El reputado abogado, profesor universitario y jurista, Javier Junceda, ha hecho un llamamiento para confrontar uno de los problemas que afectan a la creatividad humana: La regulación de la Inteligencia Artificial. Con un objetivo primordial: proteger los derechos de autor.
“El derecho debe regular la IA para proteger los derechos de autor”, ha declarado de forma contundente a Periodistas en español.com en una entrevista.
“Los derechos de autor protegen los frutos del trabajo intelectual que surgen del poder creativo de la mente humana”, ha añadido.
Este concepto ha sido reafirmado en en el «leading case» de la Corte Suprema de los Estados Unidos “Feist Publications contra Rural Tel. Serv. Co.”, donde se declaró que solo las obras creadas por humanos pueden estar amparadas por derechos de autor.
En Europa, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) ha seguido una línea similar, destacando en el caso “Infopaq” que la originalidad de una obra debe reflejar la creación intelectual propia del autor.
Estos precedentes se enfrentan a un nuevo desafío: la capacidad de las herramientas de IA para generar textos, imágenes y música que, a primera vista, podrían considerarse obras originales.
Sin embargo, como subraya Junceda, “si las obras son producidas de manera autónoma por la IA, esa creación no puede protegerse por derechos de autor bajo el derecho actual”.
La razón es clara: la originalidad está intrínsecamente vinculada a la creatividad humana.
La regulación de la IA sigue siendo incipiente, pero insuficiente.
Aunque la Unión Europea aprobó el Reglamento 2024/1689 sobre inteligencia artificial, Junceda considera que hay que ampliar este marco normativo para abordar las complejidades de la propiedad intelectual en el contexto de la IA.
“La IA opera a una escala multinacional con un número de datos inconmensurable, lo que dificulta identificar y proteger los derechos de autor”, explica.
El problema también radica en la falta de transparencia de los operadores de IA, que utilizan obras protegidas sin permiso ni compensación.
LOS DERECHOS DE AUTOR SE PUEDEN ESTAR VULNERANDO CON LA IA
Junceda sugiere que las empresas dedicadas a la IA deberían estar obligadas a informar sobre la materia prima utilizada y a garantizar el respeto de los derechos de autor. “Si los derechos de autor han sido históricamente un instrumento para fomentar la creatividad humana, no tiene sentido que ahora se vulneren en nombre de la tecnología”, apunta.
Una de las paradojas más inquietantes que plantea la IA es su capacidad para generar contenido a partir de una amalgama de obras preexistentes.
Esto, según este reputado jurista asturiano, equivale a mezclar “whisky blended escocés” sin pagar a las destilerías originales.
El resultado es un producto que puede parecer nuevo, pero que carece de originalidad en el sentido jurídico del término.
Además, la responsabilidad por el uso indebido de material protegido recae muchas veces en empresas situadas en terceros países, lo que dificulta la defensa judicial.
En este sentido, Junceda aboga por un enfoque global que incluya mecanismos legales internacionales más robustos. “Los instrumentos de ‘soft law’ deben transformarse en mandatos vinculantes con capacidad para ser ejecutados”, argumenta.
El debate sobre la IA y los derechos de autor no es solo una cuestión legal, sino también ética y cultural. ¿Debe una máquina tener los mismos privilegios que un autor humano? ¿Es justo que las herramientas de IA se beneficien de siglos de creatividad humana sin retribuir a sus creadores?
Estas preguntas reflejan la tensión entre el avance tecnológico y la necesidad de proteger el esfuerzo intelectual humano.
Para Junceda, la solución pasa por imponer mayores obligaciones de transparencia y garantizar que los derechos de autor sean respetados.
También sugiere revisar la normativa existente para incluir mecanismos que protejan la producción científica y artística frente al uso indiscriminado por parte de la IA.
El impacto de la IA en los derechos de autor es solo la punta del iceberg. Como advierte Junceda, “debemos recibir a la IA con cautela y prudencia, no con el papanatismo que sigue hoy a todo lo nuevo”.
En un mundo donde las fronteras entre la creatividad humana y la automática se difuminan, la regulación no solo es necesaria, sino urgente. ¿Será el derecho capaz de adaptarse a este desafío sin precedentes? La respuesta determinará el futuro de la propiedad intelectual y, con ella, el de la creatividad misma.