Qué puede ofrecer la inteligencia artificial a los profesionales del sector legal y qué necesita de ellos

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En los últimos meses, la referencia a la inteligencia artificial (IA, por sus siglas en inglés) es frecuente en los titulares de las publicaciones, así como en los distintos foros de formación e información de los profesionales del sector legal.

Sobre ella se escuchan afirmaciones desatinadas, en la línea de que, una vez se aplique, disminuirán los puestos de trabajo de los juristas, relativas a que servirá como sustituto de los jueces o hará que el fraude a Hacienda sea imposible.

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El pasado día 24 de enero tuve el placer de moderar el primero de los “webinars” que organiza la Asociación Europea de LegalTech (ELTA, European Legal Technology Association).

Durante casi dos horas dialogamos junto a Richard Tromans (Artificial Lawyer) y Francisco Martín (BigML, Inc.) sobre “Inteligencia artificial: qué puede ofrecer y qué necesita de la profesión jurídica”.

El debate fue muy interesante y en este artículo comparto algunas de las ideas que fueron expuestas, así como otras propias, sobre la inteligencia artificial aplicada al sector legal. Mi objetivo es introducir al lector en una disciplina que, para todos nosotros, los juristas, es aún novedosa.

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Veremos que impactará en nuestro sector al tratarse de una materia que requiere regulación y que generará trabajo para los abogados como asesores de quienes están desarrollando herramientas de este tipo: de quienes las usen y también de quienes las “sufran”.

Además, la IA puede ayudarnos a desempeñar nuestro trabajo y gestionar nuestras organizaciones de una forma más adecuada.

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Sin embargo, la IA no es una tecnología de sencillo uso y requiere inversiones en tiempo, trabajo y dinero todavía demasiado elevadas para la mayoría de las organizaciones.

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¿Qué es la inteligencia artificial?

Bajo esta denominación se encuadran tecnologías de diferente tipo, “machine learning”, “deep learning”, “reinforcement learning”, redes neuronales, “data analytics” y “data mining”, las cuales tienen en común que hacen tareas normalmente desempeñadas por el ser humano y permiten que la máquina aprenda de forma autónoma o semiautónoma gracias a la información que se le suministra.

A la hora de clasificar la IA, se utilizan tres grandes grupos: la llamada “superinteligencia”; es decir, la que supera a la mente humana, con el subsiguiente temor de que deje de obedecernos, si bien su existencia aún se encuentra en un futuro lejano; la “fuerte”, que tampoco existe y que podría realizar cualquier tipo de tarea por nosotros; y, finalmente, la que hoy está disponible, la denominada “débil”, que da apoyo al hombre es tareas concretas.

Por otra parte, toda herramienta de inteligencia artificial está hecha de una serie de elementos heterogéneos, como algoritmos, datos, modelos y resultados.

El potencial de la inteligencia artificial

El potencial de este tipo de tecnologías es inmenso; de hecho, aún no somos capaces de dibujar el horizonte exacto de lo que podremos hacer en el futuro gracias a ellas.

Aunque se trata de una disciplina no tan joven como quizás pensamos (su nacimiento se data en los años cincuenta), es en los últimos años, gracias a los desarrollos del “hardware” y al aumento exponencial de la capacidad de las computadoras de tratar ingentes cantidades de datos, cuando se han empezado a producir apasionantes avances en el desarrollo de las mismas.

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Su aplicación a funcionalidades que de una u otra forma afectan a los profesionales del Derecho es relativamente reciente.

Una de las primeras noticias que leí sobre el uso de IA al sector legal fue una herramienta que, basada en el lenguaje natural, predice si un asunto prosperará o no en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (ver artículo).

La otra que más llamó mi atención fue la solución de computación cognitiva, basada en la tecnología “deep learning” de IBM Watson, desarrollada por Ross.

A través de esta herramienta, los abogados encuentran la respuesta a sus dudas en segundos, utilizando para ello también lenguaje natural.

¿Quiénes están aprovechando la IA?

Por ahora, son sobre todo despachos de abogados los que anuncian que están desarrollando soluciones basadas en la inteligencia artificial, pero sabemos que hay también en España organismos públicos trabajando en soluciones de este tipo.

Como hemos señalado, la IA es aún una tecnología que demanda muchos recursos a quien la incorpora y, por ello, no son muchas las organizaciones que pueden permitírselo. Según señaló en el “webinar” Tromans, el número de firmas del Reino Unido que están usando estas soluciones es creciente (en este post pueden consultarse los datos).

Sin embargo, si se analiza lo que con este tipo de tecnología hacen los despachos que no pertenecen a la categoría de gran despacho, prácticamente no hay ejemplos que mencionar. Se podría concluir que en este momento las tecnologías basadas en IA no se hallan en un estado de madurez y, en consecuencia, su precio no resulta accesible para los despachos pequeños, en realidad el tamaño de la inmensa mayoría de los de cualquier país del mundo. Es decir, por ahora podemos afirmar que la IA es una cosa de ricos.

¿Qué aplicación tiene la IA en el sector legal?

Dentro de las diferentes subcategorías de IA creemos que las siguientes son las que tienen una mayor aplicación y utilidad en el sector legal:

El “Machine Learning” o aprendizaje automático, cuyo objetivo es el desarrollo de aplicaciones que permiten que las máquinas aprendan y adopten por sí mismas decisiones. Para lograrlo, quien las diseña debe ser capaz de analizar un conjunto de datos e identificar patrones que clarifiquen las decisiones posteriores.

Por su parte, la “Machine Vision” utiliza como materia prima las imágenes y, a través de ellas, permite realizar determinadas tareas. Este tipo de inteligencia podría ser de utilidad también en el sector legal, por ejemplo, en el reconocimiento de personas en los casos penales.

El procesamiento del lenguaje natural (PLN) es una de las técnicas que creemos puede tener mayor interés para los juristas y el Derecho en general, pues se centra en el lenguaje. Ya se sabe que a nosotros nos gustan las palabras; eso sí, si es posible que sean “técnicas y académicas”: entrecomillo estos dos adjetivos con la intención de subrayar que es en este campo donde los juristas podemos encontrar un gran aliado en la IA.

Es bien sabido que en los últimos años el alejamiento del lenguaje utilizado por los jueces en sus sentencias, por el legislador en la elaboración de las normas y por los abogados en, por ejemplo, la redacción de los contratos ha dado lugar a numerosísimas malas experiencias de los clientes, sea éste ciudadano o consumidor.

Estas experiencias negativas han supuesto incurrir en gastos, que no en inversiones, millonarias a muchos bancos, aseguradoras, etc. La posibilidad que brinda la tecnología PLN para acercar el Derecho al ciudadano es enorme y está todavía en mantillas.

Tal vez, la robótica, la disciplina que se ocupa del diseño, construcción, operación y uso de robots, así como de sistemas informáticos para su control, retroalimentación sensorial y procesamiento de información, podrá un día crear un robot-abogado perfecto, empático, paciente, simpático, sabio, cumplidor, comprometido, puntual, honesto, buen comunicador, perfecto en suma, ese que todos querríamos tener, aunque seguramente las empresas dedicadas a ello prefieran antes que vean la luz autómatas de enfermeras, médicos, asistentes sociales, psicólogos u otros perfiles más demandados.

Casos de uso

Para entender la utilidad que puede tener cualquier tecnología es interesante analizar los llamados casos de uso; en el caso de la IA ya podemos describir algunos realmente interesantes. Veámoslos:

1.- Herramientas que sirven como apoyo en la definición de estrategias procesales: es este uno de los campos, junto con el del análisis masivo de documentos para extraer conclusiones sobre determinadas materias, en el que podemos encontrar más ejemplos de aplicación de la IA al sector legal.

2.- Herramientas que sirven para el análisis masivo de documentos.

3.- Herramientas para la prevención de delitos e infracciones: son varias las herramientas que se han presentado ya y que a través de la IA ayudan a predecir, y en consecuencia prevenir, determinado tipo de delitos e infracciones.

4.- Herramientas de atención al cliente/ciudadano: son los llamados “bots” y está claro que en este campo la IA tiene un potencial enorme de desarrollo.

Riesgos derivados del uso de la IA

Sin embargo, a pesar de sus innegables ventajas, del uso de la IA pueden derivarse también riesgos y es interesante que los analicemos. Estos son los cuatro que me parecen más importantes:

El empleo

Habrá trabajos que desaparecerán, pero previsiblemente no serán los más codiciados, sino aquellos habitualmente subestimados. Surgirán nuevos trabajos, como por ejemplo uno al que podríamos llamar el “robotizador legal” y cuya función consistirá en identificar los procesos automatizables, diseñar los flujos de trabajo y comprobar que el desarrollador los convierte en una herramienta de IA gracias al lenguaje que sólo él conoce.

O el de “chatboteador legal”; es decir, el jurista capaz de definir el contenido y el flujo de trabajo de un “chatbot“que da servicio en algún tema de naturaleza jurídica. Estos son sólo dos ejemplos -espero que me disculpen los puristas de la lengua a la hora de escoger sus nombres de bautismo-, pero hay muchos más.

El conocimiento

El desarrollo de la IA nos exige comprenderla. No es necesario que nos convirtamos en expertos informáticos, pero sí que aprendamos a trabajar con quienes pueden desarrollarla y sepamos facilitarles lo que necesitan saber para lograr herramientas que respondan a las necesidades de la sociedad y de nuestros clientes.

Nadie mejor que nosotros conocemos las necesidades jurídicas, y nadie mejor que ellos saben cómo cubrirlas automatizando aquellos procesos que la IA haga mejor que el humano.

La formación de los jóvenes abogados

Una consecuencia lógica de la existencia de la inteligencia artificial es que habrá que formar a los jóvenes de otra forma. Si hay máquinas que realizan las tareas que tradicionalmente desarrollaban éstos, ellos no podrán seguir siendo formados de igual manera.

¿Cómo variará su formación?, ¿qué otro tipo de trabajo se les asignará?

El desarrollo de los buenos algoritmos

Los algoritmos, el conjunto de operaciones que permite hallar la solución de un problema, los resuelve el hombre. Por ello, existe la posibilidad de que estén equivocados. Nos corresponde evitar que sea así y trabajar para eliminar sesgos, desviaciones, malas instrucciones.

Las cuestiones éticas

Dado que una máquina asumirá comportamientos propios de los seres humanos, puede llegar a ser necesario, cuando se trate de comportamientos donde hay que adoptar decisiones sobre asuntos que tienen consecuencias sobre una o más personas o sobre bienes objeto de protección, que la máquina tenga también que respetar unos principios éticos.

Sobre ello se debate ya en el ámbito académico y se han desarrollado interesantes iniciativas; la más destacable, la iniciativa de IEEE que puede consultarse aquí: https://standards.ieee.org/.

Conclusiones

En conclusión, la inteligencia artificial es una de las tecnologías que más impacto tendrá en el futuro de las profesiones jurídicas, las cuales manejan datos e informaciones de forma masiva; analizan y extraen conclusiones según una serie de criterios en casi todos los casos convertibles en instrucciones, los algoritmos.

Sin embargo, estamos viviendo el inicio de un proceso que debería ser el resultado del esfuerzo de los juristas por aprovechar lo que la inteligencia artificial nos ofrece. Debemos identificar las tareas automatizables: identificar dónde están los datos, a qué procesos se les somete y qué resultado necesitamos obtener.

Y por supuesto, es necesario también fomentar la colaboración de nuestro sector con especialistas en IA para que desarrollen las herramientas que necesitamos.