, que quedó alojada en la columna vertebral y que no ha podido ser extirpada por el riesgo de que pudiera quedarse tetrapléjico, cuando intentó asesinarlo.

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Hiniesto, herido como estaba, sacando fuerzas se flaqueza, se revolvió sobre su propia pierna. Se abalanzó sobre ella, sin saber que era su esposa, porque no podía escapar. No podía salir corriendo. No le quedó otra que encarar a su agresora.

Agarró, como pudo, el arma que la mujer portaba en su mano derecha, un revolver trucado.

Con su mano izquierda -es diestro- asió el arma y forcejeó con ella.

La mujer llegó a disparar cinco veces más.

El séptimo tiro impactó sobre el estómago de la esposa disfrazada.

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Varios peritos en el juicio certificaron que el disparo era compatible con el forcejeo y que no se podía probar que hubiera intención de matar.

A pesar de todo, a pesar de que la mujer admitió que había mentido, diciendo que había sido víctima de violencia de género, Hiniesto fue condenado a la misma pena que la agresora. Lo que corrigió el Supremo después.

Ahora sólo queda que el Gobierno corrija este desaguisado y devuelva la libertad, con un indulto, a un hombre que sólo trató de salvar su vida.