Silvia Barrera: “Hay que buscar procedimientos judiciales más ágiles contra la cibercriminalidad”

Silvia Barrera, inspectora de Policía y jefa de la Sección Técnica de la Unidad Tecnológica de la Policía Nacional.
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Silvia Barrera lleva diez años en el campo de la investigación virtual. Su primer libro lo escribió en el 2010 sobre el uso de llamado agente encubierto en las redes pederastas hace ahora siete años. Ahora presenta el segundo, “Claves de la Investigación en Redes Sociales”, un trabajo de investigación en formato de libro ameno.

La inspectora Barreda ha trabajado durante cinco años como Jefa de Grupo de investigación de Redes en la Unidad de Investigación Tecnológica (UIT).

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También representa a España en EUROPOL, el organismo que coordina la actividad policial europea y es miembro del Grupo Mundial de Expertos en Cibercrimen en INTERPOL y del Grupo Europeo de Expertos en Formación en Cibercrimen (ECTEEC).

Desde su blog que el grupo Atresmedia Digital le mantiene desde hace años en la web Tecnoexplora.com “Internet, ciudad con ley”, nuestra entrevistada ofrece consejos desde un punto de vista práctico del uso de las redes sociales. Este trabajo le ha llevado lograr el pasado año el premio al mejor blog en temática policial por la Fundación Policia.

Y ahora llega “Claves de la Investigación en Redes Sociales”, un trabajo de investigación en formato de libro ameno, presentado hace unos días.

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Editado por Círculo Rojo Editorial, la obra camina entre la prevención y los consejos que ofrece sobre un uso responsable de las redes sociales y se adentra también en el trabajo de investigación de policías como ella “siempre alerta contra el cibercriminal. No he querido hacer un libro más sobre redes sociales”. Y tras leerlo, damos constancia de ello.

¿Qué imagen tiene usted de las redes sociales una vez realizado este amplio trabajo de investigación convertido en publicación?

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Estuve casi un año, arranqué el tema en enero del 2016, fecha en la que diseñe el esquema. En seguida advertí que éste era un tema amplio del que debería abordar, como así ha sido toda la problemática a nivel global.

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Al mismo tiempo en el libro aparecen las opiniones en formato de entrevista de catorce expertos relacionados con este mundo como el fiscal en criminalidad informática de Guipúzcoa, Jorge Bermúdez; los abogados Susana González y David Maeztu, que analizan la estrategia y la imagen digital y los pronunciamientos de los jueces en estos temas, respectivamente por solo citarle algunos de estos ilustres colaboradores. Con ello hemos logrado conocer su punto de vista sobre las redes sociales, opiniones que no difieren mucho entre ellos.

Silvia Barreda en presentación del libro con Carlos Fernández, actual Community Manager de Iberdrola.

Y su visión ahora de las redes sociales, ¿Ha cambiado mucho, entonces?

He de reconocer que no es la misma. Este libro me ha ayudado a establecer una estrategia sobre el uso de las redes sociales. Depende de cómo desarrolles dicha estrategia encontrarás determinados resultados al final de ese trabajo.

Le confieso que en este año de trabajo he ido probando con determinados comentarios para saber su efecto en los usuarios que me siguen a diario en las redes sociales en las que estoy dada de alta. Al final adviertes que siempre hay un porqué cuando un contenido se viraliza. No estoy de acuerdo cuando se dice que las rede sociales son el salvaje Oeste, al contrario, muchas cosas que suceden son predecibles.

Uno de los muchos debates que generan las redes tiene que ver con su regulación. Los políticos vuelven a la carga y dicen que ayudaría a proteger el derecho al honor

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Creo que están equivocados. Sé que esa medida viene a colación de los fotomontajes o videos que con cierta ironía describen un tema o una persona. Lo incluyo dentro de la libertad de expresión como otras cuestiones.

Es posible que recibir caricaturas de este tipo todos los días llegue a cansar pero no creo que haya que tomárselo tan a pecho para pensar que su honor está siendo mancillado. Se busca sobre todo hacer una crítica al momento social en que vivimos por encima de dañar a alguien específicamente. Y hay que tomarlo así, con humor. Si regulásemos esto, tendríamos que hacerlo con conductas más severas, como el acoso, que no se hace en la actualidad.

Otra cuestión que también se ha planteado en este sentido es el de eliminar el anonimato de los usuarios en las redes sociales ¿Qué efecto podría generar en Internet, realmente?

Habría que seguir el procedimiento que hay en las páginas de juego online, donde al usuario se le reclama mucha documentación como explico en este libro. Al final se verifica que ese usuario es quien dice ser. Salvo obligación del Estado, no creo que las redes sociales vayan a entrar en ese nuevo escenario.

Romper el anonimato de las redes sociales iría contra su esencia que pretende generar opinión y movimiento sobre determinados temas. Es evidente que los debates serían más flojos y los usuarios no cruzarían determinadas líneas rojas porque sabrían que pudieran ser sancionados.

Todo viene a cuento porque ustedes, policía y otros operadores jurídicos se quejan que las propias redes sociales podrían colaborar más y mejor en la persecución de los delitos…

Es cierto, pueden mejorar su sistema de regulación, sobre todo en los temas de acoso, donde hay casos que con procedimientos judiciales abiertos, esas personas siguen recibiendo acosos de forma regular.

Creo que en estos casos como en los de suplantación de identidad las redes sociales deberían ser más proactivas ante las denuncias de los usuarios. Esta cuestión supondría incrementar el área de servicio al cliente y mejorar el departamento jurídico de las propias redes sociales prácticamente en todo el mundo. Un esfuerzo económico, sin duda, importante para poder dar respuesta a este tipo de situaciones.

De su libro, hay varias cuestiones que quería comentarle ¿Cree que este fenómeno de las redes sociales ha cambiado el mundo en que vivimos de forma radical?

Hay cierto enganche de la sociedad por lo digital. Da la sensación que si no tienes tus perfiles activos, no eres nadie. Las personas se han convertido en productos de alguna forma que utilizan estos soportes para llegar a los demás.

Las redes sociales y los sistemas de mensajería instantánea han cambiado ciertos hábitos. Uno de ellos es el de conocer gente, donde estas herramientas digitales ayudan mucho a ello. Lo importante en su uso es tener una estrategia clara para conseguir los resultados que uno quiere buscar. Hay una nueva forma de comunicación y debemos adaptarnos a ella.

La suplantación de tu perfil en Internet no es un delito. Hay algunas muy dolorosas que atacan a la reputación de la persona que podrían estar tipificadas en el Código Penal

¿Le sorprende el uso que hacemos de las redes sociales con publicaciones nuestras que, a veces, deja abierta nuestra intimidad?

Es algo que llama la atención, el uso poco cuidado de las redes sociales, donde uno abre un perfil en cualquier sitio y sube a la red determinadas noticias o fotos suyas o de seres cercanos. Solo cuando hay un problema se dan cuenta de lo mal que han planificado esa salida en redes sociales. Ciertas exposiciones son innecesarias y pueden generar consecuencias importantes.

¿Qué consejos daría usted a afectados por temas de suplantación de identidad, cuestión cada vez más habitual en las redes sociales?

Lo primero que tengo que decirle es que esta práctica no es delictiva aún. Lo primero que debemos ir es a la propia red social y exponerle el caso. Normalmente, hacen caso omiso y señalan que ese perfil parecido al tuyo no infringe ninguna norma. No hay vulneración de derechos y no quita ese perfil duplicado al nuestro.

Al mismo tiempo, siendo práctico, hay que avisar a tus contactos de lo que está pasando realmente y que esa persona no eres tú y que esos comentarios no son tuyos. Lo que no debe hacerse nunca es atacar a ese perfil ni intentar negociar con él.

¿Debería ser delito la suplantación en Internet, entonces?

Lo comento en el libro que habría que analizar cada suplantación de forma específica. Hay algunas dolorosas y muy críticas donde también utilizan tu imagen personal y vulneran tus derechos de imagen y se observa un afán de atacar a la reputación de esa persona. Creo que en casos muy graves se podría tipificar como delito en el Código Penal.

¿Cómo se adaptan los jueces con sus resoluciones a este entorno digital?

Los fallos revelan que se van concienciando de la importancia de estos asuntos. Hemos visto algunos temas sobre injurias resueltos con uno o dos años de cárcel. De todas formas creo que la pena de prisión no es la ideal para frenar ciertos comentarios en redes sociales. Lo mejor sería interponer multas cuantiosas para frenar este tipo de conductas.

No basta con el trabajo de la fiscalía en materia cibercriminal porque es insuficiente

Lo fundamental es ser prudentes en redes y no sacar los tuits antiguos como arma arrojadiza de cara a señalar a una persona por su mal comportamiento. Descontextualizar esos mensajes dichos hace años contra la persona que los dijo puede ser una forma de acoso, si uno realmente se piensa a parar en ello.

A nivel de autorización judicial en las investigaciones de la policía, ¿cómo está la situación en estos momentos?

Los jueces hacen lo que pueden ante la avalancha de asuntos. Creo que hacen falta juzgados especializados para abordar estos temas tan específicos. No basta con el trabajo de la fiscalía en materia cibercriminal porque es insuficiente.

Muchos de los magistrados, ya con una edad importante, a partir de los cuarenta y cinco años, no advierten la gravedad de los hechos porque tienen escasa relación con las redes sociales. Al mismo tiempo, tienen otros temas, además de las tecnológicas, lo que hace que los asuntos se ralenticen algo.

Y luego llega el proceso judicial, no siempre en su tiempo justo…

Es cierto, en muchas ocasiones ya se han borrado algunas pruebas o hemos tenido que cerrar casos desde Policía porque en su día los proveedores de información solo estaban autorizados a guardar datos de los últimos doce meses, cuestión ahora ya arreglada con las última reformas procesales.

No puede generarse un proceso en siete meses para una persona que recibe un acoso reiterado desde redes sociales casi a diario. Es posible que se pudieran establecer otros procedimientos para delitos de este tipo tecnológicos. Hay que buscar otros caminos para agilizar este tipo de asuntos.

Por lo que comenta, aún está pendiente una reforma de la justicia en esta parte de delitos tecnológicos de los que se ocupa “Claves de la Investigación en Redes Sociales”…

Es cierto, el problema es que muchos de los delitos tienen esa interacción tecnológica. Así sucede en delitos como el de tráfico de drogas o blanqueo de capitales donde mucha de esa información se encuentra en diferentes discos duros. En ellos las comisiones rogatorias de un país a otro en busca de ayuda no puede durar seis meses su trámite.

Ahora cuando la causa tecnológica es importante los juzgados se inhiben entre ellos de asumir la misma. Eso hace que algunos procedimientos puedan quedar detenidos

Lo primero que habría es definir el concepto de delito tecnológico del que no lo es. Las estafas tradicionales tienen componente tecnológico pero no dejan de ser estafas. Y luego crear un procedimiento específico con unos tiempos concretos de instrucción.

Ahora cuando la causa tecnológica es importante los juzgados se inhiben entre ellos de asumir la misma. Eso hace que algunos procedimientos puedan quedar detenidos. Junto a ello microestafas que impulsan organizaciones criminales de los que no es competente la Audiencia Nacional. Creo que falta un organismo que centralizase estos temas.