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Del Internet de las cosas al Internet de los cuerpos

Javier Puyol es socio director de Puyol Abogados & Partners. Foto: Carlos Berbell/Confilegal.
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El internet de las cosas (en inglés, «Internet of Things», abreviado IoT; IdC, por sus siglas en español) es un concepto que se refiere a una interconexión digital de objetos cotidianos con internet.

Constituye Internet de las cosas una red de objetos físicos –vehículos, máquinas, electrodomésticos y más– que utiliza sensores y APIs para conectarse e intercambiar datos por internet.

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IoT depende de una serie integral de tecnologías –como las interfaces de programación de aplicaciones (API) que conectan los dispositivos a internet–.

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TECNOLOGÍAS CLAVE IoT

Otras tecnologías IoT clave son las herramientas de gestión de Big Data, las analíticas predictivas, la IA y machine learning, la nube y la identificación por radiofrecuencia (RFID) [i].

Es, en definitiva, la conexión de internet con más objetos que con personas.

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También se suele conocer como internet de todas las cosas o internet en las cosas.

Si los objetos de la vida cotidiana tuvieran incorporadas etiquetas de radio, podrían ser identificados y gestionados por otros equipos de la misma manera que si lo fuesen por seres humanos.

El concepto de internet de las cosas fue propuesto en 1999, por Kevin Ashton, en el Auto-ID Center del MIT, en donde se realizaban investigaciones en el campo de la identificación por radiofrecuencia en red (RFID) y tecnologías de sensores.

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Por ejemplo, si los libros, termostatos, refrigeradores, la paquetería, lámparas, botiquines, partes automotrices, entre otros, estuvieran conectados a internet y equipados con dispositivos de identificación, no existirían, en teoría, artículos fuera de stock o medicinas caducadas o con el tiempo de actividad útil expirado; sabríamos exactamente la ubicación, cómo se consumen en el mundo; el extravío pasaría a ser cosa del pasado, y sabríamos qué está encendido y qué está apagado en todo momento.

El internet de las cosas debería codificar, en teoría, de 50 a 100.000 millones de objetos y seguir el movimiento de estos.

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Se calcula que todo ser humano está rodeado, al menos, por un total de aproximadamente 1000 a 5000 objetos.

Por un lado, según la empresa Gartner, en 2020 habrá en el mundo aproximadamente 26 mil millones de dispositivos con un sistema de conexión a internet de las cosas.

Abi Research, por otro lado, afirma que para el mismo año existirán 30 mil millones de dispositivos inalámbricos conectados a internet.

Con la próxima generación de aplicaciones de internet (protocolo IPv6) se podrían identificar todos los objetos, algo que no se podía hacer con IPv4.

Este sistema sería capaz de identificar instantáneamente por medio de un código a cualquier tipo de objeto [ii].

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A medida que cada vez más fábricas y equipos incorporan el Internet de las Cosas (IoT) incrementando el volumen de datos, la computación se ve obligada a ser más cognitiva para procesar, analizar y optimizar la información de forma adecuada. 

EL NUEVO CONCEPTO DE INTERNET DE LOS CUERPOS

Y de ahí nace el nuevo concepto de internet de los cuerpos o IOB.

Debe tenerse en cuenta que hoy por hoy, los datos, que son el oro de la nueva economía, representan la conversión en formatos digitales de rasgos de comportamiento de personas y grupos sociales.

No sólo lo que expresan o exteriorizan al interactuar en Internet, sus búsquedas, intereses y redes de contactos, sino también, y a los efectos que nos interesan, son cada vez más, los datos de carácter biométricos de los cuerpos, junto con los pensamientos, gustos, dolencias y estados de ánimo que todo ello desvela, y que los aparatos inteligentes, cámaras, sensores y algoritmos son cada vez más expertos en captar e interpretar cualquier aspecto del cuerpo o de los sentimientos y actitudes del ser humano.

Es un nuevo mundo a descubrir, que precisamente, ya se está descubriendo.

El Internet de los cuerpos se refiere a las implicaciones legales y políticas de usar el cuerpo humano como una plataforma tecnológica.

Por ello, se puede afirmar, que en la evolución del llamado Internet de las cosas (IoT) el mismo se está moviendo hacia y dentro del cuerpo humano, convirtiéndose en el Internet de los cuerpos (IoB).

En este sentido, es importante tener en cuenta, que este nuevo concepto no debe ser catalogado como una discusión teórica, o un planteamiento de futuro, sino que el mismo constituye ya una realidad, ya que los avances tecnológicos en la materia, están en pleno desarrollo y aplicación.

Por ello no debe dudarse en afirmar que, la revolución tecnológica que está produciendo la nueva era llamada el Internet de las Cosas”, un concepto que define un mundo en el que cada vez más objetos son capaces de conectarse a la Red, está produciendo un impacto social en los seres humanos que tendrá su repercusión más extrema en el futuro.

Muchos de estos objetos conectados serán los que sustituyan a los actuales dispositivos por terminales insertados en, sobre y dentro del propio cuerpo del ser humano.

Esto quiere decir que, a partir de ahora, millones de dispositivos irán disminuyendo las fronteras que separan al ser humano con ellos para, en un futuro, formar parte de él, lo que creará un sentimiento de empatía entre el hombre y las máquinas.

La relación entre el cuerpo y la tecnología se lleva explorando desde hace mucho tiempo.

El primer ordenador wearable o ponible fue inventado allá por 1961.

No era el Apple Watch, pero fue un invento interesante para el año del que estamos hablando.

Justo un año antes los científicos Manfred E.Clynes y Nathan S.Kline habían inventado el término ‘cyborg’ para referirse a un organismo cibernético.

En los ochenta y noventa Steve Mann se convirtió en todo un icono de la tendencia cíborg.

El doctor Mann defiende que los ordenadores deberían diseñarse para funcionar de manera orgánica y adaptarse a las necesidades humanas, en lugar de que sean los humanos los que se adapten a la tecnología.

Así, este profesor del MIT ha desarrollado herramientas tanto portátiles, como integradas en el cuerpo humano, que aumentan nuestras capacidades biológicas [iii].

Por todo ello, desde VINT se ha procedido a identificar seis categorías distintas de lo que han denominado «cosas empáticas», y que son, las que se citan seguidamente:

a) WEARABLES

Son dispositivos ponibles que, ubicados junto a la piel proporcionan una visión en datos corporales tales como el ritmo cardiaco, como pueden ser las huellas de los dedos para encender una luz de la habitación.

b). AUGMENTABLES

Están constituidos por aquellos que complementan los sentidos con datos procedentes del entorno del usuario.
Por ejemplo, una gafa digital que te permitan recaudar información,

c). SURROUNDABLES

Combinan datos del ser humano con información externa.

Por ejemplo, un tatuaje de un código que permita desbloquear un dispositivo,

d). ENCHANTABLES

Objetos cotidianos equipados con tecnología inteligente, que proporcionan por ejemplo recordarte la hora en la que te tienes que tomar la medicina.

e). SWALLOWABLES

Convierten datos del cuerpo en un identificador digital. Un ejemplo claro pueden ser las camisetas que te miden las pulsaciones.

f). BIOHACKABLES

Son aquellos que están implantados bajo la piel para mejorar el desarrollo humano. Por ejemplo una pastilla de identificación que permita abrir la puerta de tu casa sin la necesidad de utilizar las llaves [iv].

A modo de anécdotas, pero fiel reflejo de la realidad actualmente existente, puede traerse a colación el hecho sucedido al ex vicepresidente de EE.UU., Dick Cheney, reveló en 2013 que sus médicos ordenaron que las capacidades inalámbricas de su implante cardíaco quedaran inhabilitadas por la preocupación de posibles piratas informáticos asesinos.

En 2017, la Administración de Drogas y Alimentos de EE.UU. retiró casi medio millón de marcapasos por cuestiones de seguridad que requieren actualización de firmware [v].

El IoB determina que el cuerpo humano se convierta en el pilar básico del desarrollo digital.

En este sentido, es evidente que IoB va a convertir la piel en circuitos inteligentes, que son capaces de convertir el sistema nervioso periférico en una interfaz, y pronto veremos las lentes de contacto cibernéticas, los millirobots, los tatuajes digitales o los implantes que permiten realizar pagos, como algunos de los ejemplos que están surgiendo para mejorar de manera efectiva y novedosa un cuerpo humano.

Estas innovaciones, que fusionan el cuerpo humano y la tecnología y hacen que la barrera entre hombre y máquina sea algo más difusa, dejan algunas preguntas a nivel ético y moral.

¿Cómo se puede asegurar un uso ético de estos datos obtenidos precisamente a través de nuevos implantes y técnicas directamente del interior del cuerpo humano?

¿Quién controla o quien debe controlar, el uso de los datos personales de nuestro cuerpo?

¿Cómo es posible generar una situación en la que, mediante el uso de estas nuevas tecnologías IOB, todos efectivamente salgamos beneficiados? [vi]

El uso de estas nuevas tecnologías (IoB) frente a los derechos humanos, la intimidad, la privacidad van a provocar evidentes cambios sociales y personales en los individuos, siendo, por tanto, completamente necesario, desde el respeto a estas aspectos esenciales de la persona, procurar aunar la tecnología y el cuerpo humano, de modo y manera, que en vez de producir los resultados que, actualmente constatamos de aislamiento y deshumanización, se pase a una etapa en el que el uso de la tecnología en el cuerpo humano, traiga como resultado una mayor conocimiento del mismo, y una mejor interacción con otras personas y comunidades, donde desde el respeto, no solamente tomemos conciencia de aspectos hasta ahora desconocidos del ser humano, sino que el uso de dicha tecnologías nos haga más libres, y al mismo tiempo, mejore las condiciones de la vida de los hombres y de las mujeres.

 

[i] Cfr.: SAP. “Definición de internet de las cosas”.

[ii] Cfr.: WIKIPEDIA. “Internet de las cosas”.

[iii] Cfr.: Byzness. El Periódico.

[iv] Cfr.: TICBEAT. “El cuerpo humano será el centro del ‘Internet de las Cosas’ (infografía)”. 29 de marzo de 2014.

[v] Cfr.: MELVECS.  “Internet de los Cuerpos: Nueva y espeluznante plataforma para el descubrimiento de datos”. La verdad nos espera. 8 de enero de 2019.

[vi] Cfr.: Byzness. El Periódico. Obra citada.

por Javier Puyol.

Javier Puyol es abogado, socio director de Puyol Abogados, magistrado excedente, exletrado del Tribunal Constitucional, exdirector de la Asesoría Jurídica Contenciosa del BBVA, consultor en tecnologías de la información y comunicación, administrador concursal, árbitro y mediador civil y mercantil, profesor universitario y académico de la Real Academia de Jurisprudencia.