La gestión de Francisco González al frente del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA) duró casi 19 años (entre el 28 de enero de 2000 y el 31 de diciembre de 2018). Y su huella no ha sido particularmente positiva, lo que está condicionando el futuro de la entidad financiera y su necesidad de absorber al Sabadell en nuestro tiempo.
Su proyección, desde la fusión de BBV con Argentaria –la antigua Caja Postal–, no ha sido la que se esperaba. Sus inversiones en mercados como Turquía, China y Estados Unidos –en el estado de Texas–, y su salida del mercado brasileño sin duda han afectado a la estabilidad y la confianza en la gestión de un banco que, a estas alturas, debería ser mucho más grande.
Las comparaciones son odiosas, es cierto, sobre todo si se hacen con respecto a su principal competidor, el Santander.
El BBVA, a estas alturas de la historia, tendría que haber tenido un tamaño equivalente al del Santander. Y no lo tiene. Es mucho más pequeño. Una opinión extendida entre los expertos financieros. Algo se ha hecho mal. Es evidente.
Por eso necesita ganar músculo y tamaño, a través de la pretendida absorción del Sabadell.
EL FIASCO DEL BBVA EN TEXAS
El BBVA compró, entre 2006 y 2007, el Laredo National Bank, el Texas State Bank y el Compass Bancsharess, esta última una de las mayores adquisiciones en Estados Unidos. El desembolso total fue de 12.200 millones de dólares. Con la venta posterior de BBVA USA Bancshares, Inc., a PNC Financial Services Group, por 11.600 millones de dólares pudo recuperar gran parte de la inversión
Es cierto que después de las adquisiciones, se desató la crisis financiera global de 2008, lo que tuvo un impacto severo en el sector bancario estadounidense, con la caída de los precios de la vivienda y el aumento de los préstamos morosos.
A esto hay que unir el hecho de la integración de tres bancos que tenían diferentes culturas corporativas y sistemas operativos, lo que resultó en ineficiencias y costos adicionales.
Algunos analistas han señalado que BBVA no tuvo un enfoque estratégico claro y coherente para su expansión en el mercado estadounidense, lo que pudo haber contribuido a un rendimiento subóptimo.
¿QUÉ HACE BBVA EN TURQUÍA?
Es lo que se vienen preguntando algunos de esos analistas también. BBVA adquirió en 2010 una participación del 24,9 % en Garanti Bank, una de las principales entidades bancarias de Turquía, y con el tiempo aumentó su participación hasta intentar adquirir el control total en 2021 por 5.000 millones de dólares.
Esta inversión se consideró una estrategia clave para expandir la presencia de BBVA en el mercado turco. Sin embargo, la devaluación de la lira turca, la alta inflación, la inestabilidad política y económica, y las regulaciones cambiantes resultaron en una significativa erosión del valor de la inversión.
La pandemia de COVID-19 exacerbó estos problemas, afectando negativamente al sector bancario y a la economía turca en general. Estos factores convirtieron la inversión en Garanti Bank en un desafío constante para BBVA, limitando su capacidad de generar los retornos esperados.
El deterioro de la calidad crediticia de los clientes de Garanti Bank ha resultado en un aumento de los préstamos morosos. Esto ha impactado negativamente los balances del banco y, por ende, la inversión de BBVA. Las pérdidas crediticias reflejan problemas estructurales en la economía turca y en la gestión de riesgos del banco.
Como ya pasara en Texas, la integración de Garanti Bank en la estructura global de BBVA ha presentado desafíos significativos.
Las diferencias culturales y operativas entre las dos entidades han dificultado la plena integración y la realización de sinergias esperadas. Además, la gestión local ha enfrentado dificultades para adaptarse a las directrices y expectativas de BBVA
LA INVERSIÓN EN CHINA, ¿OTRO FIASCO?
El BBVA, bajo la Presidencia de Francisco González, decidió entrar en el mercado chino por las mismas fechas que en Texas, en 2006. Adquirió una participación del 5 % del China Citic Bank por aproximadamente 500 millones de euros (alrededor de 630 millones de dólares en ese momento).
Posteriormente, en 2009, BBVA aumentó su participación hasta el 15 %, elevando su inversión total en China a cerca de 3.100 millones de dólares.
La decisión de BBVA de invertir en China fue impulsada por el potencial de crecimiento del mercado financiero chino, la estrategia de diversificación geográfica y la oportunidad de establecer asociaciones estratégicas con entidades locales como Citic Bank.
La expansión en China fue parte de una estrategia más amplia para reducir la dependencia de BBVA de los mercados europeos y latinoamericanos, y aprovechar las oportunidades en mercados emergentes con alto potencial de crecimiento.
Sin embargo, a pesar de las expectativas iniciales, BBVA enfrentó a varios desafíos, incluyendo regulaciones financieras estrictas, diferencias culturales y operativas, y el impacto de la crisis financiera global, lo que eventualmente llevó a la reducción de su participación en Citic Bank en 2015, resultando en pérdidas significativas.
En 2015, BBVA salió de facto de Citic Bank. Vendió la parte del león de sus acciones. Recuperó aproximadamente 1.700 millones de dólares. Lo que implica que BBVA perdió alrededor de 1.400 millones de dólares en su inversión en el banco chino.
Esta pérdida no incluye otros costos asociados y posibles inversiones menores adicionales que BBVA pudo haber realizado en el mercado chino.
GONZÁLEZ NO VIO EL POTENCIAL DE BRASIL
Otro movimiento significativo bajo la dirección de Francisco González fue la retirada del BBVA del mercado brasileño. Un paso que había dado su antecesor, Emilio Ybarra y Churruca, que había asumido, en 1990, la Presidencia del Banco Bilbao Vizcaya (BBV), antes de su fusión con Argentaria en 1999. Lo que después dio lugar al BBVA.
Ybarra consolidó a banco como una de los principales entidades financieras en España, con una fuerte presencia internacional. Fue él quien decidió la inversión en Brasil, con la compra de Unibanco.
Sin embargo, González decidió, en 2002, que el BBVA vendiera esa participación. Es cierto que un año más tarde, BBVA compró el 5 % en Banco Nossa Caixa, el banco estatal de Sao Paulo.
No obstante, esta inversión no resultó tan exitosa como se esperaba debido a varios desafíos regulatorios y operativos. Así que en 2013 se retiró del mercado brasileño.
EL BBVA regresó en 2022, una vez fuera González y con Carlos Torres Vila a los mandos de la Presidencia, con una inversión de 300 millones de dólares en el banco digital Neon, aumentando su participación hasta el 29,7%.
Una historia muy diferente a la de Santander, que apostó por aquel país y donde es una de las principales entidades financieras internacionales.
MÉXICO, LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO DEL BBVA
Es cierto que BBVA mantuvo su inversión en el mercado mexicano por la compra de Bancomer. Esta adquisición inicial, ocurrida en 1995 y posteriores aumentos de participación totalizaron una inversión aproximada de 3.000 millones de dólares.
Una decisión tomada bajo la Presidencia de Ybarra, siendo BBV.
BBVA Bancomer, ahora conocido como BBVA México, se ha convertido en uno de los activos más valiosos del banco, una auténtica gallina de los huevos de oro, contribuyendo significativamente a sus ingresos globales.
Es el único éxito exterior del BBVA y las medallas no son de González, precisamente.
UNA HERENCIA NO MUY POSITIVA
La experiencia de BBVA bajo la dirección de Francisco González ha estado marcada por inversiones fallidas y dificultades en mercados internacionales, lo que condiciona hoy la capacidad del banco.
El BBVA necesita absorber al Sabadell para ganar tamaño. Sin embargo, las pérdidas acumuladas y los desafíos enfrentados en Turquía, Texas y China reflejan una necesidad de reevaluar la estrategia de expansión y gestión de riesgos.
EL BBVA Y GONZÁLEZ EN EL BANQUILLO DE LOS ACUSADOS
No hay que olvidar tampoco, por último, que el expresidente y el propio banco tienen una cita con la Justicia. Ambos, junto con varios exdirectivos, han sido imputados por el magistrado Manuel García Castellón, titular del Juzgado Central de Instrucción 6 de la Audiencia Nacional, por los delitos de cohecho, revelación de secretos y corrupción entre particulares.
En particular, se les acusa de haber urdido una campaña para denunciar falsamente a Luis Pineda, presidente de Ausbanc, con el objetivo de destruir su reputación y la de su organización.
A consecuencia de esa denuncia falsa, Pineda pasó tres años en prisión preventiva. El pasado mes de marzo el Tribunal Supremo lo absolvió de todos los cargos. Ocho años después de su detención y de que todas sus empresas desaparecieran por esa operación en la que supuestamente estuvo implicado el comisario José Manuel Villarejo, contratado por orden de González.
Tarde o temprano el expresidente y el propio banco, el BBVA, como persona jurídica, tendrán que responder por estos serios delitos.
Y eso son palabras mayores. Es la herencia de Francisco González.