Opinión | El derecho a la defensa y la eficiencia: la aportación insustituible de los gestores administrativos

Fernando Santiago
Fernando Jesús Santiago Ollero, presidente del Consejo General de los Gestores Administrativos, reivindica el papel de su colectivo como juristas de proximidad: «defendemos derechos con rigor, eficacia y plena seguridad jurídica».

29 / 09 / 2025 05:44

El derecho a la defensa, consagrado en el artículo 24 de la Constitución y desarrollado recientemente por la Ley Orgánica 1/2025, de 2 de enero, no puede entenderse únicamente desde la perspectiva procesal.

Defender los derechos de ciudadanos, autónomos y pymes significa también acompañarlos en el terreno extrajudicial, allí donde la complejidad normativa y la relación con la Administración condicionan su vida diaria.

Los gestores administrativos cumplimos esa misión. No llevamos papeles; llevamos Derecho. Cada autoliquidación, cada inscripción mercantil, cada expediente de extranjería o de nacionalidad que tramitamos es, en realidad, un ejercicio de defensa preventiva: la garantía de que los derechos se ejercen y las obligaciones se cumplen con plena seguridad jurídica.

La prueba está en los datos. En el caso de los expedientes de nacionalidad, los presentados por gestores administrativos apenas registran un 3 % de errores, frente al 16 % de errores en el resto de solicitudes.

La diferencia no es menor: significa menos retrasos, menos inadmisiones, menos litigios y, en última instancia, más eficiencia y más justicia para el ciudadano. La defensa empieza en la calidad del trámite.

Esta función no es una invención reciente, sino una realidad jurídica reconocida por la jurisprudencia. La Sentencia del Tribunal Supremo de 11 de mayo de 2001 (rec. 62/1999) lo afirmó con rotundidad: el asesoramiento en materia administrativa no es una actividad reservada en exclusiva a la abogacía.

El Alto Tribunal despejó así cualquier duda sobre la legitimidad de la labor de los gestores administrativos como profesionales del Derecho en el ámbito extrajudicial.

Quien haya seguido desde 2009 el desarrollo del mercado interior de servicios y, en particular, la evolución de los servicios profesionales en la Unión Europea, sabe que la orientación, tanto comunitaria como nacional, es clara: resulta contrario a esa visión reguladora incorporar nuevas reservas profesionales que restrinjan la competencia por ser dañinas para los ciudadanos.

Así lo subrayó el Informe de la Comisión Nacional de la Competencia de 2012 sobre colegios profesionales, en el que se establece expresamente que cualquier reserva de actividad debe superar un test de proporcionalidad (reafirmado en España por el Real Decreto 435/2024, de 30 de abril), demostrando que la limitación responde a un interés general inaplazable y no a una mera defensa corporativa.

Este criterio, alineado con la normativa europea sobre libertad de establecimiento y libre prestación de servicios, exige prudencia al pretender ampliar los espacios de monopolio profesional.

La conclusión es clara: el único espacio reservado a la abogacía es la defensa procesal ante los tribunales. Pero la vida jurídica no empieza en la sala de vistas, sino en el contacto cotidiano con la Administración.

Ahí, los gestores administrativos somos la primera línea de defensa, con formación universitaria sólida, colegiación obligatoria y responsabilidad deontológica.

Al mismo tiempo, nuestra labor materializa el principio de eficacia administrativa, recogido en el artículo 103 de la Constitución.

En un sistema con una normativa cambiante y una digitalización aún imperfecta, nuestra intervención descarga a la Administración de millones de trámites y asegura que cada acto se realice con calidad jurídica. La eficiencia, en este contexto, no es un lujo, sino un derecho ciudadano.

Por eso, cuando hablamos de defensa y eficiencia, hablamos también de legitimidad social. Sin gestores administrativos, los ciudadanos estarían más expuestos a errores, sanciones, incertidumbre y litigios innecesarios. Con nosotros, cuentan con profesionales que garantizan que el Derecho se aplique correctamente y que el Estado funcione mejor.

En definitiva, los gestores administrativos no somos meros tramitadores. Somos juristas de proximidad, agentes de confianza y garantes de un ordenamiento que solo tiene sentido si se hace realidad en la vida de las personas. Por eso conviene proclamarlo con claridad: los gestores administrativos no llevamos papeles; llevamos Derecho.

Y lo llevamos con rigor, con eficacia y con la legitimidad que nos reconoce la propia jurisprudencia del Tribunal Supremo.

Fernando Santiago Ollero, presidente de los Gestores Administrativos, nuevo vicepresidente de CONPYMES

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