Lo bueno que tiene la polémica desatada por el expresidente de México, Andrés Manuel López Obrador, y su sucesora, Claudia Sheinbaum, al exigir que el Rey de España pida disculpas por la conquista iniciada por Hernán Cortés, es que ha reabierto el debate sobre este periodo histórico.
La controversia ha puesto de nuevo en el centro del debate todo lo relacionado con el legado histórico, la justicia y las relaciones bilaterales entre España y México, lo que ha generado reacciones diversas, tanto en el ámbito político como el académico.
Un espacio, en suma, para analizar con detenimiento nuestra historia común, permitiendo que emergieran voces críticas que cuestionan la versión tradicional de la conquista y el propio mito de Cortés.
Este análisis ha sido impulsado, entre otros, por el hispanista mexicano Juan Miguel Zunzunegui, quien ha presentado una visión revisionista sobre lo que realmente sucedió en aquellos años cruciales que arrancaron en 1521. Y que no encaja con la versión de los hechos que reivindican López Obrador y Sheinbaum.
Zunzunegui es autor de varios libros en los que analiza y desmitifica figuras y episodios clave de la historia de México, como Hernán Cortés, el imperio méxica -conocido como azteca erróneamente-, y el importante papel jugado por indígenas en la conquista de Tenochtitlan, no de México, puesto que era una pequeña porción de lo que después se conoció como Nueva España.
Entre las obras más conocidas de Zunzunegui están «Los mitos que nos dieron traumas», «La tiranía de las ideas», y «Cortés: La conquista de un ideal».
En sus trabajos el autor plantea nuevas perspectivas, buscando que sus lectores cuestionen las narrativas establecidas y comprendan la complejidad de los acontecimientos históricos.
Una visión crítica de la conquista
Zunzunegui sostiene que la conquista de Tenochtitlán, capital del impero mexica –errónemente descrito como azteca– no fue únicamente obra de Cortés y los españoles, sino un esfuerzo colectivo en el que jugaron un papel fundamental los aliados indígenas.
Asegura que sin la participación de estos pueblos, especialmente los tlaxcaltecas, la empresa española seguramente habría fracasado.
De hecho, Zunzunegui describe la conquista como una «guerra civil indígena» en la que Cortés y sus hombres fueron actores hábiles que supieron aprovechar las divisiones y rivalidades entre los pueblos sometidos por los mexicas.
Según su tesis, la conquista fue mucho más que un conflicto entre españoles e indígenas.
Los tlaxcaltecas, subyugados por los mexicas durante décadas, vieron en los españoles una oportunidad para liberarse del dominio de Tenochtitlán.
Junto con otros pueblos, como los totonacas y cempoaltecas, los tlaxcaltecas proporcionaron no solo miles de guerreros, sino también conocimientos estratégicos y apoyo logístico a las fuerzas de Cortés. Este aporte fue decisivo para superar la resistencia azteca.

Malintzin, la diplomacia y la estrategia
Un elemento clave en la tesis de Zunzunegui es el papel de Malintzin (Malinche), a quien los españoles bautizaron como doña Marina. Zunzunegui subraya que ella no fue solo una traductora, sino una estratega y diplomática clave en la conquista.
Su habilidad para negociar con los diversos pueblos indígenas permitió a Cortés tejer alianzas y evitar la aniquilación temprana a manos de los mexicas.
Malintzin jugó un papel fundamental en las complejas negociaciones y en la comprensión de las dinámicas mesoamericanas, lo que facilitó el avance de los españoles.
Una victoria indígena sobre los mexicas
Zunzunegui va más allá al afirmar que la caída de Tenochtitlán fue, esencialmente, una derrota indígena, más que una victoria española.
Durante el asedio final a la ciudad, que duró varios meses, la mayoría del ejército que combatió contra los mexicas estaba compuesto por indígenas aliados de Cortés.
Según algunos historiadores, las fuerzas aliadas llegaron a sumar más de 100,000 guerreros indígenas, superando ampliamente el número de soldados españoles.
«Sin estos aliados, los españoles habrían sido una pequeña fuerza de invasores europeos incapaz de enfrentarse a un imperio tan poderoso», afirma Zunzunegui.
Así, la caída de Tenochtitlán fue el resultado de la rebelión de los pueblos indígenas que veían en los españoles una vía para liberarse de la hegemonía mexica.
El mito del «pequeño grupo de conquistadores»
Uno de los puntos más controvertidos de Zunzunegui es su crítica al mito del «pequeño grupo de conquistadores».
La imagen romántica de unos pocos soldados derrotando a un vasto imperio ha sido perpetuada durante siglos. Sin embargo, los números cuentan otra historia.
Según Zunzunegui, Cortés comandaba un ejército mayoritariamente indígena, que jugó el papel principal en la guerra contra los mexicas.
En este sentido, el hispanista rechaza la idea de una «supresión violenta» por parte de unos pocos conquistadores.
Zunzunegui también desmitifica la idea del expolio masivo de oro durante el periodo virreinal.
Afirma que la cantidad de oro extraída en los 300 años de dominio español es insignificante en comparación con lo extraído por empresas extranjeras en la actualidad.
Según sus cálculos, solo se extrajo el 7% del oro que México ha producido a lo largo de su historia, mientras que el 93% restante fue extraído después de la independencia.
«El oro que nos robaron los españoles está en nuestras iglesias», sentencia Zunzunegui, señalando cómo parte de este metal fue utilizado para construir los templos que hoy son orgullo patrimonial.
Un enfoque más matizado de la historia
El trabajo de Zunzunegui invita a reconsiderar las narrativas establecidas sobre la conquista.
Para él, la victoria sobre los mexicas no fue simplemente una cuestión de armas avanzadas o superioridad militar española, sino el resultado de una compleja red de alianzas indígenas, traiciones y negociaciones.
Esta visión relativiza el protagonismo español y sitúa a los pueblos originarios en el centro de los acontecimientos, destacando su papel activo en la caída de Tenochtitlán.
La obra de Zunzunegui ha abierto un debate entre los historiadores y el público, desafiando las versiones tradicionales que han dominado durante siglos.
Su tesis ofrece una visión menos eurocéntrica y más compleja de la historia de México, y sugiere que la conquista no fue solo una guerra de invasión, sino un proceso colaborativo y conflictivo entre múltiples actores con intereses divergentes.
En definitiva, el análisis de Zunzunegui ofrece una perspectiva más amplia y matizada sobre la conquista, invitando a repensar el papel de Cortés y los españoles en este momento crucial de la historia, y reconociendo el protagonismo y la agencia de los pueblos indígenas en la transformación de Mesoamérica.