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El caso Merlos o adónde lleva no saber filosofía

El autor de la columna es el doctor Felicísimo Valbuena, catedrático emérito, asesor de comunicación y periodista.
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Me pide Carlos Berbell, director de Confilegal, que interprete el caso Merlos desde mi experiencia. Reconozco que no es un caso muy complicado, aunque haya consumido interminables horas de televisiones y radios y mucho espacio en la prensa escrita y digital tanto nacional como internacional.

Efectivamente, no es complicado si disponemos de una teoría potente para interpretarlo.

Nada hay más útil que una buena teoría.

¿Qué es y qué fue del caso Merlos?

Esta es una pregunta enfocada al presente y otra proyectada al futuro.

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Es caso de Alfonso Merlos es un accidente que se ha convertido en un escándalo. Lo peculiar de este caso, y, por lo que va a dejar huella, es que Alfonso Merlos, el experto al que el Colegio de Abogados de Madrid le paga muy bien para resolver problemas, es el que ocasiona el problema y luego lo fomenta.

Ocasiona, no causa.

¿Qué fue del caso Merlos? En estos momentos, no lo sabemos. Más adelante, mostraré qué desenlaces puede tener este caso. Tampoco es tan complicado si sabemos interpretar la realidad. Cuando alguien no tiene una idea de un asunto, suele encargar y pagar una encuesta.

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En este caso, no hace falta.

Alfonso Merlos, el protagonista sobre el que gira esta columna del profesor Valbuena. Foto: 13TV

La teoría de los Accidentes y Escándalos

En 1974, dos autores, Havey Molotch y Marilyn Lester publicaron un estudio que es muy útil para entender lo que ocurre en la vida pública.

Distinguieron entre Acontecimientos rutinarios, Accidentes, Escándalos y Acontecimientos fortuitos.

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La mayor parte de la actividad de Alfonso Merlos como director de Comunicación ha estado dedicada a los acontecimientos rutinarios: organización de eventos, conferencias de prensa, discursos y debates del equipo directivo.

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Accidente es lo que le ocurre a alguien, en este caso a Alfonso Merlos, sin que él lo haya buscado; ahora bien, en un accidente, quienes lo promueven como acontecimiento público son distintos de quien o quienes lo ocasionaron.

El vertido del Prestige no fue promovido por el Gobierno español de entonces. Quienes lo promovieron como accidente fueron fuerzas opuestas al Gobierno.

Merlos empezó a darse cuenta de que muchas personas, muchos miles, incluso millones de televidentes, oyentes y lectores veían de manera muy distinta de la suya los pocos segundos en los que una joven había pasado detrás de él con escasa ropa.

El fallo de Merlos es que dejó la batuta de ese hecho a los demás.

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Si hubiera estudiado un poco al filósofo Gustavo Bueno, se habría dado cuenta de que un hecho es el entrecruzamiento de varias interpretaciones.

Él tendría que haber dado la suya.

Él no sólo es una persona que tenía derecho a su intimidad. Claro que la tenía, pero también era el director de Comunicación del Colegio de Abogados de Madrid.

Es como alguien que proclama el derecho a su intimidad sin interferencia de nadie: practicar todas las posiciones del Kamasutra, que Hacienda no inspecciones sus cuentas corrientes…

Sí, él tiene derecho a que nadie le observe con prismáticos. Ese es un asunto ético.

Pero prohibir que Hacienda acceda a sus cuentas corrientes no es equiparable a la risa que es inseparable de una persona.

La Moral se ocupa de las normas que rigen la conducta de los grupos. Alfonso Merlos no aplicó la distinción entre Ética y Moral y ahora está comprobando las consecuencias.

El escándalo revela aspectos normalmente ocultos de las vidas individuales o de los procesos institucionales.

En este caso, el contrato que Merlos y la Junta de Gobierno del Colegio de Abogado habían firmado hace tres años era algo que llamó la atención de dos asociaciones de abogados, la Asociación Libre de Abogados y Abogadas y también de la Unión de Abogados Españoles.

Y no era para menos. El contrato era muy ventajoso para él. El Colegio pactó con él un salario de 180.000 euros anuales, compuesto por 120.000 euros de base más un “bonus” de 30.000 euros por objetivos y 30.000 euros de IVA, porque no era un contrato laboral sino uno mercantil que el Colegio firmó con su empresa, Trocadero Comunicación, S.L.

Merlos gana 47.231 euros más que el presidente del Tribunal Supremo y 70.928 euros más que un magistrado de ese Alto Tribunal. O 95.155 euros más que el mismo presidente del Gobierno, aunque hay que reconocer que en ese sueldo no va ni la casa, ni la manuntención.

Lo que hicieron estos abogados fue convertir una conducta íntima en un acontecimiento de normas morales en el marco de esta crisis económica del coronavirus que está dejando muy tocados a los 44.000 colegiados ejercientes, que llevan sin facturar dos meses.

Un acontecimiento fortuito es el que surge sin que el protagonista lo haya previsto pero lo promueve como algo creativo.

Es un acontecimiento que el público no conoce, pero el sujeto  lo convierte en un negocio, por ejemplo.

El origen de muchos inventos está en un acontecimiento fortuito o «serendipity», que algunos traducen por «chiripa».

Alfonso Merlos podría haber aprovechado su accidente como una nueva forma de hacer frente a una situación difícil y haber enseñado cómo salir con éxito de ella.

Pues no. No lo hizo.

Lo que él eligió fue cambiar la seda por el percal. A cambio de unas migajas de popularidad, se prestó a ir a un plató y, según me han informado, un conocido presentador del mundo rosa le abordó por sorpresa y se rió de él. E hizo que miles y miles de personas se riesen de él en sus casas. Y que la historia llegara a Estados Unidos, donde nada menos que la actriz Whoopie Golberg se riera también de él.

Después, guardó silencio, de forma muy inteligente –en un principio–, pero después cayó en la tentación de la prensa rosa.

El pasado 13 de mayo ¡Hola! lo llevó en su portada, posando con su novia y su perro, en lo que a todas luces parece ser que fue un falso “posado robado”. También otras revistas como Semana y Lecturas lo llevaron esa misma semana.

Y así se elevó a personaje de la prensa rosa. Fue un error monumental. Y eso ha afectado a la reputación del Colegio de Abogados de Madrid, cuya Junta de Gobierno había decidido, en un principio, “perdonarlo”, manteniéndole contratado con la idea de cambiar su relación por una laboral o de autónomo y la prohibición de ir a las televisiones a seguir participando como contertulio político.

En este caso, Merlos se ha salido de lo que es norma entre los directores de Comunicación de instituciones como esta.

Lo normal es que estas personas tengan un perfil bajo. Porque lo que dicen, su opinión personal, puede confundirse con la de la institución. Y eso es muy peligroso.

El Colegio le permitió, desde su contratación, esa “doble vida”. Otro gran error.

Funcionó mientras poca gente, pocos colegiados, supieron que era el director de Comunicación del Colegio. Pero cuando finalmente eso se ha destapado, inevitablemente ha afectado a la imagen del Colegio.

No se puede negar. Merlos ya es identificado públicamente con el Colegio de Abogados de Madrid. Y eso no es bueno para el Colegio.

¿Está Merlos en un saco?

Para ver que el caso Merlos es de libro, podemos remontarnos a “¿Qué dice usted después de decir ‘hola’?“.

Su autor, Eric Berne, fundador del Análisis Transaccional, estaba corrigiendo las pruebas de imprenta en el Hospital cuando sufrió el segundo infarto, que le llevó a la tumba el 10 de julio de 1970.

En un fragmento de este libro, Berne hablaba de una persona que está acosada por órdenes contradictorias.

En ese caso a menudo es evidente para las personas que lo rodean que está respondiendo a lo que hay en su cabeza más que a la situación externa, y entonces se dice que está en un saco.

Podemos aplicar este fragmento a la situación que esta viviendo hoy Merlos.

Y no como si estuviéramos hablando de una interpretación psicologista. Miles de personas saben que Merlos está pillado entre una afición íntima y una obligación profesional.

Y sigue Berne: “Si su saco está respaldado por algún talento o alguna capacidad, y por una orden de saldo triunfante, puede ser un saco de triunfador, pero en la mayoría de los casos, las personas que están en un saco son fracasados, porque su conducta no se adapta”.

“Una persona que sale de un saco procederá inmediatamente a hacer su asunto, esto es, lo que siempre haya deseado más hacer. Si eso resulta ser adaptable y es encausado por algo de racionalidad Adulta, puede acabar siendo un triunfador, pero si se entrega demasiado a menudo y demasiado a fondo, acabará siendo un fracasado”.

Lo que escribe Berne se adelanta a lo que está ocurriendo con Merlos.

Él tiene el talento de ser un profesional que ha triunfado en varios medios y ha demostrado que sabe conducir unas elecciones y que su candidato las gane. Pero se convierte en un fracasado cuando se entrega demasiado a menudo a lo que más ha deseado hacer: aparecer en los medios de comunicación.

Es como si estuviese escribiendo con tiza y fuese borrando lo escrito con la manga de su chaqueta.

¿Qué pasa y qué pasó con el Colegio de Abogados?

También el decano del Colegio, José María Alonso, está en un saco complicado, como el de Merlos.

Alonso está, primero, agradecido a Merlos porque, sin él, quizá no hubiera ganado las elecciones. 

Segundo, con el optimismo de la victoria, no calculó las consecuencias de permitir a Merlos que tuviese una presencia continua en los medios. No lo calculó él y los miembros de la Junta de Gobierno. La responsabilidad es compartida.

Tercero, los acontecimientos le superan cuando se produce el accidente y el escándalo.

Cuarto, demuestra que tiene habilidad para saber persuadir a un grupo y que tomen la decisión que él ha elegido, permitiéndo a Merlos seguir al frente de la Dirección de Comunicación.

Quinto, de nuevo, los acontecimientos le superan cuando Merlos aparece en las revistas del corazón.

Sexto, finalmente se encuentra, otra vez, ante acontecimientos que le obligan a tomar una decisión, que quiere posponer unos días. Lo peor es cuando los medios de comunicación se entrecruzan en ese proceso, que es lo que ha ocurrido. Y el Colegio se tiene que ver  abocado a adelantarla, como parece ser el caso.

Es muy molesto, hay que reconocerlo, cuando los acontecimientos se aceleran y fuerzan a tomar decisiones, pero es, en esos momentos, donde se ve la talla de los líderes.

Conclusión

Tanto Alfonso Merlos como el decano del Colegio de Abogados de Madrid pueden pasar a los libros sobre Comunicación Política, Marketing Político, Periodismo, Comunicación Institucional por cómo afronten el desenlace.

Los desenlaces son como en el fútbol: victoria, derrota o empate.

De ellos depende salir bien de esta crisis reputacional para el Colegio. Si la manejan mal les puede estallar en sus propias manos y puede tener unas consecuencias inesperadas que ninguna de las dos partes jamás hubieran deseado.

Si la manejan bien habrán demostrado lo que Eugene Emerson Jennings, uno de los consultores de empresas más prestigiosos durante treinta años, llamó “Inteligencia ante el laberinto”.

La que elijan nos dirá de qué materia básica están hechos. ¿Materia de gigantes o materia de enanos? Lo que salga, sea lo que sea, será de lo más interesante y nos dirá quiénes de verdad son.