Jorge Corrales, director general de CEDRO, ha advertido de que muchas empresas que desarrollan sus modelos de inteligencia artificial generativa están entrenando sus servicios con obras protegidas sin contar con la autorización de sus autores y editores, y en muchos casos, además, utilizan copias piratas de esas publicaciones.
Y ha añadido: «La Inteligencia Artificial está vulnerando la propiedad intelectual, amplificando sesgos y guiándose por los intereses económicos de las tecnológicas que están desafiando los límites éticos y legales de nuestra sociedad, mediante la democratización de la piratería».
De acuerdo con Corrales, «el marco legal es insuficiente porque no concurren los requisitos básicos de desarrollo de cualquier mercado: información, transparencia y una definición clara del producto o servicio».
Y ha subrayado añadido que «se están tensionando de forma interesada las legislaciones nacionales de forma que se impide a autores y editores ejercer de forma libre sus derechos».
LA IA DEVALÚA LA CREATIVIDAD
A su juicio, «la inteligencia artificial está devaluando la creatividad, desvalorizando la creación editorial y distorsionando el mercado, al redefinir el valor económico de las obras como simples reclamos para la atención, utilizando su valor simbólico sin tener en cuenta su aportación social, cultural y educativa».
Corrales, máximo responsable del Centro Español de Derechos Reprográficos (CEDRO), asociación de autores y editores de libros, revistas, periódicos y partituras que gestiona de manera colectiva los derechos de propiedad intelectual derivados de la reproducción, distribución y comunicación pública de las obras escritas, hizo estas declaraciones en el marco de la mesa redonda que llevó por título «¿La creatividad está en peligro? Inteligencia artificial y el futuro de la cultura», que tuvo lugar ayer en el marco del Hay Festival Segovia.
En la misma tomaron parte también Carmen Páez, subsecretaria del Ministerio de Cultura; Miguel Ángel Serrano, escritor y autor del ensayo «Androiceno. Escribir en la era de la inteligencia artificial»; y la filósofa y escritora Nerea Blanco Marañón.
Corrales moderó el debate en el que todos los intervinientes coincidieron en que la IA está planteando un desafío sin precedentes para el sector cultural: desde la amenaza a los derechos de autor, hasta la precarización de escritores, traductores, periodistas y editores, pasando por la concentración del mercado en manos de grandes tecnológicas.
LA SOCIEDAD CARECE DE HERRAMIENTAS PARA DEFENDER SUS DERECHOS FRENTE A INTERESES ECONÓMICOS
Carmen Páez, subsecretaria del Ministerio de Cultura, ha señalado importancia de «trabajar para tener claro cómo debe integrarse esta tecnología como una herramienta que esté al servicio de nuestros creadores».
En este sentido, Páez ha destacado que «La cultura es lo que nos diferencia como especie, y consecuentemente, la creatividad es un rasgo definitorio del ser humano. A diferencia de lo que ocurre con las máquinas, cuyos procesos se basan en patrones, las personas se ven impulsadas por una compleja amalgama de la que forman parte la emoción, la subjetividad, el propósito o el contexto. No obstante, eso no significa que la inteligencia artificial no impacte de lleno en los mismos, más bien todo lo contrario».
Para Nerea Blanco, filósofa y escritora, la tecnología avanza tan rápido que la sociedad carece de herramientas suficientes para defender sus derechos frente a los intereses económicos.
«Lo humano se va perdiendo entre algoritmos, la privacidad se convierte en datos y la creatividad parece diluirse entre imágenes creadas por IA. El lobo ya no solo asoma las orejas: está aquí dispuesto a quedarse y devorarnos. Es el momento de pensar en las armas que necesitamos para luchar contra los progresos tecnológicos que nos acechan», ha opinado.
Por su parte, Miguel Ángel Serrano, escritor y presidente honorífico del Consejo Europeo de Escritores, ha defendido que lo que está en riesgo es la autoría humana: «La cultura solo se da por la conexión entre dos almas, y los subproductos pseudo-culturales de la IA no pueden hacer esa conexión. Los textos generados por máquinas deben ser rastreables y etiquetados por ley. No pueden beneficiarse de ventajas fiscales o de otro tipo, asociada a la cultura».
