El consumo de drogas y los trastornos mentales forman un binomio inseparable. Así lo expuso el doctor Carlos Roncero, psiquiatra y presidente de la Sociedad Española de Patología Dual, el pasado fin de semana en Sevilla, en las XIX Jornadas de Documentos Jurídicos y Psiquiátricos, en una ponencia en la que desmenuzó la relación entre el cerebro, las sustancias y la mente titulada «Repercusiones clínicas del consumo mantenido de sustancias en adultos».
Su mensaje, en ese marco en el que se debatía sobre «Las drogas y su legalización: Aspectos jurídicos y psiquiátricos», .fue claro: no se puede hablar de adicciones sin hablar de salud mental, ni de salud mental sin tener en cuenta el consumo de drogas.
Una relación de ida y vuelta
Roncero recordó que la conexión entre ambos fenómenos es bidireccional. “Quien consume drogas tiene más riesgo de desarrollar un trastorno mental, y quien padece un trastorno mental tiene más posibilidades de consumir”, explicó.
Esta interacción, conocida como patología dual, afecta a más de la mitad de las personas con adicciones y representa uno de los mayores desafíos para la psiquiatría moderna.
Las sustancias alteran los circuitos cerebrales del placer y la motivación, modificando el equilibrio emocional. A su vez, la ansiedad, la depresión o el trastorno por déficit de atención pueden empujar a muchas personas hacia el consumo, en busca de un alivio rápido. “El problema —advirtió Roncero— es que ese alivio suele ser el primer paso hacia la dependencia”.
El espejismo de la automedicación
El especialista puso como ejemplo la cocaína, usada con frecuencia por personas con depresión o TDAH como una forma de automedicación. “La cocaína mejora momentáneamente la concentración o el ánimo, pero su efecto es corto y devastador. Lo que empieza como una ayuda termina siendo una trampa”, señaló.
Los datos son contundentes: hasta un 80% de los consumidores presentan síntomas psicóticos transitorios, y un pequeño grupo llega a desarrollar psicosis mantenidas, similares a la esquizofrenia.
Además, Roncero alertó de que quienes tienen síntomas psicóticos leves por consumo son más propensos a tener problemas legales que los casos graves, porque estos últimos suelen acabar hospitalizados. “Los que están un poco enfermos acaban en comisaría; los que están muy enfermos, en el hospital”, resumió con ironía.
De los jóvenes a los mayores: una epidemia silenciosa
Lejos de la imagen clásica del joven consumidor, Roncero recordó que también las personas mayores consumen drogas, tanto legales como ilegales. El Plan Nacional sobre Drogas ya estudia el uso de sustancias en mayores de 65 años, un grupo en el que reaparecen los supervivientes de la llamada “generación de la heroína”.
“Han pasado 40 años desde los 80, y esa generación sigue viva, con secuelas físicas y mentales”, explicó. Esto obliga a repensar los programas de prevención y tratamiento desde una perspectiva más amplia y realista.
El psiquiatra insistió en que detrás de cada adicción hay una combinación de factores genéticos, epigenéticos, familiares y sociales. No existe una causa única ni un perfil definido. “Las drogas actúan sobre cerebros y vidas concretas, con sus historias, vulnerabilidades y contextos”, dijo.
Por eso, las estrategias terapéuticas deben contemplar no solo el consumo, sino también la enfermedad mental que puede estar detrás o desarrollarse a partir de él.
Un reto de salud pública que exige ciencia y empatía
Más allá del ámbito clínico, Roncero defendió que el consumo de drogas y los trastornos mentales deben abordarse como un problema de salud pública. “No se trata de demonizar ni de trivializar —advirtió—. Las drogas pueden ser medicamentos o venenos. Lo que marca la diferencia es el contexto, la dosis y la persona”.
El especialista también pidió que los debates sobre legalización y uso terapéutico de sustancias se basen en la evidencia científica y en una sólida regulación jurídica. “No se puede improvisar con algo que afecta a la mente y a la sociedad al mismo tiempo”.
Más preguntas que respuestas
Con humildad, Roncero cerró su intervención recordando que la ciencia aún tiene más dudas que certezas. “Lo importante —dijo— es reflexionar sin prejuicios. Entender que detrás del consumo hay sufrimiento, enfermedad y también búsqueda de alivio”.
Su mensaje final fue tan simple como potente: para comprender las drogas hay que comprender la mente, y viceversa. Solo así será posible afrontar un fenómeno que, lejos de desaparecer, evoluciona con nosotros.