Opinión | El fraude de las bajas: cuando vivir del sistema se convierte en epidemia

Columna de Lola Murias. Detective Privado, CEO Descubro B2B Inteligencia e Investigación Privada.

4 / 09 / 2025 05:40

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España vive una epidemia silenciosa: las bajas laborales fraudulentas. Lo que nació como un derecho legítimo y necesario de protección al trabajador enfermo se ha convertido, en demasiados casos, en un refugio para la picaresca.

El resultado es devastador: miles de millones de euros de sobrecoste para empresas y Seguridad Social, un mercado laboral más rígido y una sociedad que, poco a poco, empieza a ver el fraude como algo normal.

En 2024, la tasa de absentismo en España alcanzó aproximadamente el 7,4 % de las horas pactadas de trabajo. Esto representa más de 1,25 millones de trabajadores ausentes diariamente, con un coste elevado para empresas y Seguridad Social.

El problema no es solo económico, es también cultural. La política, centrada en prometer subsidios y ayudas como bandera electoral, ha terminado por consolidar una peligrosa cultura de dependencia.

En ese contexto, engañar al sistema ya no genera vergüenza, sino simpatía. Se percibe como revancha contra la empresa o el Estado, y se transmite como un saber popular en foros, tertulias y hasta en la mesa familiar.

Incluso proliferan espacios de asesoramiento informal donde se explica cómo alargar una baja, qué decir en la consulta médica o cómo simular dolencias difíciles de acreditar.

Estamos hablando de un auténtico mercado negro de información ilegal, que campa a sus anchas y debilita el principio de solidaridad que debería sostener al sistema de bienestar.

Jurisprudencia: el detective como garantía

Frente a esta realidad, los tribunales han reforzado un mensaje claro: la investigación privada es legítima y eficaz cuando se actúa con proporcionalidad y necesidad.

El Tribunal Supremo, en sentencia de 12 de septiembre de 2023, estableció que basta una mera sospecha razonable para que la empresa pueda recurrir a detectives privados, siempre que la actuación sea idónea y ajustada a derecho.

Más recientemente, la STS de 7 de mayo de 2025 (n.º 402/2025) avaló la prueba detectivesca en un caso de abuso de crédito horario, reconociendo que la contratación de un despacho de investigación no vulnera derechos fundamentales y aportó pruebas decisivas en juicio.

Estos fallos consolidan un criterio: el informe del detective privado no es un complemento, sino una prueba directa y decisiva en la lucha contra el fraude laboral.

La detective Lola Murias subraya el papel de la investigación privada en la lucha contra esta lacra.

La función social de la investigación privada

Aquí radica la verdadera aportación del detective privado. No se trata de perseguir al trabajador honesto que realmente necesita protección, sino de separar al enfermo real del defraudador, de evitar que los abusos contaminen al conjunto del sistema y de proteger a las empresas de un lastre que mina su competitividad.

Cada caso de fraude tolerado se traduce en mayor presión fiscal, mayores cotizaciones y un sistema cada vez más desconfiado con todos, incluidos los trabajadores de buena fe. Por eso, la labor de los detectives es también un servicio a la sociedad: garantizamos justicia y equilibrio en un terreno donde la trampa amenaza con convertirse en norma.

Una pregunta incómoda

La cuestión no es si necesitamos más ayudas o más controles administrativos. La verdadera pregunta es: ¿cuánto tiempo puede resistir una sociedad que aplaude al defraudador y sospecha del honesto?

La investigación privada tiene la respuesta en su propia razón de ser: aportar verdad, con pruebas, con rigor y con respaldo jurídico. Y aunque a veces sea incómoda, es precisamente esa incomodidad la que nos convierte en garantes de justicia en tiempos de fraude normalizado.

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