Dos policías publican el libro «Don’t fuck the Police» en el que advierten del avance de la delincuencia y de la ineficacia del sistema policial
Sobre estas líneas, los autores, el guardia civil Josema Vallejo y el policía nacional, Samuel Vázquez, vicepresidente y presidente de la asociación "Una policía para el siglo XXI".

Dos policías publican el libro «Don’t fuck the Police» en el que advierten del avance de la delincuencia y de la ineficacia del sistema policial

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01/11/2022 01:00
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Actualizado: 02/11/2022 13:44
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Con el expresivo título de «Don’t fuck the police», Josema Vallejo, cabo primero de la Guardia Civil, especialista en Información y Tráfico, y Samuel Vázquez, miembro de los Grupos Operativos de Respuesta (GOR) de la Policía Nacional en Madrid, acaban de publicar un libro en el que explican cómo los distintos cuerpos de seguridad del Estado han priorizado los avances políticos de sus superiores por encima de la seguridad ciudadana, inundada por la acción de grupos criminales locales y globales.

Así, Vallejo y Vázquez destapan las disfunciones y batallas internas que impiden que los policías se enfrenten a los delincuentes que se apoderan de cada vez más zonas del país. Más bien, declaran, se dedican más recursos a convencer a los civiles que «todo está bien» mientras la realidad, en su análisis, prueba lo contrario.

En el ensayo, un policía francés llamado Pierre le cuenta a uno de los autores que la ciudad de París «está perdida» y que la policía ha «perdido el control y a nadie le importa». Pierre es una sombra profética que se cierne sobre gran parte de un libro que arguye que falta poco para que España esté llena de zonas fuera del alcance de la ley con la aquiescencia de gobernantes y ciudadanos.

«Nosotros somos los primeros en criticarnos, pero debe llevar a la renovación, al cambio positivo», explica Josema Vallejo, vicepresidente de Una policía para el siglo XXI y coautor del libro junto a Samuel Vázquez, presidente de la asociación. «Bienvenida toda crítica constructiva, pero quienes piden que se eliminen las fuerzas de seguridad o que se les quite toda financiación dejarían al sistema social sin vigilancia».

El título hace referencia a uno de los éxitos del grupo californiano de rap NWA (Niggaz With Attitude), un himno contra la policía titulado «Fuck the police», con una traducción más cercana al «Manda a la mierda a la policía» que «Fóllate a la policía». Un mensaje que cala mucho en ciertos sectores políticos.

«La policía es la barrera que permite que se desarrolle la libertad, y los que se autodefinen como antisistema, víctimas y desamparados serían los primeros que correrían peligro sin policía», afirma Vallejo.

En este sentido, dice que lo primero que debería hacer la gente que siente este antagonismo por los agentes debe conocer el trabajo real de los profesionales y aprender sobre el origen del eslogan que inspira el nombre del libro, «una forma de marketing para trasladar un mensaje».

En esto, señala a los elementos «disidentes» del poder político que «apoyan a terroristas, tienen contacto con narcoestados y se alegran al ver a policías heridos».

«Dicen que quieren actuar en contra de los abusos de la policía, pero quieren controlarla, igual que a la población», señala, poniendo como ejemplo las medidas que se tomaron durante la pandemia, un estado de alarma que fue declarado inconstitucional por el Pleno del Tribunal Constitucional.

La problemática de la migración ilegal

Varias secciones del libro reiteran el mensaje de que la inmigración ilegal ha suscitado una controversia en la que se genera un mensaje maniqueo: o todos los inmigrantes son delincuentes o ninguno lo es.

«Estamos mandando un mensaje de que todos son bienvenidos porque todos van a tener una oportunidad aquí y la realidad no es así», declara Vallejo, apuntando que siempre se habla de las «historias de éxito de los migrantes» cuando varias personas «atraviesan penurias, sufrimiento y mucho trabajo y al final tienen que devolverse».

«Con esa historia le regalamos argumentos indiscutibles a las mafias que venden pasajes y lanzan gente al mar para que se muera o para que lleguen traficados y sin historia de éxito», dice.

Una de las propuestas de Una policía para el siglo XXI es llevar a cabo una campaña de comunicación para explicar las operaciones que no se justifican sin un contexto

Según Vallejo, «la migración es valiosa para España, los problemas no tienen que ver tanto con la entrada de inmigrantes sino con su integración».

Subraya que «en Francia entraba gente a la que no se le exigía el cumplimiento del contrato social, por eso es que después cambiaron el discurso, igual que Reino Unido y Suecia». «Y si ya hay una inmigración desbordada, con planificación nula, va a haber problemas de seguridad, especialmente si hay diferencias culturales».

Una de las propuestas de Una policía para el siglo XXI es llevar a cabo una campaña de comunicación para explicar las operaciones que no se justifican sin un contexto. «Cuando la policía actúa contra un miembro de una minoría, siempre se sospecha de racismo», dice Vallejo, poniendo como ejemplo las detenciones de manteros, una acción que, en sus palabras, tiene más que ver con un control judicial y administrativo para intentar desmantelar una red que se aprovecha del trabajo del detenido.

«Por eso pedimos cámaras para la policía», dice Vallejo, aludiendo a los vídeos de redes sociales donde no se obtiene toda la información de la actuación y a los casos judiciales en Estados Unidos donde la evidencia grabada de toda la actuación ha exculpado a un gran número de policías.

Pero también advierte contra la tergiversación del libro de parte de radicales «de lado y lado» que pueden «acoplarlo a su ideología», sean antisistema o xenófobos. «Si la ley funciona para todos, sin distinción y con igualdad, nadie se puede aprovechar de ella», recalca.

Qué no funciona y debería funcionar en la policía

En las páginas de «Don’t fuck the police» se lee una demoledora crítica contra la ordenación de los cuerpos de seguridad. Como mantra se repiten sus faltas: los generales y comisarios están puestos a dedo para servir al poder político, no hay suficientes agentes en los sitios y horas en las que más hace falta defender a la ciudadanía, las estadísticas y objetivos están diseñados para generar no seguridad, sino una sensación de seguridad, y el sistema está diseñado para actuar respondiendo al crimen en vez de previniéndolo.

«Si hablas con cualquier policía de cualquier cuerpo, te dirán que faltan agentes en la calle, pero no sobra un asiento en las tareas burocráticas», reclama Vallejo, denunciando que es un «diseño que se autoperpetúa» y que no premia la labor de defensa ni el conocimiento real. «Hace falta una reestructuración real para aumentar la plantilla y que se trabaje en volver más eficaz nuestra respuesta».

«Si hablas con cualquier policía de cualquier cuerpo, te dirán que faltan agentes en la calle, pero no sobra un asiento en las tareas burocráticas», afirma Vallejo

Uno de los mayores problemas en este sentido, dice, es la falta de coordinación entre diferentes cuerpos de policía, donde la información no se comparte y los «caciques» usan sus grupos para sus propios fines.

«Te da igual el color del uniforme o el arma que lleven, pero quieres que te atiendan rápido si hay un problema de seguridad», dice Vallejo. «Nuestra propuesta es hacer depender a las policías locales de una agencia nacional de seguridad, dependiente del ministerio de Interior para que no estén al albur del alcalde de turno».

A pesar de todo, «las actuaciones ideales no existen», pero Vallejo defiende que , aunque su fórmula no es perfecta, «es mejor que lo que hay ahora». Pone como ejemplo la ciudad de Barcelona, que se ha vuelto «una zona de confort criminal», con un aumento en agresiones sexuales y homicidios tanto consumados como en tentativa y un despliegue masivo de bandas criminales. Es una pequeña muestra de lo que el libro define como «una guerra que se está perdiendo».

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