Prescindibles

El autor de la columna, Josep Jover, abogado. Isaac Meler.
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Hace varios años que escribo en Confilegal, quien siempre me ha tratado con enorme respeto, aunque esté, ideológicamente, en las antípodas políticas y sociales de lo que pienso.

Aunque muchas veces pretendo que no se me note, soy un jurista que escribe en un medio de juristas y para juristas. Intentaré no entrar al trapo en esas discordancias jurídico/políticas, porque creo que el mensaje de estas humildes líneas debe trascender a ellas. Es, entiendo, lo que planteo, mucho más grave.

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Entre todos nosotros, formamos en tercer pilar, el judicial, de cualquier estado democrático. En él no sólo están los jueces, están los letrados de la Administración de Justicia, los fiscales, los funcionarios de los juzgados y cárceles, los abogados del estado, los peritos, los policías y hasta los abogados algo raros, como yo. En este club me me considero socio, hasta que no me echen.

Desde hace más de diez años, vengo detectando con enorme preocupación el crecimiento dentro de la sociedad de una convicción, que cada vez se está consolidando más. La de que somos, como tercer pilar del estado, perfectamente prescindibles.

Y no es por méritos del contrario, sino por deméritos propios. Continuamente enviamos señales que se entienden en contra de nuestros propios intereses.

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En contra de lo que ha de defender y ser ese tercer pilar.

Lo hemos hecho tan mal, que la ciudadanía está dando por «normales» que la cárcel se utiliza para la venganza colectiva, los policías para proteger a hostias el “orden establecido” y que los jueces están a lo que los políticos les digan.

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Estamos enviando esas señales cuando el Tribunal Constitucional aparca una sentencia, la del aborto, durante más de DIEZ AÑOS, sólo porque al gobierno que ha mandado los últimos años, quizás no le gustaría lo que se resolviera.

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Estamos enviando esas señales cuando en ese mismo Tribunal se resuelven cuestiones políticas en cinco minutos y los ciudadanos son expulsados mayoritariamente en sus requerimientos de amparo a dicho alto Tribunal.

Sólo un afortunado 8% (entre los que se incluyen, a su vez, asuntos también políticos y empresariales) tienen el privilegio de pasar el filtro de admisión.

Estamos enviando esas señales cuando se hace público y notorio que los únicos méritos que prevalen para acceder a la alta magistratura, son los de sintonía con una clase social determinada. No hace muchos días un miembro de la Junta de Gobierno del ICAM, nos hablaba en Confilegal de que la Transición no había llegado a la Magistratura.

Estamos enviando esas señales cuando la tercera autoridad del Estado y primera de la Magistratura se tiene que ir a casa por corrupción y nadie levanta un dedo y pregunta dentro de nuestro «gremio».

O cuando 750 jueces y magistrados firman una carta quejándose de la presión que sufren de la ciudadanía o cuando el CGPJ envía otra carta al Gobierno, poniéndose la “venda alemana” antes de que se produjera la herida, pidiendo que se les defienda.

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Estamos enviando esa señal, cuando desde que se creó el turno de oficio, hace más de 20 años, el Ministerio no se ha dignado a subirlo «ni una peseta» revelando lo que le importa el Derecho de Defensa.

Y también cuando somos el hazmerreír de la comunidad jurídica con esa LEXNET donde todos los datos, personales o no, de todos los procedimientos, han quedado en manos del ejecutivo, en sus servidores.

Estamos dando esas señales cuando un policía tumba de un bofetón una señora, sin agresión previa, y le caen sólo cuatro días, y por que se filmó.

Sólo la palabra del policía hubiese bastado para enchironar por años a la “irrespetuosa”; o cuando después de una acción más que violenta, la excusa son las “ordenes recibidas” y no se depura ninguna responsabilidad.

Estamos dando esas señales, cuando de lo único que se sabe de la relación del CGAE/CGPE con el gobierno es el premio que, después de un opíparo banquete a costa de los abogados, que se le dio a un ministro homófobo, precisamente por sus méritos en la «igualdad de género».

Y estamos dando esas señales cuando nadie en el Poder Judicial ha explicado a los españoles que la sentencia del tribunal alemán (que tiene un consejo general del poder judicial para cada land), tiene unos hechos probados y que el Estado Español los ha de asumir, porque también esa sentencia forma parte de “nuestro” tercer pilar.

Y eso pasa porque hemos ido cediendo pedazos de soberanía a Europa a cambio de dinero e influencia (la última de hace tres meses, con el desmantelamiento programado de la fiscalía anticorupción, para crear una de europea) y nadie se lo ha explicado a los ciudadanos.

Y eso pasa porque hemos permitido que las portadas de los diarios y digitales  sean los que dicten sentencia y exijan la ejecución.

Y eso, finalmente pasa, porque la ministra, cuando era fiscal, se manifestaba en la calle pidiendo unas cosas determinadas, y ahora, con la moqueta por medio, ni siquiera “las contempla”. Y de eso sólo ha pasado un mes.

El problema que aquí destaco, no se soluciona cambiando de “comunity manager” o diciendo “es que tenemos un problema de comunicación”; el problema es entender que el sueldo de cada uno de nosotros no lo paga la Ministra, o el director de un periódico que azuza a las masas para ganar lectores; sino los ciudadanos que vienen a pedir justicia y los ciudadanos que hay que proteger. Y eso va especialmente para los altos cargos de ese tercer pilar, inclusive los magistrados del Tribunal Constitucional.

Por favor, hagan lo que quieran, pero no nos conviertan en prescindibles.