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Los jueces del futuro no necesitarán memorizarlo todo, según el “gurú” español de las nuevas tecnologías Enrique Dans

El nuevo libro de Enrique Dans urge a afrontar los riesgos de un crecimiento descontroladoEl autor del libro, Enrique Dans, es profesor de Innovación en IE Business School desde el año 1990.
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El futuro ha venido y nadie sabe cómo ha sido y esta ignorancia deliberada por parte de dirigentes, líderes y gente corriente –avisa Enrique Dans en su libro “Viviendo el futuro”– nos puede costar muy cara.

Por culpa de la inacción ante la emergencia climática tal vez el futuro no llegue a existir, y no veamos a los coches desaparecer de las ciudades, el establecimiento de una renta básica, el cambio de parámetros del trabajo, los avances tecnológicos vertiginosos y la lucha por el mantenimiento de la privacidad.

El mundo del futuro no va a ser fácil, pero va a ser apasionante, como relata Enrique Dans a Confilegal, un mundo en que, la salud, el trabajo o  la Justicia se apoyarán en los algoritmos.

No se trata de una hipótesis: es una amenaza real provocada por la competencia entre empresas y países que ha tenido lugar desde la Revolución Industrial.

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El futuro es ser capaces de tener un mañana y mirar hacia delante con realismo.

El escenario al que nos enfrentamos, dice Dans en su libro, está plagado de riesgos, el principal de los cuales es que la competencia incesante, además del progreso, ha llevado a la civilización humana a una situación de emergencia climática insostenible en el que su final ya no es algo descartable.

“No se acaban de entender las prioridades. Todo apunta a que se pretende compatibilizar la descarbonización con el mantenimiento de un ritmo de crecimiento similar al que teníamos, y es evidente que hay que cambiar las reglas de desarrollo económico”.

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“No va a ser sencillo porque hasta ahora en general ha funcionado bien, pero no sabíamos que no iba a ser eternamente sostenible”.

Enrique Dans es profesor de Innovación en IE Business School desde el año 1990. Está licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Santiago de Compostela, MBA en el Instituto de Empresa, doctorado en sistemas de información en la Universidad de California (UCLA) y con estudios postdoctorales en la Harvard Business School.

Además, es asesor de “startups” (empresas emergentes) y compañías consolidadas, colabora con medios de comunicación nacionales e internacionales en temas relacionados con la red y la tecnología, y desde 2003 escribe a diario en su blog, enriquedans.com. Asimismo, es autor de Todo va a cambiar (Deusto, 2010).

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Enrique Dans es uno de los grandes “gurús” de las nuevas tecnologías y lo que, con ellas, nos puede deparar el futuro. Foto: Diario de Valladolid.

UNA OPORTUNIDAD ÚNICA

El libro de Dans da respuestas a las preguntas que todos nos hacemos: ¿cómo será el futuro? ¿Qué impacto tendrá en él la tecnología? ¿Cómo puede esta ayudarnos a resolver nuestros problemas más acuciantes?

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Enrique Dans sostiene que el mundo, tal y como lo conocemos, desaparecerá en muy pocos años y que el desafío es tomar medidas inmediatas porque “el capitalismo, que logró ser el más eficiente de los sistemas económicos en la corta historia de la civilización humana en nuestro planeta, podría convertirse en la razón inexorable de su apocalipsis final”, advierte el libro.

Pero como todos los momentos de crisis y grandes cambios en la historia, el reto puede convertirse, dice Dans, “en una gran oportunidad, con cambios muy importantes, inversiones  en energías limpias, planteando la transición energética de los países como una circunstancia idónea para generar empleo y nuevos desarrollos en todos los campos”.

La legislación europea ya penaliza la emisión de gases, que “pronto resultará muy cara y no habrá más moratorias.

Los plazos varían “desde los más absurdos, como cuando España dice que en 2040 se planteará prohibir los vehículos de combustión, hasta los más lógicos, como los de Holanda y Noruega, que hablan de 2025”.

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Para Dans, “lo que hagamos en España en 2040 será ya irrelevante porque la bola de nieve será imparable”.

IDIOTAS TECNOLÓGICOS

“Nadie pretende llamarte idiota por no ser capaz de adaptarte a un contexto tecnológico” dice el libro, pero  “trata de no ofenderte y de adoptar una actitud constructiva”.

“La velocidad del avance tecnológico exige unas actitudes y aptitudes determinadas para poder aprovecharlo sin sentirse desaventajado o inadaptado, y esa actitud es necesario entrenarla, educarla y dotarla de criterio”.

“¿Por qué razón existe una correlación prácticamente lineal entre la edad de las personas y la propensión a compartir noticias falsas? Se pregunta Dans en el libro.

“Sencillamente, porque las personas mayores fueron educadas en contextos de escasez de información, se acostumbraron a recurrir a muy pocas fuentes, a que si veían algo en la televisión era, sin duda, algo cierto de lo que era absurdo dudar, y no desarrollaron adecuadamente el pensamiento crítico”.

“Por eso en estos momentos es importante cambiar el  paradigma de la educación, que es inútil para ese futuro que viene a toda velocidad. Ya no hace falta memorizarlo todo”.

“Un juez se acordará de aquellos casos o sentencias más habituales, pero no necesitará estudiar durante cuatro intensos años para hacer un examen porque eso no le hace mejor juez y no tiene ningún sentido” declara tajantemente a Confilegal.

«La educación del futuro, por tanto, deberá generar habilidades, aptitudes y actitudes que faciliten elementos como la capacidad de trabajar en grupo con otras personas o con máquinas, la posibilidad de desarrollar y adiestrar los diferentes tipos de inteligencia, las habilidades de comunicación a todos los niveles, la empatía, la capacidad de participar en grupos de trabajo remotos y, sobre todo, el pensamiento crítico”.

“Para una sociedad diferente necesitaremos, sin duda, una educación diferente, y cuanto más tardemos en poner en marcha esos cambios, más tardaremos en contar con los elementos adecuados para vivir adecuadamente y desarrollarnos como personas en esa nueva sociedad”.

Enrique Dans cuenta en esta entrevista que hay muchos jueces españoles interesados en cómo las nuevas tecnologías va a influir en la gestión de la Justicia españa; se lo contó él a los miembros de la APM en el reciente Congreso que celebraron en Zaragoza. Foto: El Economista.

LA JUSTICIA ALGORÍTMICA

Pero ese no es el único cambio en el mundo jurídico, “que aunque se está moviendo, va despacio porque no es fácil cambiar las cosas, pero hay muchos jueces interesados en el desarrollo del ‘machine learning’ y de la consiguiente modernización de la función jurídica”.

“Se trata- añade- de la aplicación de una justicia algorítmica, que ya existe en Estados Unidos, donde un algoritmo les dice a los jueces las probabilidades de reincidencia y otros parámetros que les ayudan a tomar decisiones”.

“Lo cual no quiere decir que una máquina les sustituya, porque ni es un oráculo ni es infalible, es una tecnología  previamente programada con miles de casos perfectamente etiquetados, no una bola de cristal”.

LA SALUD, QUE NO FALTE

Algoritmos que también mejorarán la salud y esperanza de vida de las personas, “pasando de una medicina curativa, que únicamente actúa cuando determinados síntomas ya se han hecho patentes, a una con vocación preventiva, que aspira a detectar esas enfermedades o trastornos antes de que se produzcan, y a tratar de ponerles remedio en esa fase temprana”.

Aquí jugará un papel importante el  análisis genético detallado, que “podrá determinar el nivel de prevención y monitorización que es preciso mantener, y dotar a esa persona de los dispositivos necesarios para que pueda llevarla a cabo de manera periódica o, incluso, continua”.

“Esto generará cantidades ingentes de datos que, lógicamente, no serán examinados por médicos en lo que supondría una tarea completamente exhaustiva e inabarcable, sino por algoritmos de machine learning que se irán alimentando  cada vez  de más datos para lograr diagnósticos cada vez más precisos”, dice el autor en su libro.

ADIÓS VEHÍCULO, ADIÓS

Dans vaticina que el vehículo privado va a desaparecer por ineficiente y anticuado, algo que ya ha comenzado con la peatonalización o la restricción progresiva al tráfico en cada vez más zonas de las ciudades; seguirá con la implantación de peajes por acceso, con la prohibición absoluta del aparcamiento en superficie, y por supuesto, al tiempo, “con una mejora y un enriquecimiento progresivo de las posibilidades de transporte, que incluirán desde vehículos en alquiler en una amplia gama de opciones, hasta una oferta de transporte público mejorada y adecuadamente mantenida”.

Ciudades, pues, sin coches, pero también sin bancos y sin tiendas de barrio, sin centros de trabajo y con mucho tiempo libre gracias a la automatización de muchos trabajos y a una  renta básica incondicional.

“El elemento fundamental que posibilitará un diseño diferente de las ciudades será el abandono de la mentalidad industrial y la adopción de hábitos de trabajo organizados más racionalmente y con más sentido, en los que las personas trabajen desde sus casas o desde centros de trabajo distribuidos, se mantengan habitualmente conectadas y se vean las caras a través de pantallas o de visores de manera que no pierdan el elemento del trato personal ni se sientan desconectadas, pero que les permita acudir a sus centros de trabajo de manera ocasional, con horarios diferentes que eviten la aparición de esas espantosas horas punta que generan el colapso de las infraestructuras, y con formatos que les permitan alcanzar un adecuado balance entre su vida profesional y su vida personal o su ocio”, dice el libro.

LA PRIVACIDAD, EN PELIGRO

Enrique Dans trata también a fondo el tema de la privacidad, describiendo las tres grandes corrientes o escuelas de pensamiento:

la china, “que es muy eficiente pero no es democrática ni respeta derechos fundamentales de la persona”; la europea, que “aparentemente funciona bien pero se ha convertido en algo monstruosamente complicado y complejo”, y la norteamericana, que “da demasiado poder a las compañías”.

“Lo que hay que tener claro -añade en este sentido-  es que si perdemos la privacidad nos debilitaremos como individuos frente a una entidad central de algún tipo al estilo de 1984 de Orwell, y el problema es que no parece que le preocupe a nadie: dicen, si no tengo nada que ocultar no tengo nada que perder y eso es una verdadera barbaridad”.

El autor no sabe si llegará a ver todos los cambios que vaticina en su obra, pero cree que todos seremos testigos de la desaparición de la aglomeración de coches en las ciudades, la descarbonización –“porque en caso contrario sí que no llegaremos y el futuro ya está aquí”.

La batalla, como dice el libro, “no se juega en el 2030 o el 2050 como creen algunos políticos ignorantes o inconscientes: se juega ahora mismo, en 2020”.