El debate sobre la entrada de fondos de inversión en los despachos de abogados ha pasado de la teoría a la práctica. Lo que hasta hace poco era un tabú en el sector jurídico español comienza a consolidarse como una tendencia incipiente, aunque aún selectiva.
Así se puso de manifiesto ayer en el marco del Legal Management Forum, que tuvo lugar en el Auditorio de la Mutua Madrileña, durante la mesa redonda “La entrada de fondos en despachos de abogados: objetivos y retos”, que moderó Carlos García-León, socio director de Legal Reputation, y en la que participaron Hugo Écija, fundador y presidente ejecutivo de de la firma ECIJA, y Miguel Riaño, presidente de Carbonia Investments, empresa privada de asesoramiento e inversión en activos especiales.
El encuentro, ante un auditorio lleno hasta la bandera, sirvió para desmitificar el papel de los fondos de inversión en el sector legal y para analizar, sin prejuicios, el modo en que el capital externo puede contribuir a la modernización de las firmas. La conversación con ambos fue transparente, técnica y con un mensaje compartido: la abogacía ha madurado lo suficiente para abrirse al mercado financiero sin perder su esencia.

El capital acelera el cambio
“Parece que hablamos de dinero, pero en realidad hablamos de un proyecto vital y apasionante”, comenzó diciendo Hugo Écija, «alma mater» de ECIJA, la primera firma española que ha incorporado un fondo de «private equity» a su estructura, con una participación minoritaria.
“Para nosotros, la entrada del fondo ha sido un paso natural dentro de una historia de crecimiento sostenido. No todos los despachos están preparados: hace falta un modelo empresarial sólido, una estrategia clara y una cultura fuerte”, explicó el abogado.
ECIJA, nacida en 1997, ha pasado en menos de tres décadas de ser un pequeño despacho madrileño a convertirse en una firma con presencia en 18 países y más de 1.500 profesionales, líder en derecho digital, tecnología y propiedad intelectual. Sin duda, una gran conquista para un abogado que estudió en la universidad pública y cuyo padre era taxista, quiso subrayar el socio director de la firma.
En 2024, la compañía protagonizó un hito histórico al convertirse en el primer despacho español en abrir su capital a un fondo de inversión, Alia Capital Partners. Según explicó Hugo Écija, la decisión permitió dar un salto cualitativo en estructura, gobierno y expansión internacional.
“Los fondos no se meten en los clientes ni en la práctica jurídica”, puntualizó Écija. “Aportan visión de negocio, estructura y profesionalización. Te enseñan a pensar en grande, a consolidar equipos y a escalar una organización con mentalidad de empresa”.

Cómo ganan dinero los fondos
El interés de los fondos por el sector legal no es casual. Según Miguel Riaño, de Carbonia Investments y uno de los principales expertos en financiación alternativa, la abogacía representa un nuevo espacio de valor: un sector de servicios altamente cualificado, con márgenes estables, recurrentes y una gran capacidad de generación de caja. Pero, ¿cómo se traduce eso en rentabilidad?
Riaño explicó que no existe un modelo único, sino distintos mecanismos financieros adaptados a la madurez y al tamaño de cada firma. En algunos casos, el fondo entra en el capital (equity) del despacho con un plan de expansión y una salida pactada a medio o largo plazo; en otros, financia mediante deuda o fórmulas híbridas que combinan ambas opciones.
“El horizonte razonable no es corto”, subrayó. “No tiene sentido salir antes de seis u ocho años. En ese periodo, el objetivo habitual es duplicar la inversión inicial. Cuando se trata de financiación mediante deuda, la rentabilidad pactada suele ser de doble dígito, en torno al 14 % o 16 % anual”.
El inversor, explicó Riaño, no solo busca resultados financieros, sino proyectos de largo recorrido, con equipos estables, liderazgo claro y un plan de crecimiento verificable. En muchos casos, los fondos también participan en procesos de consolidación entre firmas o en planes de internacionalización, donde el retorno depende del éxito conjunto del proyecto.
“En nuestro caso”, dijo Riaño, “invertimos en personas. Buscamos equipos competentes, proyectos sostenibles y despachos que sepan adónde van. Si esas condiciones se dan, la rentabilidad llega de forma natural”.
Riaño también apuntó que una vez dentro, el fondo no siempre sale. En algunos casos cambia su posición en el capital por una participación financiera más estable. “Puede pasar del equity a la deuda y convertirse en socio financiero permanente”, añadió. E
sta flexibilidad es, precisamente, la que permite que el modelo sea viable para firmas de distintos tamaños y estructuras.

De la resistencia al convencimiento
El diálogo también abordó los temores habituales que suscita la entrada de capital externo: la pérdida de independencia, el control del fondo sobre la toma de decisiones o el posible rechazo de los clientes. En el caso de ECIJA, nada de eso ocurrió.
“Lo vivimos con orgullo”, aseguró Écija. “No hubo resistencia interna ni entre los clientes. Al contrario: la reacción fue de felicitación y respaldo. Muchos lo vieron como un signo de madurez. La clave está en tener una estructura empresarial bien definida y una estrategia clara. En nuestro caso, los socios no se reparten la caja; reinvertimos los beneficios en la propia firma. Eso nos hace más fuertes y más atractivos para un inversor”.
Écija recordó que los fondos profesionales no intervienen en la gestión diaria ni en las decisiones sobre clientes. Su aportación se centra en procesos, tecnología y estrategia de crecimiento. “A mí me han ayudado a profesionalizar la compañía. Hemos incorporado un director general, un director corporativo y una estructura financiera más sofisticada. Son los mejores profesionales en lo suyo y te aportan conocimiento, visión y disciplina empresarial”.
La abogacía, ante su gran transformación
Ambos ponentes coincidieron en que la entrada de fondos no será masiva, pero sí transformadora. Se producirá de manera selectiva, en firmas con una cultura empresarial sólida, visión internacional y estructuras de gobierno maduras.
Écija señaló que la llegada del capital privado podría acelerar un proceso de modernización similar al que vivieron otros sectores: “Cuando los fondos entraron en la educación o en la sanidad, los transformaron. En la abogacía veremos algo parecido: una profesionalización de la gestión, mayor transparencia y modelos más sostenibles”.
Riaño, por su parte, advirtió que esta tendencia traerá también un proceso de concentración en el mercado jurídico: “Veremos uniones de despachos medianos y proyectos de consolidación con mayor capacidad de inversión. Y, antes de lo que parece, veremos algún despacho cotizando en bolsa. El sector legal, que siempre ha sido muy profesional pero poco sofisticado en gestión financiera, entra en una nueva etapa”.
La mesa concluyó con un mensaje de optimismo: la inversión externa no es una amenaza, sino una oportunidad para las firmas que sepan gestionar su crecimiento.
“Esto es una carrera de fondo”, resumió Écija. “Hay que tener una estructura sólida, clara, con visión a largo plazo. Los fondos invierten en empresas que creen en su proyecto, que demuestran que saben crecer y que están dispuestas a seguir aprendiendo. La abogacía, por fin, está preparada para ese salto”.