A medida que avanza el mandato del Presidente Donald Trump se observan diferencias sustanciales entre la política económica de su primer mandato —caracterizada por la desregulación, la reforma fiscal, el proteccionismo comercial y el fortalecimiento del dólar— y los objetivos de este segundo mandato, que parecen orientarse hacia un reseteo del sistema financiero global.
Esta nueva estrategia busca, por un lado, devaluar el dólar para ganar competitividad en los mercados internacionales y, por otro, defender su hegemonía frente a los intentos de otras potencias por avanzar hacia la desdolarización utilizando herramientas como el oro y otras alternativas financieras.
En este sentido, los denominados «Acuerdos de Mar-a-Lago» han emergido como un concepto central en la política económica de la Administración Trump, representando una potencial reestructuración radical del sistema financiero global.
Estos acuerdos, nombrados por el club privado de Trump en Palm Beach, Florida, buscan fundamentalmente devaluar el dólar estadounidense mientras preservan su estatus como moneda de reserva mundial.
Según múltiples fuentes financieras de prestigio, esta estrategia se inspira en el histórico Acuerdo del Plaza de 1985, pero con un enfoque más agresivo y disruptivo, diseñado para impulsar la manufactura estadounidense, reducir el déficit comercial y reconfigurar las relaciones económicas globales.
Antecedentes históricos y contexto conceptual
El concepto de los Acuerdos de Mar-a-Lago se comprende mejor en relación con su predecesor histórico: el Acuerdo del Plaza.
El 22 de septiembre de 1985, el gobierno estadounidense convenció a Reino Unido, Japón, Alemania y Francia de devaluar coordinadamente el dólar para impulsar la competitividad industrial de Estados Unidos.
Esta intervención monetaria coordinada se ha convertido en un referente histórico para entender la actual propuesta.
En el contexto actual, algunos analistas financieros consideran que los Acuerdos de Mar-a-Lago podrían representar un nuevo Bretton Woods, es decir, un reajuste fundamental del sistema monetario internacional. La idea básica radica en que Estados Unidos brinde seguridad al mundo y, a cambio, el resto del mundo ayude a presionar el dólar hacia abajo para fortalecer el sector manufacturero estadounidense.
Este planteamiento representa una visión que desafía la ortodoxia económica dominante de las últimas décadas.
De alguna manera Estados Unidos estaría emulando la estrategia china basada en el mantenimiento de un Yuan débil.
Paralelamente la estrategia de Trump no es ajena a las tensiones que actualmente se viven tendentes a debilitar la hegemonía del dólar. Recordamos en este sentido nuestro último trabajo sobre el auge del oro.
En este sentido, la tendencia de los países BRICS a acumular oro representa una estrategia compleja y multifacética orientada a reducir la dependencia del dólar estadounidense y protegerse contra posibles sanciones financieras.
Esta estrategia incluye no solo la diversificación de reservas hacia el oro, sino también iniciativas ambiciosas para crear una moneda alternativa respaldada por este metal precioso.
«En el contexto actual, algunos analistas financieros consideran que los Acuerdos de Mar-a-Lago podrían representar un nuevo Bretton Woods, es decir, un reajuste fundamental del sistema monetario internacional».
El problema del dólar fuerte
El denominado informe de Apollo, citado en no pocas fuentes, explica claramente el dilema fundamental: el dólar estadounidense es la moneda de reserva global debido a que Estados Unidos ofrece la economía más dinámica y brinda estabilidad y seguridad.
Como consecuencia, existe una presión alcista constante sobre el dólar, ya que todos quieren poseer el activo considerado más seguro del mundo, independientemente del déficit de cuenta corriente estadounidense.
Esta fortaleza crónica del dólar, aunque beneficiosa en algunos aspectos, ha perjudicado la competitividad exportadora de Estados Unidos y contribuido al declive del sector manufacturero nacional, factores que la Administración Trump considera fundamentales para la prosperidad económica estadounidense a largo plazo.
La estrategia para implementar los Acuerdos de Mar-a-Lago parece apoyarse en varios pilares fundamentales, cada uno diseñado para ejercer presión sobre el valor del dólar mientras se mantiene su centralidad en el sistema financiero global.
Aranceles como instrumento de presión
Los aranceles representan un elemento central en esta estrategia. Aunque paradójicamente los aranceles suelen fortalecer la moneda del país que los impone, son vistos por la administración Trump como una herramienta de negociación y presión.
Scott Bessent, secretario del Tesoro procedente del sector de los «hedge funds», ha señalado anteriormente que gran parte del impacto de los aranceles se traduce en ganancias cambiarias.
Estos aranceles cumplirían una doble función: aumentar los ingresos fiscales del gobierno estadounidense y servir como mecanismo para forzar a otros países a negociar términos más favorables para Estados Unidos.
La Administración parece estar dispuesta a aceptar las disrupciones económicas iniciales que los aranceles podrían causar, viéndolas como un precio necesario para un reajuste económico más amplio.
Creación de un fondo soberano de riqueza
Otra herramienta fundamental sería la creación de un fondo soberano de riqueza estadounidense, que acumularía monedas extranjeras como el euro, el yen y el yuan.
Este fondo permitiría a Estados Unidos intervenir en los mercados cambiarios para ejercer presión adicional a la baja sobre el dólar.
Esta sería una novedad significativa en la política económica estadounidense, que tradicionalmente ha evitado este tipo de intervenciones directas en los mercados de divisas.
Reestructuración de posiciones en bonos
Diversas fuentes indican que se «alentaría» a otros países a intercambiar tenencias de dólares, bonos del Tesoro a corto plazo o incluso oro por bonos en dólares a largo plazo para acuerdos de recompra en la Reserva Federal.
Esta estrategia buscaría reducir la presión fiscal para Estados Unidos, manteniendo el dominio del sistema financiero en dólares y permitiendo a Washington devaluar la moneda.
Sistema de clasificación de países
Según Bessent, Trump podría implementar un sistema que clasificaría a los países en tres categorías: «verde» (amigos), «amarillo» (ambiguos) y «rojo» (enemigos).
A los países «verdes» se les ofrecería protección militar y exención de aranceles, pero deberían aceptar un acuerdo monetario.
Este enfoque transaccional refleja la visión de las relaciones internacionales de la Administración Trump, donde la seguridad se intercambia por concesiones económicas.
Filosofía económica detrás del plan
La filosofía que sustenta los Acuerdos de Mar-a-Lago representa una ruptura significativa con el consenso económico dominante de las últimas décadas, reflejando una visión económica más nacionalista e intervencionista.
Priorización de la economía real sobre la financiera
Según Zoltan Pozsar, fundador de Ex Uno Plures, «al equipo de Trump le preocupa mucho más la economía real en el medio y largo plazo que la economía financiera a corto plazo«.
sta postura sugiere una disposición a aceptar turbulencias financieras temporales —incluyendo caídas bursátiles o incluso una recesión— si conducen a un fortalecimiento de la base industrial estadounidense.
Aceptación del «shock» económico inicial
Las fuentes indican que el equipo de Trump es consciente de que los aranceles y otras medidas provocarán inicialmente inconvenientes económicos, pero consideran preferible enfrentarlos al principio del mandato.
De hecho, algunos funcionarios ven aspectos positivos en una reacción recesiva, que podría obligar a otros países a negociar más rápidamente y reducir los tipos de interés estadounidenses.
Reconciliación de objetivos aparentemente contradictorios
Quizás el aspecto más ambicioso y controvertido es la convicción de que se puede devaluar significativamente el dólar sin que pierda su estatus como moneda de reserva mundial.
Como expresó Bessent, ambos objetivos no son «mutuamente excluyentes». Esta postura desafía la sabiduría económica convencional, que generalmente considera que la fortaleza de una moneda es crucial para mantener su atractivo como reserva de valor global.
Figuras clave en la formulación
La concepción y posible implementación de los Acuerdos de Mar-a-Lago está vinculada a varias figuras influyentes en el entorno de Trump, cuyas ideas están moldeando esta visión económica radical.
Scott Bessent, actual secretario del Tesoro y anteriormente delfín de George Soros, emerge como una figura central en esta estrategia. Sus declaraciones públicas antes de asumir el cargo ya indicaban su convicción de que Estados Unidos puede mantener el dólar como moneda de reserva mundial y simultáneamente devaluarlo frente a otras divisas
Stephen Miran, candidato de Trump a presidente del Consejo de Asesores Económicos, ha proporcionado parte de la fundamentación teórica para esta estrategia. Sus ensayos son citados como influencia importante en el pensamiento económico de la administración Trump.
Analistas y expertos externos
Toda esta base ideológica también se nutre de análisis de expertos como Torsten Slok, economista jefe de Apollo, quien ha publicado investigaciones específicas sobre el concepto del Acuerdo de Mar-a-Lago.
Asimismo, Zoltan Pozsar, fundador de Ex Uno Plures, ha contribuido con análisis que han sido citados por figuras dentro del círculo de Trump.
La propuesta de los Acuerdos de Mar-a-Lago enfrenta numerosos desafíos y ha generado críticas sustanciales desde diversos sectores.
«Los Acuerdos de Mar-a-Lago representan una visión económica disruptiva y ambiciosa que busca reconfigurar fundamentalmente el papel del dólar en la economía global. Inspirados en el histórico Acuerdo del Plaza pero con un enfoque más agresivo y multifacético, estos acuerdos potenciales buscan reconciliar objetivos aparentemente contradictorios: devaluar el dólar mientras se mantiene su estatus como moneda de reserva mundial».
Contradicciones económicas fundamentales
La principal contradicción identificada es que los aranceles, una herramienta central de esta estrategia, suelen fortalecer las monedas, no debilitarlas. Aunque el equipo de Trump sostiene que puede compensar este efecto, representa un desafío técnico significativo.
Otro desafío fundamental es que las intervenciones monetarias funcionan mejor con aliados de confianza, como ocurrió en el Acuerdo del Plaza.
Sin embargo, las fuentes señalan que los líderes franceses ya muestran resistencia a acatar órdenes financieras de Washington, y China podría ser aún más difícil de convencer.
La reconfiguración de las cadenas de suministro globales, incluyendo la eliminación de dependencias de México y Canadá, representa un proceso que llevará muchos años.
La pregunta clave es si Estados Unidos puede lograr esta ganancia a largo plazo sin sufrir un dolor excesivo a corto plazo.
Riesgos de inestabilidad económica
Existe el riesgo de que los aranceles provoquen un desplome del mercado de valores y/o una recesión.
Aunque el equipo de Trump parece dispuesto a aceptar estas consecuencias, podrían generar una reacción política en contra que frene sus ambiciones económicas.
«Dado que se encuentra en la situación de un presidente ‘pato cojo’, su capacidad para implementar cambios profundos está limitada, especialmente porque necesita llegar a las elecciones legislativas de mitad de mandato con cifras económicas suficientemente atractivas para convencer al electorado estadounidense».
En síntesis
Los Acuerdos de Mar-a-Lago representan una visión económica disruptiva y ambiciosa que busca reconfigurar fundamentalmente el papel del dólar en la economía global. Inspirados en el histórico Acuerdo del Plaza pero con un enfoque más agresivo y multifacético, estos acuerdos potenciales buscan reconciliar objetivos aparentemente contradictorios: devaluar el dólar mientras se mantiene su estatus como moneda de reserva mundial.
La estrategia se apoya en múltiples herramientas, incluyendo aranceles, un fondo soberano de riqueza, reestructuración de deuda y un enfoque transaccional de las relaciones internacionales.
Refleja una filosofía económica que prioriza la manufactura doméstica y está dispuesta a aceptar disrupciones financieras a corto plazo en busca de beneficios estructurales a largo plazo.
Sin embargo, enfrenta desafíos significativos, desde contradicciones técnicas hasta la necesidad de cooperación internacional.
El éxito o fracaso de esta visión dependerá no solo de su coherencia teórica, sino también de la capacidad de la Administración Trump para gestionar las inevitables turbulencias durante su implementación y para convencer a socios internacionales de participar en este reajuste económico global.
Además, debe considerarse que la nueva política económica impulsada por Trump probablemente requiera más tiempo del que dispone actualmente para mostrar resultados tangibles.
Dado que se encuentra en la situación de un presidente «pato cojo», su capacidad para implementar cambios profundos está limitada, especialmente porque necesita llegar a las elecciones legislativas de mitad de mandato con cifras económicas suficientemente atractivas para convencer al electorado estadounidense.
Esto supone una presión adicional, dificultando aún más que las medidas adoptadas puedan madurar y evidenciar claramente sus efectos en el corto plazo.
Todo lo anterior, explica las prisas que muestra el Presidente no solo en aspectos de política económica, como es el caso de los aranceles, sino también en aspectos clave de su política internacional.
Implicaciones para Europa
Las implicaciones para Europa de todo lo anterior serían las siguientes
1. Impacto en las exportaciones europeas: Una devaluación del dólar haría que los productos europeos fueran relativamente más caros en el mercado estadounidense, lo que podría reducir la competitividad de las exportaciones europeas y afectar negativamente a sectores clave de la economía de la Unión Europea.
2. Tensiones comerciales y arancelarias: La estrategia de Trump incluye la imposición de aranceles a productos europeos, como vinos y espumosos, lo que podría desencadenar una guerra comercial entre Estados Unidos y la Unión Europea. Estas medidas proteccionistas podrían obstaculizar el comercio transatlántico y afectar negativamente a las economías de ambos bloques.
3. Respuesta de la política monetaria europea: Si el dólar se devalúa y el euro se fortalece en consecuencia, el Banco Central Europeo (BCE) podría verse obligado a ajustar su política monetaria para contrarrestar los efectos negativos sobre las exportaciones y el crecimiento económico. Esto podría incluir la implementación de medidas de estímulo adicionales o la reducción de tipos de interés y un riesgo adicional de importar inflación.
4. Necesidad de una mayor autonomía estratégica: Las políticas económicas de Estados Unidos podrían impulsar a la Unión Europea a reforzar su autonomía estratégica, especialmente en áreas como la defensa y la política industrial, para reducir su dependencia de Estados Unidos y proteger sus intereses económicos y geopolíticos.
5. Inestabilidad en los mercados financieros: Los cambios abruptos en la política económica estadounidense podrían generar volatilidad en los mercados financieros internacionales, afectando a las inversiones y al crecimiento económico en Europa.
En resumen, la estrategia económica de la Administración Trump podría presentar desafíos significativos para Europa, que requerirían una respuesta coordinada y estratégica por parte de la Unión Europea para mitigar los posibles impactos negativos en su economía y estabilidad.