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Hoy hace 38 años que intentaron acabar con nuestra democracia

El teniente coronel Tejero, en una instantánea histórica, mantuvo al Congreso de los Diputados secuestrado a punta de pistola durante la tarde-noche del 23 de febrero y la madrugada del 24. RTVE.
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A las 18:23 horas de la tarde de este mismo día, 23 de febrero, de 1981 intentaron acabar con la joven democracia española.

Era lunes.

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El teniente coronel de la Guardia Civil, Alfonso Tejero, armado con una metralleta, irrumpió con un nutrido grupo de guardias civiles en el hemiciclo del Congreso y al grito de “¡todos al suelo!”, a la vez que disparaba hacia el techo, interrumpiendo la investidura del nuevo presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo Sotelo, que se estaba votando en esos momentos.

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Tras el fracaso del golpe se inició, un año después, el  juicio contra los acusados de haber participado en aquella asonada frustrada.

Hoy, 38 años después de aquellos hechos, otro juicio, el que transcurre en el Tribunal Supremo contra los líderes independentistas catalanes, se formula como el siguiente intento en gravedad de cuestionar el Estado Constitucional.

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El que fuera fiscal general del Estado, José Manuel Maza, desgraciadamente fallecido, comparó, en el programa Informe Semanal, emitido en noviembre de 2017 la declaración unilateral de independencia en Cataluña al margen de la legalidad vigente, con la jurisprudencia derivada del intento de golpe de estado del 23-F.

En concreto, Maza se refirió a la polémica sobre el concepto de rebelión y uso de la violencia, e indicaba: “si hay armas, hay un tipo específico más castigado, lo cual indica que sin ellas se da la rebelión en su grado menor”.

Como referente citaba al Tribunal Supremo en su sentencia sobre el golpe militar que indica, explicaba, que “para que haya rebelión no es preciso que sea cruenta como en los pronunciamientos militares del siglo XIX para forzar un cambio político”.

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Comparaciones aparte, aquella tarde/noche de 1981 quedó grabada en la historia de nuestro país como un hecho execrable y como el triunfo de la sociedad frente al golpismo que quiso hacer callar a 350 representantes electos.

Los golpistas pretendían  tomar el Congreso; conseguir que interviniera la División Acorazada Brunete y tras proclamar en Valencia un bando, incorporar al golpe a los capitanes generales.

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La noticia llegó a los medios informativos como un mazazo. En diferentes redacciones se celebraban asambleas para tomar postura sobre la exigencia de ETA de hacer público un comunicado en relación a un informe sobre torturas en España de Amnistía Internacional y la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento.

La banda terrorista reclamaba  que se le diera difusión como condición para liberar a los cónsules de El Salvador en Bilbao; el de Austria también en Bilbao y al de Uruguay en Pamplona.

La noticia de “tiros en el Congreso”, que llegaba en un teletipo de urgencia, desbarató las deliberaciones y los periodistas se lanzaron a recabar toda la información posible.

La Cadena Ser consiguió emitir noticias puntuales gracias a la disposición de un joven técnico, Mariano Revilla, que tuvo la habilidad de dejar abierta una línea de sonido en conexión con los estudios.

Del mismo modo, y gracias, a que nadie advirtió que una cámara de televisión quedaba encendida, una ciudadanía atónita puedo ver las imágenes de la valentía del teniente general Manuel Gutiérrez Mellado, ministro de Defensa, enfrentándose al coronel Tejero y de cómo el presidente Adolfo Suarez acudió a apoyarle cuando el guardia civil le intentó zarandear.

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O de cómo Santiago Carrillo, secretario general del Partido Comunista, uno de los personajes más odiados por los golpistas, se mantenía sereno, sentado en su escaño ,sin acceder a arrojarse bajo el asiento.

Gracias también al temple del fotógrafo de EFE, Manuel Hernández, que consiguió esconder el carrete de fotos en su ropa interior con la excusa de ir al baño, conocemos las imágenes que dieron la vuelta al mundo de los sucesos de aquel día y aquella noche.

EL  MENSAJE DEL REY

Poco después, tres escuadrones con blindados tomaron las instalaciones de RTVE en Prado del Rey.

Apenas estuvieron allí una hora.

En Valencia, Jaime Milans del Bosch, capitán de la III Región Militar, asumía todos los poderes civiles y militares y lo comunicaba por las emisoras de radio valencianas.

El Rey Juan Carlos la noche del 23 F, en su alocución a la nación, que desbarató el golpe. RTVE.

El bando decía así: “Todo personal afecto a los Servicios Públicos de Interés Civil queda militarizado, con los deberes y atribuciones que marca la Ley.”

O también: “Quedan prohibidas todas las actividades públicas y privadas de todos los partidos políticos, prohibiéndose igualmente las reuniones superiores a cuatro personas, así como la utilización por los mismos de cualquier medio de comunicación social”.

Entre otras cosas:  “Quedan suspendidas la totalidad de las actividades públicas y privadas de todos los partidos políticos”. “Todos los Cuerpos de Seguridad del Estado se mantendrán bajo mi Autoridad”.

Para concluir, ordenaba: “Igualmente asumo el poder judicial y administrativo, tanto del Ente Autonómico como de los Provinciales y Municipales”.

Sobre la capital del Turia se estableció un toque de queda desde las 21:00 horas a las 07:00, tiempo en el que solo podían pasear dos personas y en el que carros de combate circularon por las calles desiertas de la ciudad al son de la música militar que la población escuchaba en los transistores como única emisión.

Mientras tanto, en el Congreso, Tejero mantuvo una reunión con los generales José Luis Aramburu Topete (que después se retiraría) y Alfonso Armada, quien permaneció allí.

Ya poco después de la una de la madrugada el Rey Juan Carlos I, uniformado como capitán general, dirigió a la nación un mensaje por radio y televisión, ordenando el mantenimiento de las normas constitucionales y el final del golpe.

Decía así:

«Al dirigirme a todos los españoles, con brevedad y concisión, en las circunstancias extraordinarias que en estos momentos estamos viviendo, pido a todos la mayor serenidad y confianza y les hago saber que he cursado a los capitanes generales de las Regiones Militares, Zonas Marítimas y Regiones Aéreas la orden siguiente:

«Ante la situación creada por los sucesos desarrollados en el Palacio del Congreso y para evitar cualquier posible confusión, confirmo que he ordenado a las Autoridades Civiles y a la Junta de Jefes de Estado Mayor que tomen todas las medidas necesarias para mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente. Cualquier medida de carácter militar que en su caso hubiera de tomarse deberá contar con la aprobación de la Junta de Jefes de Estado Mayor.

«La Corona, símbolo de la permanencia y unidad de la patria, no puede tolerar en forma alguna acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático que la Constitución votada por el pueblo español determinó en su día a través de referéndum».

Fue después de esta alocución cuando Armada abandonó el edificio de Las Cortes.

Los periódicos Diario 16 y El País realizaron sendas ediciones especiales relatando las palabras del Rey y con el contundente titular de que el golpe había fracasado.

Los propios redactores de estos medios se trasladaron a las inmediaciones del Congreso repartiendo periódicos entre las fuerzas de seguridad que se encontraban en los aledaños y  los numerosos madrileños que se agolpaban en el Paseo del Prado.

El Hotel Palace se convirtió en un hervidero de corresponsales españoles e internacionales esperando el desenlace.

Antes del amanecer, Milans del Bosch ordenó la retirada de las tropas que ocupaban el centro de Valencia y emitió otro bando dejando sin efecto el anterior, concluyendo con vivas al Rey y a España.

Y ya, a las 11:50, después de 18 horas de encierro, el Gobierno, los diputados, los funcionarios y los periodistas pudieron abandonar el edificio después de una espectacular salida por las ventanas más próximas a la acera de los agentes de la Benemérita  que habían entregado previamente las armas.

EL JUICIO

El juicio oral contra los acusados de haber participado en el intento del golpe de Estado del 23-F comenzó en Madrid el 19 de febrero de 1982.

Traducido en cifras, el número de procesados fue de 33; intervinieron 26 abogados defensores; 16 jueces, 69 testigos, observadores y periodistas, como relataba en 2017 el periódico La Vanguardia en un artículo que recuerda cómo tres meses después, el 3 de junio, tras 47 sesiones y 13.000 folios de sumario, se dictaminaron las sentencias del Consejo Supremo de Justicia Militar.

Pero en 1983, el Tribunal Supremo modificó algunos términos, condenando sólo  a 30 de los 33 procesados, revocando así la decisión del Consejo de Guerra, e incrementando las sanciones decididas por el órgano militar.

Ahora, las sentencias contemplaban desde el año hasta los treinta años de prisión.

Por unanimidad, los magistrados decidieron que el teniente general Milans del Bosch, el general Alfonso Armada y el teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero “ejecutaron material, directa y personalmente”un delito de rebelión militar consumado “siendo cabezas de la rebelión los dos primeros y jefe de unidad superior a compañía el tercero”. 

La condena fue en estos casos de 30 años de cárcel.

Para Tejero, además la Sala dictó multa de un millón de pesetas como responsabilidad civil.

Si bien, en base a“circunstancias personales y objetivas” que no se expresan, la sentencia concluye pidiendo gracia para Milans y Tejero a fin de que el Rey les conmute las penas por veinte años de reclusión con las mismas accesorias.

Un coronel, un comandante, diez capitanes y ocho tenientes fueron condenados por rebelión militar a penas de entre uno y ocho años de cárcel;  tres coroneles y un capitán a penas de entre seis y doce años por delito de adhesión a la rebelión; a un capitán de navío le correspondió un año de cárcel por auxilio a la rebelión y dos años recayeron sobre un civil, Juan García Carrés, abogado y antiguo dirigente del sindicato vertical franquista.

Enlace a la sentencia. Archivo Linz de la Transición española, Fundación Juan March