«La independencia judicial no es un privilegio de los jueces, sino una garantía para los ciudadanos». Con esta afirmación rotunda del vicepresidente del Tribunal Supremo, Dimitry Berberoff, comenzó su intervención, el pasado 10 de diciembre, en el marco de la sesión especial del Foro Justicia organizada por el Colegio de la Abogacía de Madrid (ICAM) en homenaje a Ruth Bader Ginsburg, la desaparecida juez de la Corte Suprema de los Estados Unidos. Una figura clave en la defensa contemporánea del Estado de Derecho.
Cinco años después de su fallecimiento, el ICAM quiso reivindicar no solo la dimensión histórica de Ginsburg, sino la plena vigencia de un legado jurídico construido sobre la igualdad, la independencia judicial y el respeto a las garantías constitucionales, valores hoy sometidos a una creciente tensión en las democracias occidentales.
La intervención institucional de Berberoff situó el homenaje en una clave claramente constitucional. Además de subrayar que la independencia judicial es una garantía para la ciudadanía, advirtió de que «la democracia no es una conquista irreversible» y que exige una defensa activa frente a cualquier intento de debilitamiento de la separación de poderes.
El vicepresidente del Tribunal Supremo recordó que Ruth Bader Ginsburg defendió siempre una interpretación evolutiva de la Constitución estadounidense, entendiendo que el texto constitucional debía adaptarse a la realidad social de cada momento histórico sin renunciar a sus principios fundacionales. «Alentó una lectura de la Constitución que hiciera efectivos los derechos, no solo formales», señaló.
VINCULACIÓN DE RUTH BADER GINSBURG CON LA ABOGACÍA
El acto fue inaugurado por el decano del ICAM, Eugenio Ribón, quien recordó la vinculación personal e institucional de Ruth Bader Ginsburg con la Abogacía madrileña y subrayó la coherencia entre su trayectoria y los valores de la profesión.
«El derecho puede y debe ser un motor de igualdad», afirmó, destacando que la abogacía no se limita a la defensa de intereses particulares, sino que constituye «un servicio público esencial al servicio de la democracia».
Ribón insistió en que Ginsburg representa una forma de entender el derecho basada en el rigor, la serenidad y la perseverancia, y recordó que su ejemplo interpela directamente a quienes ejercen hoy la abogacía y la judicatura.

La abogada que transformó la ley
Uno de los ejes del homenaje fue la reivindicación de la etapa de Ruth Bader Ginsburg como abogada litigante, previa a su llegada a la Corte Suprema. La vicedecana del ICAM, Isabel Winkels, puso en valor esta faceta decisiva de su trayectoria. «Los jueces solo pueden cambiar la ley si antes hay abogados dispuestos a pedirlo», afirmó.
Entre los años setenta, Ginsburg llevó ante la Corte Suprema seis casos de discriminación por razón de sexo, logrando cinco sentencias favorables que modificaron de forma estructural el derecho antidiscriminatorio estadounidense.
Aquella estrategia jurídica, basada en el análisis minucioso y en la demostración de cómo determinadas normas perjudicaban tanto a mujeres como a hombres, sentó las bases de un escrutinio constitucional más exigente. «El sexo no puede ser una categoría sobre la que el legislador juzgue a placer», recordó Winkels.

Un coloquio sobre el Estado de Derecho en tiempos de polarización
El homenaje se completó con un coloquio en el que participaron Gema Espinosa, vocal del Consejo General del Poder Judicial y presidenta de la Comisión de Igualdad; Esther Rojo, vocal del CGPJ y presidenta del Observatorio contra la Violencia de Género; y Cristina Díaz Malnero, diputada del Ilustre Colegio de la Abogacía de Barcelona, quien sustituyó a Cristina Vallejo, decana, que no pudo asistir.
Gema Espinosa definió a Ruth Bader Ginsburg como «una jueza paciente, rigurosa y profundamente trabajadora, que defendió la igualdad sin recurrir a la confrontación».
Cristina Díaz Malnero subrayó que «su mayor herramienta fue siempre la Constitución» y que su trayectoria demuestra que «la excelencia jurídica no tiene género».
Por su parte, Esther Rojo incidió en la actualidad del legado de Ginsburg: «Cualquier país que se precie de tener un Estado de Derecho necesita jueces que no estén sometidos al control del político y puedan hacer cumplir la ley con imparcialidad».
Las intervinientes coincidieron en destacar su capacidad para el diálogo, el respeto al disenso y la construcción de consensos como rasgos esenciales de su manera de entender la justicia.
Durante el debate se reivindicó también el papel de la abogacía como pilar esencial del Estado de Derecho. «La abogacía es el último bastión de la democracia», se señaló, recordando la responsabilidad ética y social de abogados y abogadas en la defensa de los derechos fundamentales, el secreto profesional y el acceso efectivo a la justicia.

Un legado plenamente vigente
El Foro Justicia ICAM concluyó evocando una de las frases más conocidas de Ruth Bader Ginsburg: «Luchen por las cosas que les importan, pero háganlo de manera que otros quieran unirse». Una exhortación que resume una vida dedicada a fortalecer el Estado de Derecho desde el derecho y que sigue interpelando hoy a las nuevas generaciones de juristas.
Con este homenaje, el Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid reafirmó su compromiso con la igualdad, la independencia judicial y la defensa de las garantías constitucionales que Ruth Bader Ginsburg encarnó a lo largo de toda su trayectoria.