Es el séptimo libro de novela histórica que publica Luis María Cazorla, reconocido jurista y escritor. En el mismo, desvela los acontecimientos que precedieron al golpe de Estado de 1936 y que sucedieron en el Protectorado español en Marruecos. Sobre estas líneas, con la portada de su libro, «Tetuán y Larache, 1936», que acaba de ver la luz de la mano de la editorial Almuzara. Foto: Carlos Berbell/Confilegal.

“Tetuán y Larache, 1936”, de Luis María Cazorla, la novela histórica que revela cómo Marruecos fue el verdadero prólogo del 18 de julio

6 / 08 / 2025 00:30

Hay novelas que reconstruyen la historia. Y hay otras que la abren en canal. «Tetuán y Larache, 1936» es de las segundas. Luis María Cazorla nos lleva al Protectorado español en Marruecos en las horas previas al estallido de la Guerra Civil, cuando el futuro de España empezaba a definirse lejos de la península, entre uniformes militares, lealtades tambaleantes y mensajes cifrados que circulaban por burdeles, cuarteles y salones privados.

Con la precisión del jurista y la mirada del narrador, Cazorla reconstruye no solo la gestación del golpe militar en África, sino también uno de los episodios más asombrosos de aquella conspiración: el apoyo que Adolf Hitler prestó a Franco sin conocerlo.

Tras una insólita maniobra diplomática protagonizada por un oscuro empresario alemán —Johannes Bernhardt—, con el apoyo del todopoderoso Rudolf Hess, mano derecha de Hitler. Sin ese giro, sin esos aviones alemanes que cruzaron el Estrecho en puente aéreo cargados de tropas, tal vez la historia habría sido otra.

Franco, todavía general silencioso y huidizo, es descrito como era, un personaje contenido pero cargado de tensión. Observado siempre de cerca por su primo hermano y mano derecha, Francisco Franco Salgado-Araujo, que descifra todos y cada uno de sus gestos, sus medias palabras y sus silencios.

Cazorla reconstruye en su última novela histórica momentos decisivos y poco narrados de nuestro pasado, con la tensión de un “thiller” y la fidelidad del historiador.

“Tetuán y Larache, 1936” es la séptima novela de la serie escrita por el  presidente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación”, y editada por la editorial Almuzara, de Manuel Pimentel.

¿El levantamiento de Melilla el 17 de julio de 1936 privó del elemento sorpresa al golpe del estado que se produjo un día más tarde en toda España?

Le privó de relativa sorpresa, sí, porque estaba previsto para más tarde. Obligó a adelantar los acontecimientos. Como relato en una anterior novela, en los planes de los sublevados no estaba que se iniciara en Melilla sino con un carácter más general en toda España.

¿Por qué esta novela histórica, “Tetuán y Larache, 1936”?

Esta es la séptima novela de una serie ambientada en la historia del Protectorado de Marruecos. En cada una de ellas parto de dos criterios básicos. Primero, que el punto de partida sea un hecho histórico que me haya resultado llamativo, pero que no sea demasiado conocido ni repetido.

Y segundo, que ese hecho tenga el potencial de convertirse en una buena historia de ficción, es decir, en una novela.

Mi objetivo es encontrar personajes o situaciones reales que, por su singularidad, permitan desarrollar una narración atractiva sin traicionar los hechos históricos. Esa ha sido siempre la esencia de esta colección. En el caso de esta novela en particular, lo que me atrapó fue un personaje que descubrí durante mis lecturas históricas continuas.

¿Y quién fue ese personaje?  

Johannes Bernhardt. En 2012, mientras leía un libro, me encontré con él. Me llamó mucho la atención: Incluso anoté al margen: “¡Qué personaje tan digno de una novela!” A partir de ahí, surgió mi interés.

Por un lado, por este personaje concreto, y por otro, por una pregunta histórica: ¿qué ocurrió en la zona occidental del Protectorado español de Marruecos?, a donde llegó el general Franco, tras el levantamiento de Melilla.

La combinación de ambos elementos —el personaje y el contexto histórico— es lo que dio origen a esta novela.

Bernhardt es un hombre en negocios alemán, miembro del Partido Nazi. Se podría decir que era el número 2 de ese partido en el Protectorado, ¿no?

El que mandaba de verdad era Bernhardt. El “número uno” era Langenheim, un personaje más de apariencia y de figuración. Bernhardt era quien movía todos los hilos. Gracias a sus contactos, llegaron a Alfred Hess, hermano de Rudolf Hess, lugarteniente de Adolf Hitler.

El nazi Johannes Bernhardt llevó la carta de Franco a Hitler en la que el español solicitaba 10 aviones de transportes Junker; Hitler asignó 20 y mucho material de guerra. Su objetivo era impedir que el comunismo triunfara en España, controlando así el estrecho de Gibraltar.
Franco con Adolfo Hitler en el histórico encuentro en Hendaya, Francia. La ayuda del dictador alemán no estuvo prevista. Fue solicitada en una apuesta arriesgada que salió bien para los rebeldes gracias a la intermediación y los contactos del nazi que hacía negocios en el Protectorado española en Marruecos.

Los sublevados contaban con hacerse con el control de la Armada para pasar el estrecho de Gibraltar. Pero la Armada queda en el lado republicano porque la marinería acabó con los oficiales, que estaban en la conspiración. No les quedaba otra que el elemento aéreo para pasar a la Península. El número de aviones de que disponían era insuficiente. Y en esto el papel de Bernhardt fue fundamental…

Así es, cuando el general Franco llega a Tetuán procedente de Canarias se encuentra con un problema muy difícil de solventar: cómo llevar las tropas –fundamentalmente legionarios irregulares, la punta de lanza del Ejército de Marruecos– a la Península.

A Franco, sus hombres de máxima confianza, como el teniente coronel Juan Luis Beigbeder, que había sido agregado militar en Berlín, le llaman la atención sobre la figura de Bernhardt, para que pida ayuda a Hitler. Y les hace caso.

Bernhardt y Langenheim partieron a Berlín con una carta de Franco para Hitler.

La narración es casi de película.

Johannes Bernhardt logró entrevistarse con Hitler el 25 de julio de 1936, justo después de que este asistiera a una representación de Sigfrido en Bayreuth.

Ese encuentro con Hitler fue clave: gracias a él, llegaron los primeros aviones alemanes que permitieron el puente aéreo para trasladar tropas rebeldes desde Marruecos a la península. Sin esa ayuda inicial, cruzar el Estrecho habría sido mucho más difícil, y quizás el rumbo de la Guerra Civil habría sido otro.

Bernhardt fue uno de esos personajes que operan en la sombra, pero cuya intervención resulta crucial. En la novela recreo ese encuentro con Hitler, donde también fue fundamental la mediación de Rudolf Hess, su mano derecha.

«Ese encuentro con Hitler fue clave: gracias a él, llegaron los primeros aviones alemanes que permitieron el puente aéreo para trasladar tropas rebeldes desde Marruecos a la península. Sin esa ayuda inicial, cruzar el Estrecho habría sido mucho más difícil, y quizás el rumbo de la Guerra Civil habría sido otro».

La reunión duró varias horas. Franco pedía 10 aviones Junker 52 y Hitler duplicó ese número, además de otro material bélico. Muy detallada.

Para escribir esa escena me apoyé en investigaciones históricas, especialmente en los trabajos del historiador Ángel Viñas. Conocía, por documentos, qué ocurrió y quiénes participaron.

Lo que la novela aporta es una recreación verosímil de cómo pudo desarrollarse esa conversación, basada en el análisis psicológico de los personajes y en los hechos confirmados.

Hay un detalle curioso, que es cuando Hitler pregunta que cómo va Franco a pagar la ayuda alemana.

Aquí es donde Bernhardt demostró su astucia —como también recogen varios estudios históricos—. Le dijo a Hitler que Franco disponía de 12 millones de pesetas. Logró convencer al dictador alemán diciéndole que ese dinero era solo el comienzo, y que, si lograban cruzar las tropas al otro lado del Estrecho, llegarían más fondos. Se ganó su confianza.

Bernhardt actuó con rapidez después: creó una empresa en Tetuán usando a un testaferro español y comenzó a operar bajo el amparo del régimen franquista.

El protegido de Franco comenzó a gestionar no solo el tráfico de armas, sino también el comercio general con Alemania. La empresa que creó, HISMA (Hispano-Marroquí de Transporte), acabó transformándose en Sofindus, un grupo empresarial con sede en el Paseo de la Castellana, cerca de la embajada alemana en Madrid.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Sofindus amplió su actividad, facilitando operaciones comerciales clave, como la exportación de wolframio (un mineral estratégico) a través de la empresa alemana Rowak.

Así, este personaje jugó un papel relevante tanto en la Guerra Civil española como en las relaciones económicas entre el régimen de Franco y la Alemania nazi.

El autor, Luis María Cazorla, ratifica la «baraka», la suerte, que siempre acompañó a Franco. Foto: Carlos Berbell/Confilegal.

También relata una circunstancia histórica anterior, que ha pasado desapercibida: la salida de Franco de Las Palmas de Gran Canaria en barco, rumbo al aeropuerto de Gando para embarcarse en el Dragón Rapide.

En la novela describo cómo, la madrugada del 18 de julio, Franco se entera del inicio del alzamiento el día anterior en Melilla, y cómo eso lo estaba precipitando en el resto del Protectorado. Cómo se refugia, en un principio, en el Gobierno Militar y desde allí se traslada, junto a su comitiva, al puerto para embarcar rumbo a Marruecos.

Todo esto sucede en Las Palmas, una ciudad que juega un papel clave en estos hechos, aunque no aparece en el título de la novela porque ya era demasiado largo.

Finalmente, se embarcan en una falúa, una embarcación ligera a motor, rumbo al aeródromo de Gando. Sin escolta. Fue un trayecto muy arriesgado.

Porque pasaron a muy corta distancia del Gobierno Civil, donde estaban apostados con metralletas efectivos de la Guardia Civil. Completamente expuestos.

Sí, por cómo lo cuenta, fueron 15 minutos angustiosos.

Si alguien hubiera decidido disparar en ese momento, Franco podría haber muerto allí mismo, lo que posiblemente habría cambiado el rumbo de la historia de España.

Este episodio es otro ejemplo de lo que muchos llaman la «baraka» de Franco, esa suerte que parecía acompañarlo en momentos decisivos.

«En la novela cuento cómo, incluso tras el inicio del levantamiento, las autoridades republicanas en el Protectorado seguían sin ser plenamente conscientes de la gravedad de la situación. Fue desde Madrid desde donde se les avisó de que en Melilla había estallado algo».

¿Por qué fallaron los servicios secretos republicanos en descubrir la conspiración que se urdía en el Protectorado?

Eso mismo me pregunté al escribir la novela, como ya me ocurrió con Melilla 1936: ¿por qué el Alto Comisario del Protectorado, Arturo Álvarez-Buylla Godino, o el comandante en jefe del Ejército de África, el general Agustín Gómez Morato, no actuaron con más decisión si ya tenían señales claras de que algo estaba por pasar?

Lo sorprendente es que, pese a esas señales, centraron su preocupación en el posible malestar entre la tropa y los sargentos, y no entre los oficiales —cuando en realidad el golpe se estaba gestando en los altos mandos.

En la novela cuento cómo, incluso tras el inicio del levantamiento, las autoridades republicanas en el Protectorado seguían sin ser plenamente conscientes de la gravedad de la situación. Fue desde Madrid desde donde se les avisó de que en Melilla había estallado algo. Gómez Morato, que estaba de inspección en otra zona, tuvo que volar de urgencia desde Larache hasta Melilla… y al llegar, fue capturado.

Es decir, se enteró de lo que ocurría por una llamada desde fuera, no por su propia información sobre el terreno.

En su novela, un prostíbulo se convierte en epicentro de la historia.

Sin duda, los burdeles han sido siempre lugares donde se cuecen conspiraciones. Y en mi novela, también ocurre así. Para recrear el ambiente previo al levantamiento militar, utilicé como escenario un burdel ficticio llamado “El Escondite”.

Me documenté sobre la prostitución en el Protectorado español en Marruecos, donde había casas de citas muy frecuentadas por militares. Estos lugares no solo eran espacios de ocio, sino también puntos clave donde circulaba mucha información.

Algunos personajes, especialmente jóvenes oficiales, se relajaban demasiado… y acababan hablando más de la cuenta.

Hay una cosa que me ha llamado muchísimo la atención, que es la descripción de la interpretación que hace el primo hermano de Franco, y su mano derecha, Francisco Franco Salgado-Araujo, de los gestos y las contestaciones del general Franco. Y lo mismo sucede con el resto de los subalternos. Es una cuasi metacomunicación.

A Salgado-Araujo lo llamaban Pacón”. Era primo de Franco y un personaje clave en la novela, porque a través de él muestro cómo era Franco en su vida personal: su relación con su esposa Carmen, con su hija Carmencita, sus miedos, su prudencia y su astucia.

Franco no era un hombre muy expresivo, así que me apoyo en los pequeños gestos, en su forma de moverse, de respirar, en sus silencios. “Pacón”, que lo conocía muy bien, sabía interpretar esos detalles y actuar según la situación.

En definitiva, uso el lenguaje corporal y las medias palabras como recurso narrativo para dar vida a un personaje que era reservado y callado, pero lleno de tensión contenida.

Francisco Franco, general en el momento del golpe, con su primo hermano, Francisco Franco Salgado-Araujo, su mano derecha y «su intérprete».
Así era el Protectorado español en Marruecos desde el que se articuló el golpe de Estado que después devino en guerra civil.

Pero esa descripción no solo se centra en Franco. Logra describir con mucha eficacia cómo opera esta tela de araña que denominamos relaciones personales y que ahora los más jóvenes denominan “networking”.

Por supuesto. Muchos acontecimientos históricos, incluso los decisivos, se desencadenan por contactos personales, charlas aparentemente intrascendentes o relaciones olvidadas. Esos detalles humanos son los que me interesa rescatar.

Otro aspecto muy interesante es cómo aborda el papel de los marroquíes en el conflicto. Franco estaba empeñado en reclutar al mayor número posible de soldados marroquíes para llevarlos a luchar a la península. Y menciona un detalle muy revelador: según el islam, los musulmanes no deberían luchar al lado de no creyentes en defensa de una fe distinta a la suya…

En Marruecos, Franco se entendía bien con el teniente coronel Beigbeder, quien conocía muy bien a Abdelkader Torres, el líder de los nacionalistas marroquíes, que procedía de una familia con raíces andalusíes. De ahí el apellido Torres, común entre descendientes de moriscos expulsados de España.

Gracias a su entendimiento personal, consiguió pactar su neutralidad, a cambio de concesiones políticas.  

La postura de los independentistas fue clara: “Este no es nuestro conflicto”. Eso sí, diferenciaban entre los musulmanes en general y aquellos que decidieran alistarse en el ejército de Franco. Los que lo hicieran quedaban sujetos a su disciplina. Gracias a este enfoque estratégico se logró reclutar a un número significativo de marroquíes.

La forma en que se describe esa captación de tropas regulares es uno de los aspectos que más me ha hecho reflexionar al leerla.

«Larache es mucho más que un escenario en la novela; es parte de mi historia personal. Nací allí, y mi familia tiene profundas raíces en la ciudad desde principios del siglo XX, cuando mi abuelo emigró a Marruecos. Mi padre también nació en Larache, así que hay una conexión emocional muy fuerte con el lugar».

Describe muy bien los lugares en lo que se desarrolla la narración.

Siempre que puedo. He recorrido Larache, Tetuán, Las Palmas y otros escenarios de mis novelas. Tomo fotos, observo los detalles, y me empapo del ambiente. Solo una de mis novelas, ambientada en Guinea, fue escrita sin haber estado allí.

¿Y por qué Larache?

Larache es mucho más que un escenario en la novela; es parte de mi historia personal. Nací allí, y mi familia tiene profundas raíces en la ciudad desde principios del siglo XX, cuando mi abuelo emigró a Marruecos. Mi padre también nació en Larache, así que hay una conexión emocional muy fuerte con el lugar.

Eso me ha permitido tener acceso a documentación familiar, cartas, recuerdos orales y detalles que van más allá de lo que uno puede encontrar en los libros. Muchas de las escenas que recreo tienen como base esos testimonios y vivencias, lo que aporta un nivel de autenticidad que es difícil de lograr solo con archivos históricos.

Larache, además, fue una ciudad clave en el contexto del Protectorado español. Fue uno de los pocos lugares donde hubo cierta resistencia al golpe de Estado de 1936. Allí murieron dos tenientes republicanos, Boza y Reinoso, durante los primeros días del levantamiento. Eso me permitió construir una trama donde convergen la historia general y la memoria particular.

Desde un punto de vista narrativo, Larache ofrece una atmósfera muy rica: mezcla de culturas, presencia militar, vida civil vibrante, y un trasfondo político muy denso. La he recorrido a fondo, he tomado fotografías, he hablado con gente mayor que la recuerda como era, y he caminado por las mismas calles que pisaron mis personajes. Esa inmersión personal y emocional es lo que he trasladado a las páginas de mi novela

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